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De 30 habitaciones a una casa móvil: el último movimiento del expríncipe Andrés en Sandringham

2026-03-24 - 12:40

La imagen es casi simbólica. Una gran casa móvil blanca instalada en un rincón discreto de su nueva propiedad en Norfolk. El protagonista: el expríncipe Andrés . El contexto: una vida que ya no es la misma. Tras abandonar el Royal Lodge —una residencia de más de 30 habitaciones en los alrededores de Windsor—, el hijo de Isabel II ha tenido que reconfigurar su día a día en Marsh Farm, una vivienda mucho más contenida dentro de la finca de Sandringham. Un cambio que no solo se mide en metros cuadrados. También en lo que implica sostener —o no— un estilo de vida. Marsh Farm cuenta con cinco dormitorios. Suficientes para una vida convencional. Justos para alguien que, durante décadas, ha funcionado con una estructura mucho más amplia. Porque aunque el hermano del Rey Carlos III ya no forma parte activa de la vida institucional, su logística doméstica no ha desaparecido del todo. Sigue contando con apoyo —limpieza, cocina, mantenimiento— vinculado al entorno de Sandringham. Una especie de punto intermedio entre el antes y el ahora. El problema es evidente: la casa no absorbe todo. Ante esta limitación, Andrés ha optado por una medida tan práctica como simbólica: instalar una gran casa móvil en los terrenos de la propiedad. La estructura, de color blanco, fue trasladada en camión grúa y colocada en una zona apartada —antiguos establos— para evitar su exposición directa. Según medios británicos, su función es clara: alojar a parte del personal. Una solución que revela la contradicción que define su nueva etapa. Ha reducido su espacio, pero no del todo su estilo de vida. El traslado no ha sido voluntario en esencia. Forma parte de una reordenación más amplia del patrimonio inmobiliario de la Corona, impulsada por Carlos III y marcada por criterios económicos. Medios como 'The Telegraph' y 'BBC News' han apuntado a la necesidad de optimizar recursos como uno de los factores clave detrás de la salida del Royal Lodge. Un movimiento que, en la práctica, ha supuesto un descenso evidente en el estatus residencial del hijo de Isabel II. Aun así, su vida no ha cambiado tanto en lo esencial. Tal y como recoge Daily Mail, el expríncipe aceptó el traslado con ciertas condiciones: buena conexión a internet, televisión, acceso a caballos y cercanía a un club de golf. Hoy, su rutina es mucho más contenida. Menos vida social, más tiempo en casa. Televisión, comidas en solitario y una presencia cada vez más difusa. Incluso en lo material ha tenido que ajustarse. Parte de sus pertenencias —incluida su conocida colección de ositos de peluche— se han quedado fuera o han sido reducidas.

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