De fugas y expulsiones a una recogida de firmas: Abascal afronta la 'tormenta' política sobre Vox
2026-03-19 - 05:10
Los cruces de declaraciones entre exdirigentes y cargos actuales de Vox llevan semanas siendo una constante. El ruido en torno al partido de Santiago Abascal se ha intensificado desde que hace un mes la formación propusiera la expulsión de militancia de su ya exportavoz en el Ayuntamiento de Madrid, Javier Ortega Smith, por desobedecer las órdenes de la dirección nacional. A ese expediente disciplinario se sumaron los abiertos contra otros dos concejales madrileños y contra el expresidente del partido en Murcia, José Ángel Antelo, también apartado del cargo. Esta concatenación de movimientos ha animado a los exdirigentes fugados del partido a lo largo de los últimos años a agitar una 'tormenta' política contra los de Abascal, acusando a la actual dirección de opacidad y de una "concentración extrema" de poder que, a su juicio, está llevando a Vox a la deriva, algo que desde Bambú refutan señalando a los resultados cosechados en las tres últimas elecciones. Quince exdirigentes de Vox, capitaneados por Iván Espinosa de los Monteros, lanzaron en la medianoche del martes un manifiesto acompañado de una recogida de firmas para reclamar la celebración de un congreso extraordinario "abierto" a todos los afiliados con el objetivo de debatir el "liderazgo", la "organización" y la "orientación política" del partido. "Claro que sí. Yo quiero tener un millón de amigos", respondió en una entrevista en RNE el portavoz nacional de Vox, José Antonio Fúster, unas declaraciones a las que se sumaron las del secretario general del partido en el Congreso, José María Figaredo, que calificó la idea de "delirio" y recordó que "en Vox se vota cada cuatro años". El último cónclave, en el que Abascal fue reelegido como presidente por cuarta vez, fue en enero de 2024. El texto de los críticos, entre cuyos promotores figuran también excargos históricos como Ortega Smith, Víctor Sánchez del Real, Víctor González Coello de Portugal, Ignacio Ansaldo o Juan Luis Steegmann, sostiene que se han eliminado los controles internos para concentrar el poder y carga contra el "apartamiento" de dirigentes "sin explicaciones suficientes", al mismo tiempo que exige una "revisión completa" de la "arquitectura interna" del partido. El documento, que también reprocha un alejamiento de las "ideas fundamentales" del proyecto, denuncia incluso la existencia de un supuesto "entramado paralelo de entidades opacas" vinculadas a "intereses e intercambios económicos". El exvicepresidente de Castilla y León Juan García-Gallardo, que no ha firmado el manifiesto pero ha mostrado su "respeto", fue un paso más allá en estas acusaciones, sembrando dudas sobre las finanzas particulares de Abascal y vinculándolo al funcionamiento interno de Vox. Este miércoles aseguró que quienes "deciden el destino" del partido "no son los dirigentes oficiales que aparecen en el organigrama público" sino "señores que en teoría, sobre el papel, son meros proveedores" de consultoría. "Fuera de Vox los desagradecidos, los desgraciados, los traidores que se dejan utilizar por el PP y los niñatos consentidos que solo aspiran a heredar el negocio de su padre", le respondió vía redes sociales el vicesecretario nacional de comunicación del partido, Manuel Mariscal. Frente a la ristra de acusaciones, los de Abascal cierran filas. Ven la polémica alimentada por los exdirigentes como una muestra de "egos" y les recuerdan que las normas bajo las que funciona el partido son las mismas con las que estaban "encantados de la vida" cuando ellos estaban al frente. Insinúan también una estrategia encubierta del PP para "socavar la moral de los simpatizantes de Vox" y niegan que exista ninguna crisis interna, remarcando que los reproches vienen de personas que ya no forman parte de los órganos de dirección, aunque algunos sigan manteniendo el carné de afiliado. El ruido en torno a Vox ha ido in crescendo desde hace semanas, con la expulsión de Ortega Smith como punto de inflexión. Hace un mes trascendió que Bambú le había pedido que se apartara de la portavocía del grupo municipal en el Ayuntamiento de Madrid, algo a lo que se opuso y por lo que se le abrió un expediente disciplinario que acabó forzando su expulsión como afiliado, después de haberlo despojado ya a finales del año pasado de todos sus cargos orgánicos. El que llegó a ser vicepresidente de la tercera fuerza política entre 2022 y 2024, que llevaba tiempo siendo una figura incómoda para los de Abascal, tiene recurrida esta decisión y ha denunciado también al partido por haber "filtrado" presuntamente datos de carácter personal al informar de su expulsión, algo que Bambú niega. Vox también ha suspendido de militancia por su apoyo a Ortega Smith a los concejales Carla Toscano e Ignacio Ansaldo, primer presidente del partido y afiliado con el carné número 1. El otro nombre propio que ha acaparado los focos en las últimas semanas ha sido el del expresidente de Vox en Murcia, José Ángel Antelo. La dirección nacional le pidió que se apartara del cargo argumentando que necesitaban otro "perfil", algo a lo que se opuso y que se acabó subsanando con su destitución, después de que la dirección regional del partido dimitiera en bloque para forzar su salida. Antelo, que tiene abierto un expediente disciplinario para ser expulsado de militancia igual que Ortega Smith, fue apartado también de la portavocía y del grupo parlamentario en la Asamblea de Murcia, algo para lo que denunció que Vox usó sin permiso su firma digital. Estos últimos acontecimientos coincidieron con la campaña electoral de Castilla y León, que pasó por las urnas el pasado domingo. Los de Abascal consiguieron un escaño más en las Cortes autonómicas, pasando de concentrar el 17,6% de los votos al 18,9%. Es el mayor porcentaje de voto alcanzado por la tercera fuerza en unos comicios, aunque el ascenso estuvo lejos de las subidas registradas en diciembre en Extremadura y en febrero en Aragón, donde Vox duplicó su presencia, partiendo también de niveles muchos más bajos. Los exdirigentes críticos creen que los de Abascal no cumplieron con las expectativas en Castilla y León y piden una "reflexión", mientras que Bambú saca pecho de los resultados. Preguntado sobre si las sucesivas polémicas pudieron pasarles factura en las urnas, Abascal fue rotundo el lunes. "No hablo de telenovelas. Lo único que digo es que Vox es un partido que está creciendo permanentemente, elección tras elección", defendió, asegurando que no tienen "ataques internos" ni "crisis internas" sino "ataques externos" impulsados por sus "adversarios políticos y fundamentalmente por el PP y por todos sus medios".