De los monasterios medievales al hogar moderno: así se domesticó a los conejos
2026-03-03 - 07:03
Pocos animales simbolizan mejor la transición histórica de recurso alimentario a compañero del hogar que el conejo. Hoy habita casas, apartamentos y jardines como un miembro más de la familia, pero su historia comienza lejos del salón. Según la organización de bienestar animal Four Paws, "a lo largo de los siglos se han criado muchas razas diferentes de conejos, incluyendo animales de muy diversos tamaños, colores de pelaje, clases de peso y formas", un proceso de selección que acompañó su paso de animal de granja a mascota. De hecho, su domesticación se remonta al siglo V, cuando los conejos se encontraban únicamente en la Península Ibérica y el sur de Francia. La tradición atribuye a los monjes de esa región el inicio de su cría sistemática. La motivación fue, en palabras de la citada organización, "de carácter práctico". "Declararon que la carne del animal era una especie de pescado, por lo que podían comerla durante la Cuaresma", detallan desde Four Paws. Aquellas comunidades religiosas habrían sido también las primeras en seleccionar ejemplares para obtener "diferentes clases de peso y colores de pelaje", las que se podrían considerar, las primeras razas de conejos y que darían pien a las variadas características y diferencias de los que nos acompañan ahora en el hogar. La expansión del Imperio romano y el aumento del comercio facilitaron su difusión por otros territorios. Su elevada capacidad reproductiva y su adaptación al medio favorecieron una rápida expansión. Ya en el siglo II a. C., los romanos, tras su llegada a Hispania, comenzaron a criarlos en recintos cerrados para asegurar el suministro de carne. Estos espacios, conocidos como leporaria, permitían que los animales se reprodujeran con facilidad. Durante la Edad Media, la selección buscó ejemplares "más grandes y más gordos" para aumentar el rendimiento cárnico. El proceso se intensificó con la Revolución Industrial, cuando la vida urbana limitó la cría de ganado mayor. La tenencia adecuada de un conejo presupone un amplio conocimiento de sus necesidades "Además de las aves de corral, el conejo era un proveedor seguro de carne que podía mantenerse en las ciudades", recogen desde la asociación. Incluso en las dos guerras mundiales, en países como el Reino Unido y Estados Unidos, se promovió su cría para abastecer de carne y pieles a la población y a los soldados. El giro definitivo hacia el ámbito doméstico se consolidó en la Edad Moderna. En el siglo XVI, las cortes principescas alemanas comenzaron a interesarse por variedades enanas, y en el XIX los victorianos impulsaron su presencia en concursos y exposiciones. En 1874 se fundaron en Alemania los primeros clubes de criadores, marcando el inicio de una afición que se extendería por Europa. El éxito como animal de compañía no ha eliminado los desafíos de su cuidado. Pese a su imagen de mascota sencilla, los expertos subrayan que requiere atención especializada. "La tenencia adecuada de un conejo presupone un amplio conocimiento de sus necesidades en alimentación, movimiento y cuidados", advierte Four Paws. De hecho, una atención inadecuada puede provocar daños graves e incluso mortales, agravados por la capacidad del animal para ocultar el dolor. De ahí que las organizaciones de bienestar animal insistan en un mensaje claro y rotundo sobre su incorporación en los hogares. "Los conejos no deben adquirirse por impulso, no pertenecen a manos infantiles, ni son para ponerlos bajo el árbol de Navidad o en el nido de Pascua", defienden. El cambio de estatus (de recurso productivo a compañero afectivo) exige, señalan, un cambio equivalente en la responsabilidad humana. Un nombre con historia subterránea El propio nombre científico del conejo europeo refleja rasgos de su comportamiento ancestral. Los romanos observaron su habilidad para excavar y huir de los recintos cerrados mediante túneles. De ahí la denominación latina Oryctolagus cuniculus, que puede traducirse como "liebre excavadora de túneles subterráneos", una referencia directa a su instinto de supervivencia. De la trinchera histórica del alimento al refugio contemporáneo del hogar, el conejo ha recorrido un largo camino. Su presencia silenciosa en la vida doméstica moderna es, en realidad, el resultado de siglos de adaptación cultural, económica y afectiva entre humanos y animales.