TheSpaineTime

De la gala de los Goya a un contenedor de basura: el surrealista destino del premio de Amenábar

2026-02-28 - 09:33

A principios de 2025, había pocas certezas en el cine de España y una de ellas se ha desmoronado: que Alejandro Amenábar barrería, o intentaría barrer, en los Goya de 2026. Y quién sabe si hasta en los Oscar. Nada de esto va a ocurrir puesto que El cautivo ni siquiera logró colarse entre las películas nominadas al Goya principal. Tampoco Amenábar, con su recreación del cautiverio de Cervantes, competía por el cabezón a mejor director. No es que le haga falta. Amenábar nació en 1972, rodó su primer cortometraje a principios de los 90 y, apenas 10 años después, la academia nacional e internacional ya no tenía más que ofrecerle: había ganado tres veces el Goya a mejor director y, debido a que escribe los guiones y compone la música de sus películas, los galardones equivalentes. Y, con Mar adentro, terminó de coronarse con un Globo de Oro y un Oscar. Desde entonces han pasado 20 años y ese primer Goya de Amenábar, con una historia tan propia de su protector, José Luis Cuerda, casi parece, como Ágora, historia antigua. Una Tesis summa cum laude que acaba en la basura Su primer largometraje tenía algo de metacinematográfico porque, desde el título, anunciaba a un director doctorando a contarse entre los grandes. Pero ni en el mejor de sus sueños pudo Amenábar anticipar el porvenir de Tesis, que, años después, muchos siguen considerando su mejor película: salvo el Goya a Ana Torrent (que inexplicablemente sigue sin premio), Tesis arrambló con todos los que disputaba, incluyendo dos que apuntaban directamente a Amenábar: dirección novel y guion original. En total, la que fuera elegida mejor película en los Goya de 1997 ganó siete premios. Amenábar, borracho de euforia (y borracho a secas), como contó en el podcast A solas con, se fue a celebrarlo con el equipo a un bar de Malasaña. Como coronación nocturna, agruparon los Goya y los dispusieron sobre la barra para que todos pudieran apreciar que el cine español tenía nuevo rey. El problema llegó a la mañana siguiente: Amenábar hizo inventario y descubrió que faltaba un Goya, el más propiamente suyo, a mejor dirección novel. Aterrorizado ante la perspectiva de llamar a la academia, que le había puesto la alfombra roja, y dar fe de que la había pisoteado, telefoneó primero al bar. Tras unos segundos de espera, obtuvo una respuesta que lo hizo respirar: unos jóvenes habían devuelto el Goya al bar tras encontrarlo en una papelera sin que Amenábar sepa (o diga saber) cómo acabó allí, entre la basura.

Share this post: