Datos que cuidan: porque las políticas públicas necesitan algo más que buenas intenciones
2026-02-02 - 06:15
En España hablamos mucho de pobreza, empleo o desigualdad. Sin embargo, con demasiada frecuencia decidimos cómo afrontarlos sin probar si las soluciones funcionan realmente. Las buenas intenciones no siempre bastan, y cuando los recursos son limitados, equivocarse sale caro. Desde esa convicción nos estrenamos en este medio como directora y director de investigación de ISEAK, un centro dedicado a la investigación aplicada para la reducción de las desigualdades. Nuestro trabajo parte de una idea sencilla: la evidencia rigurosa debe ocupar un lugar central en el debate económico y en el diseño de las políticas públicas. No se trata solo de producir conocimiento, sino de ponerlo al servicio de quienes toman decisiones y de una ciudadanía que merece entender mejor por qué algunos problemas persisten y qué herramientas tenemos para resolverlos. Esta columna nace con ese objetivo: acercar datos, análisis y reflexiones que contribuyan a una conversación pública más informada. Esta tarea es especialmente relevante en el contexto actual. La reasignación de parte de los fondos europeos hacia fines militares anticipa presiones para reducir el gasto social. Y eso plantea un problema particularmente serio para España, un país que sigue mostrando una persistencia preocupante de la pobreza incluso en periodos de expansión económica. Hoy, uno de cada tres menores crece en riesgo de pobreza o exclusión, y aunque la economía y el empleo avanzan, las condiciones de vida de muchos hogares no mejoran al mismo ritmo. Si no somos capaces de apoyar ahora a quienes se encuentran en situaciones más vulnerabilizadas, será aún más difícil hacerlo cuando lleguen las próximas recesiones, que inevitablemente llegarán. En este contexto, si hay que ajustar el gasto público, resulta imprescindible saber dónde y cómo hacerlo: usar mejor el dinero de la ciudadanía para cuidar a quienes más lo necesitan. Aquí aparece una paradoja difícil de ignorar. Vivimos en un mundo cada vez más complejo y saturado de datos, pero seguimos tomando muchas decisiones públicas apoyándonos en intuiciones, casos aislados o titulares llamativos. ¿Cómo convertir toda esa información disponible en inteligencia útil al servicio de la sociedad? Desde Iseak creemos que hay tres pasos clave para lograrlo. El primero es revelar lo que los datos esconden a través de buenos diagnósticos. Identificar correctamente a las personas con mayores dificultades y comprender los mecanismos que hacen que esas situaciones se perpetúen es fundamental. Además, los grandes retos que tenemos por delante —el tecnológico, el climático o el demográfico— pueden agravar aún más estas desigualdades si no se anticipan adecuadamente. El segundo paso es saber qué funciona de verdad. No podemos permitirnos invertir en políticas que no generan impacto o que incluso producen efectos indirectos contrarios a su objetivo inicial. Para ello son necesarias evaluaciones rigurosas, las llamadas evaluaciones contrafactuales, que permitan responder a una pregunta clave: ¿qué habría pasado sin la intervención? ¿Ha funcionado un curso de formación para personas en paro o es que, simplemente, ha abierto un supermercado en el barrio que ha creado empleo? Sin este tipo de análisis, corremos el riesgo de atribuir éxitos a políticas que no los han generado. El tercer elemento es la experimentación. Antes de implantar medidas a gran escala, conviene probar. Los proyectos piloto permiten testar distintas intervenciones en pequeño, aprender qué funciona mejor para qué colectivos y corregir errores a bajo coste antes de extender las políticas al conjunto de la población. Es una forma prudente y eficaz de innovar en lo público. En definitiva, en un contexto de cambios acelerados y desigualdades persistentes, el uso riguroso de los datos no es un lujo técnico, sino una condición necesaria para construir una sociedad más cohesionada y justa. Detrás de cada número hay personas, pero sin los números es mucho más difícil saber qué políticas las ayudan de verdad. Cuando se trata de cuidar a quienes más lo necesitan, acertar importa.