David Carrillo desvela que se enamoró de Jordi Cruz cuando presentaban 'Club Disney'
2026-02-20 - 07:53
David Carrillo y Jordi Cruz fueron chicos Disney. De hecho, coincidieron juntos como presentadores de Club Disney, el inolvidable espacio infantil de dibujos, travesuras y aprendizajes, que primero emitió TVE, después Telecinco y luego volvió a TVE. David y Jordi se llevan unos años de edad. Ahora, y entonces. Pero compartieron plató cuando el salto generacional se hace más grande, en las piruetas de la niñez a la adolescencia y de la adolescencia a la juventud. En aquellos despertares de la vida, tenían en común un especial desparpajo ante la cámara. Los dos representaban a los chavales que crecieron con una cultura audiovisual democrática que, encima, tenía tiempo a quedarse en nuestra memoria. Una España que empezaba a dejar atrás los eufemismos que escondían la diversidad debajo de las alfombras. Pero costó un tiempo. A veces, sigue costando. En los años en los que compartieron Club (Disney), era fácil incluso intuir la admiración de Carrillo y Cruz. Hasta cuando se picaban por gajes del guion. Sus miradas trasmitían pandilla por encima de la competitividad del trabajo de presentadores. Esta semana, en el canal de streaming Livo, que emite a diario a través de Youtube, hemos entendido un poco más esos ojos chispeantes cuando David Carrillo ha reconocido públicamente los sentimientos que vivió con Jordi Cruz: “¿Puedo soltar mi primer amor platónico, Jordi?. Mi primer amor platónico fuiste tú. Yo me sentía mariquitusi, no lo podía contar, porque ya le conocía y la convivencia con él hizo quererle más. Era imposible, yo era un niño total, pero me enamoré y le escribía hasta cartas de amor. Eso es una realidad”, explicó David al propio Jordi, en pleno directo. Los canales online atesoran ese compás de reunión de amigos que es ideal para sembrar una complicidad que permite todo. Incluso contar emociones que no compartirías en la velocidad de un programa de tele tradicional. En el morning show “Un día más en el mundo” estaban charlando sobre amores imposibles y, de repente, apareció una historia entre dos de los protagonistas habituales de Livo. El rostro de Jordi evidenció la expresividad de la vergüenza ante tal situación, pero David prosiguió: “Era un referente, alguien que idealicé, vi que era muy buena persona, buen compañero y eso fue in crescendo”. “Yo creo que de lo que tú, entre comillas, "te enamoraste" es porque veías a un chaval que estaba viviendo la vida con total libertad. Con todo tu interior, con todas tus ganas de crecer... de eso te enamoras”, razona Jordi Cruz. En principio, parece que se quita hierro. Pero está dando en la diana de la importancia de los referentes. Más aún cuando el mundo está hecho para insistirte que eres “raro”. El primer contacto de las personas LGTBIQ+ con su identidad sexual en aquellos años iba unido al rechazo. Todavía persiste en tantos ámbitos. Porque te percatas de que no eres como la mayoría, de que recibes insultos por ser "diferente" -hasta antes de conocer tu sexualidad-. Estás rodeado de mensajes que te invitan a pensar que eres sórdido y de chistes que, en realidad, son mofas que te señalan. Prejuicios que se desactivan conociéndonos y percatándonos de que solo somos personas. Personas todas: iguales y, a la vez, diferentes. Y David conoció a Jordi. Compartían trabajo, compartían naturalidad y David se fue percatando gracias a Jordi que también compartía la capacidad de ser como era y no como le decían que debía ser para no decepcionar expectativas ajenas. De la admiración nacen los afectos y de la visibilidad echa raíces la verdadera igualdad. De ahí que los que marginan quieren la diversidad escondida y defienden que “es parte de la intimidad”. Porque cuando nos vemos, nos sentimos reconocidos y sabemos que no estamos solos en el mundo. La heterosexualidad nunca es parte de la intimidad de las personas. Una pareja hetero jamás oculta con quién se va de vacaciones, por ejemplo. Farda de los planes con su pareja todo el rato. En cambio, la homosexualidad se tuvo que agazapar en ambigüedades o, directamente, desaparecer por la opresión. En cambio, David vio a Jordi, y todos vimos a Jordi y David. Con ellos y con tantos, constatamos de que no éramos una extrañeza: simplemente éramos. Y empezamos a aprender que no podíamos permitir que nadie nos acomplejara por el mero hecho de existir.