De los templos a los gimnasios
2026-02-05 - 04:55
Hay anuncios que perviven más allá de las marcas a las que abanderaron. Recordemos, por ejemplo, "Para otoño madrileño, gabardinas Butragueño"; "Lámparas Philips, mejores no hay"; y "Coñac Centenario Terry, que si siempre estuvo bien, ahora está como nunca". En esa línea, la viñeta de El Roto, publicada en la edición del diario El País correspondiente al martes 3 de febrero, refleja una de las últimas invasiones que se han detectado en las calles comerciales de nuestras ciudades: los gimnasios. Establecimientos que han sucedido a otras plagas previas como las peluquerías, panaderías, chocolaterías, cervecerías, manicuras o clínicas dentales o de adelgazamiento. Pero volvamos a El Roto y atendamos a la leyenda que acompaña a su dibujo del Titán donde se lee: "Cuando los titanes sustituyeron a los dioses, la gente abandonó los templos y acudió a los gimnasios". Un dato de mera observación visual permite comprobar que en la villa de Madrid, sin ir más lejos, antes de que la gente procediera al abandono de los templos, sucedió que quienes tenían encomendada la custodia de los mismos se habían adelantado a cerrarlos, sin informar siquiera a los fieles del horario de apertura para el culto si es que allí se rendía alguno. Algo parecido a lo ocurrido con los diarios impresos, que abandonaron a sus lectores antes de que sus lectores les abandonaran. En el caso de los templos, el paseante solo advierte de vez en cuando alguna aglomeración de puertas afuera con ocasión de celebrarse un funeral, cuando al mismo ha sido convocado el círculo familiar, amistoso y profesional del finado, o una boda donde brilla la novia, desaparece la informalidad en la vestimenta y las acompañantes compiten en la elegancia de sus atuendos y se aturullan los varones embutidos en sus chaqués preceptivos cuando han sido elegidos para testificar. Hay especialistas en honras fúnebres que saben aparecer a tiempo para saludar a los deudos antes de que empiece la ceremonia y ahorrarse así tener que guardar la fila para el saludo que en ocasiones tanto se demora. También hay otros muy hábiles en ganar los bancos de la primera fila reservados para los más íntimos que consiguen así liberarse así de la obligación que señala el protocolo. Los bautismos de los recién nacidos han decaído y sin ese momento social los padres de la criatura se ven obligados a emprender el ejercicio de las presentaciones en su propio domicilio o de iniciar un itinerario recorriendo las casas de abuelos o tíos para dar a conocer al recién nacido. En cuanto a las primeras comuniones, han ido quedando relegadas al ámbito escolar sin apenas visibilidad en las calles salvo las muy rumbosas que se despliegan en los restaurantes con el mismo aparato de las bodas de más trapío. Estas pinceladas confirman que solo están bien arraigadas dos liturgias: la eclesiástica y la militar y que la civil está todavía balbuceando. Nuestro presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tiene aversión a las ceremonias religiosas y prefiere ausentarse cuando se convocan como acaba de comprobarse en Huelva con ocasión de rendirse tributo a los muertos en la colisión de trenes de Adamuz. Que Santa Lucía le conserve la vista.