«De la Guerra Civil nadie sale indemne; desde ninguna posición ideológica se puede recordar confortablemente»
2026-03-13 - 09:23
Al salir de un evento literario, a Lorenzo Silva se le acercó un lector y le habló de su abuelo, el general Miguel Campins. Fue un héroe de la guerra de África, compañero de Francisco Franco en algunas batallas y acabó ejecutado por los suyos porque se negó a sublevarse en 1936. Silva lo tuvo claro: Campins merecía una novela y durante ocho años la fue gestando. Con la ayuda de la familia del militar y una exhaustiva investigación que le permitió incluso recuperar los 200 folios del Consejo de Guerra que lo condenó a muerte, recompuso la figura de un militar excepcional. Ahora la publica en la novela Con nadie (Ediciones Destino). XLSemanal. ¿Por qué ahora un libro sobre Miguel Campins? Lorenzo Silva. Me llamó la atención que Franco pidiera clemencia para él. Es muy raro. Franco era una persona muy fría. No hizo nada para impedir el fusilamiento de su primo Ricardo de la Puente Bahamonde, y eso que la familia de su primo había cuidado de su familia. XL. ¿Quién era Campins? L.S. Era un militar africanista (estuvo combatiendo en África desde 1911 hasta 1927, como los militares de las campañas de Marruecos que luego lideraron la sublevación de julio de 1936), pero no estaba en la conjura del alzamiento. Se puso a las órdenes del Gobierno de la República. Intentó mantener la legalidad. Es un individuo por cuya biografía pasa la historia contemporánea de España. XL. ¿Qué le llamó la atención de él? L.S. Que no obedecía al perfil del militar español de la época, que era bravucón, de poco pensamiento y acostumbrado a zanjar las cosas de manera directa. Este hombre se pasó la vida estudiando y montó la Academia General Militar, el centro de formación de oficiales del Ejército. Era un oficial valiente, con cabeza, un tipo ilustrado muy consciente de que vivía en un país donde había analfabetismo e ignorancia, y él asumía que el oficial debía ser alguien que contribuyera a reducir esa ignorancia. XL. En julio de 1936 era comandante militar de Granada. L.S. Y durante el tiempo que él estuvo al mando de Granada no murió nadie, no hubo un desorden ni un linchamiento, no se repartieron armas a las milicias. XL. ¿Cómo lo consiguió? L.S. Desde el primer momento se puso a las órdenes del Gobierno, se puso de acuerdo con el gobernador civil, que era republicano, y entre los dos pactaron que el orden se mantenía y no se repartían armas. Si más gente hubiera hecho eso, a lo mejor la guerra se habría evitado. La República se vino abajo porque muchos militares volvieron las armas contra la República y porque a su vez las milicias accedieron a muchas armas. XL. Pero acaba sumándose al golpe. L.S. Porque lo avasallaron, pero de entrada él mantuvo la lealtad de la guarnición. Al final, para mantener el control de la situación, llegó a proclamar el estado de guerra. Así que para la República era un sedicioso y lo dieron de baja en el Ejército. XL. Por mantener la neutralidad lo machacaron unos y otros. L.S. Lo machacaron sobre todo sus compañeros militares. Porque el alzamiento –y eso lo dijo el general Mola– tenía que ser absolutamente contundente y para sus compañeros él era un tibio, alguien que no se había comprometido. Además, tuvo la desgracia de estar en Andalucía, donde dirigió el alzamiento Queipo de Llano, que es quien decide que se lo fusile. XL. Vivió momentos de enorme angustia. L.S. Un hombre que ha dedicado su vida al Ejército se ve traicionado, procesado por sus propios compañeros. Siente que ha desperdiciado su vida, que sus compañeros lo van a quitar de en medio como si fuera un leproso, un indeseable. Escribe a sus hijos y les recomienda que no sean militares. XL. ¿Qué tipo de relación tenía con Franco? L.S. Tenían cierta amistad, pero sin total confianza. Franco tenía personas de su absoluta confianza, legionarios que habían estado con él, pero tenían su confianza porque eran sus vasallos. Y Franco sabía que Campins no era su vasallo. Era una persona a la que respetaba, pero una amistad profunda para Franco era muy difícil. Y Campins era un tipo reservado, que no se casaba con nadie. Además, había visto a Franco en acción y era un militar muy diferente de él. XL. ¿En qué? L.S. Franco no reparaba en las bajas. Campins era todo lo contrario. Decía que era «en extremo avaro de la sangre de mis soldados». Son dos personas distintas que no tienen mimbres para tener una afinidad profunda, pero el respeto hace que Franco se plantee que es injusto lo que van a hacer con Campins y considera que tiene que hacer algo. XL. No consigue interceder. L.S. Es que Franco en esos momentos no es el jefe del alzamiento. El hombre poderoso en Sevilla es Queipo de Llano. XL. ¿Las heridas de la Guerra Civil siguen abiertas? L.S. Es una historia que tenemos mal contada entre los españoles. Por un lado, contamos poco; y, luego, lo que contamos siempre es arrimando el ascua. Hay un caso peor, que también está en esta novela, que es la guerra de África. XL. ¿Peor? L.S. No entiendes la Guerra Civil si no conoces la guerra de África. Franco o Mola tienen en la guerra de África una escuela de crueldad que aplican. Campins es al revés, ve tanta barbarie en la guerra de África que siente un rechazo hacia la violencia innecesaria. XL. ¿Conviene que haya congresos y debates sobre la Guerra Civil? L.S. Es bueno que se contrasten las distintas miradas. Es un acontecimiento en el que nadie sale indemne; nadie desde ninguna posición ideológica puede recordarlo confortablemente. Hay que intentar hacer dos cosas que no hacemos aquí: que es honrar a las víctimas, sean quienes fueren, y distanciarnos moralmente de los verdugos, sean quienes fueren. Nos cuesta mucho hacer eso aquí. Pasa también con episodios más recientes, como es el terrorismo de ETA. Hay gente que tiene problemas para empatizar con las víctimas y hay gente que tiene problemas para distanciarse moralmente de los verdugos. XL. ¿Usted participaría en congresos sobre la Guerra Civil? En Sevilla se ha pospuesto uno hace poco. L.S. Yo en principio voy a donde me invitan. Si me invitan para hablar con libertad y para respetar lo que digo, no tengo ningún problema con nadiy hablé con gente que había estado en la organización. Tengo una gran distancia, ideológica, política, personal y moral con ellos. Pero en principio creo que el que escribe e. Tendría problemas si me invita una persona de cuya inmoralidad o criminalidad o abyección tuviera pruebas notorias. Entiendo que mi oficio exige hablar con todo el mundo. Escribí sobre el terrorismo de ETA por lo menos debe estar abierto a escuchar. XL. ¿Cree que sigue interesando una novela sobre la Guerra Civil? L.S. Con nadie es más sobre la gestación de la Guerra Civil. Es la historia de la vida de un hombre arrollado por la historia. Acaba mal, pero su vida es un ejemplo de lo que debe ser una persona. Pienso en Spinoza que dijo que unos obran mal y otros obran bien, pero todos morimos. Y la enfermedad, la desgracia, la injusticia, la crueldad alcanzan por igual a los que se comportan bien y a los que se comportan mal. XL. No siempre los malos acaban mal. L.S. Todos tenemos a muchas personas concretas en la mente que han tenido mucho poder, mucho privilegio, y que han optado por el bien particular a costa del bien general, han optado por delinquir, engañar, abusar. Muchas de esas personas ahora están en la cárcel. XL. ¿A quién se refiere? L.S. Podemos pensar en Ábalos, Epstein, el príncipe Andrés, el emérito, en Cerdán, en el director adjunto operativo de la Policía... XL. A muchos que no obran bien no los pillan. L.S. El mundo no se viene abajo porque hay gente capaz de estar en su sitio, como Campins. Si todos fuéramos como Ábalos, esto sería una mierda. Y no lo es. Ábalos es la excepción. Se cree muy listo, pero está en Soto del Real. Epstein era bueno en lo suyo. Y tenía todas las agarraderas del mundo... ¿y cómo acabó? ¿Y Zaplana? Cada 15 días tiene que entrar a firmar en el juzgado en 'la cola de los quinquis'. XL. Es su libro número 89. ¿Cómo se organiza para escribir tanto? L.S. Me levanto temprano y hay dos cosas que me ayudan. Una es que yo trabajo mucho antes de escribir la primera línea. No solo documentándome, sino pensando cuáles van a ser mis decisiones narrativas. He estado trabajando en este libro ocho años antes de empezar. Y la otra cosa es trabajar con varias ideas a la vez. Ahora mismo tengo en la cabeza cinco libros. XL. ¿Cuándo se dio cuenta de que quería ser escritor? L.S. Me hice escritor de niño y fue una mezcla de tres cosas. Hay una parte que es heredada: en mi familia había muy buenos narradores orales como mi padre, mi abuelo, mi tío y mi abuela paterna. Y yo era un niño parlanchín. Para mí, narrar fue algo natural desde los 4 años. Mis padres eran lectores y se me invitaba a la lectura. Luego hay una parte personal, que es la que decide: con 13 años me senté por primera vez a escribir un relato de ficción. Y sentí que ese era mi lugar en el mundo, dije «esto es lo mío». XL. Pero se hizo abogado. L.S. Porque tenía que comer de algo y yo de esto no esperaba comer. XL. No es fácil vivir de la escritura. L.S. Yo como de esto y comen mis hijos desde hace veintitantos años, pero todavía no me lo creo. Aún me levanto por la mañana y pienso que me voy a tener que ir a la oficina a hacer de abogado otra vez. XL. ¿Cómo ve el mundo literario de ahora? L.S. Como todos los ámbitos, está enrarecido porque estamos viviendo una revolución tecnológica, social, cognitiva y probablemente también ética en el mal sentido, porque veo a muchas personas haciendo con soltura cosas que a mí me enseñaron que no se debían hacer. XL. ¿Cuáles? L.S. Embozarte para dañar a alguien, difamar a otro, hablarle groseramente sin conocerlo, en fin, esto es lo habitual en el entorno digital. Lo raro es dar con una persona educada, que te pida perdón o diga «por favor». Lo normal es arrollar a la gente, y eso es lo contrario de lo que me enseñaron a mí. XL. ¿Cómo cree que la IA va a afectar a la creación literaria? L.S. Dependerá del lector. Si el lector deserta masivamente de lo que ha sido la literatura hasta ahora, que es, como decía Proust, «una conversación en el seno de la soledad entre dos seres humanos», entonces la creación literaria desaparecerá o pasará a ser una especie de sacerdocio. Pero me resisto a pensar que todo el mundo es tan gregario. Tengo una hija de 13 años que cuando ve algo hecho por IA le parece una cosa sin ningún interés ni atractivo, sabe distinguir perfectamente. XL. ¿Usted utiliza la IA? L.S. Para nada, no la necesito. Tampoco utilizo TikTok, ¿para qué? Entiendo que hay trabajos para los que es útil. Si yo siguiera trabajando como abogado, utilizaría la inteligencia artificial, pero en la creación literaria no sirve para nada.