De ‘siéntate’ a ‘sit’: cómo tu perro reconoce idiomas, palabras y lo que realmente quieres decirle
2026-03-24 - 07:00
Hay preguntas que parecen pequeñas, hasta ridículas, hasta que una madrugada cualquiera se instalan en la cabeza y ya no se van. ¿Mi perro entiende lo que le digo? ¿Sabe que le hablo en español? ¿Notaría que la gente habla en otro idioma si mañana nos mudáramos a Japón? La ciencia del comportamiento animal está llena de interrogantes que nacieron así, de una curiosidad doméstica que parecía menor y terminó abriendo una línea de investigación. Este artículo es para esas dudas que surgen cuando miramos al perro después de soltar un discurso entero y nos devuelve una mirada que parece de comprensión total. ¿Estamos proyectando? La respuesta es más interesante de lo que sugiere la pregunta. No entienden idiomas, entienden experiencia La primera intención es desmontar la fantasía de que los perros saben español, o inglés, o francés en el sentido humano del término. No manejan gramática ni sintaxis, ni traducen mentalmente frases completas. Lo que hacen es aprender asociaciones. Un perro aprende que una determinada secuencia de sonidos, como ‘siéntate’ en español, ‘sit’ en inglés o ‘asseyez-vous’ en francés, predice una consecuencia concreta. Esa consecuencia puede ser una recompensa, una caricia, el inicio de un paseo o el final de una situación incómoda. La palabra no tiene valor por sí misma, sino por lo que anticipa. Diversos estudios comparan esta capacidad con la de un niño pequeño en etapas tempranas del desarrollo, que reconocen palabras frecuentes, detectan patrones y pueden asociar sonidos a acciones u objetos. Pero eso no equivale a comprender el lenguaje en su complejidad. ¿Pueden distinguir idiomas? Aquí es donde la cosa se pone fascinante.Un estudio publicado por el Departamento de Etología de la Universidad Eötvös Loránd (Hungría) mostró que los perros pueden diferenciar entre una lengua familiar y otra desconocida. En el experimento, 18 perros escucharon fragmentos de El Principito leídos en húngaro y en español mientras se les realizaba una resonancia magnética funcional. Los resultados indicaron que distintas áreas del cerebro canino se activaban de manera diferente según escuchaban el idioma conocido o uno nuevo. Además, podían distinguir entre habla humana natural y sonidos manipulados digitalmente que ya no parecían lenguaje. Es decir, no solo perciben que ‘eso es habla humana’, sino que detectan si ese habla pertenece al entorno sonoro al que están acostumbrados. Y lo más impresionante es que lo hacen sin entrenamiento específico. Curiosamente, los perros mayores mostraron mayor diferenciación neuronal, lo que sugiere que la exposición prolongada a un idioma refuerza esa familiaridad. Más años oyendo español en casa, más capacidad para reconocer sus patrones rítmicos y fonéticos. Entonces, ¿podría decirse que son multilingües? Depende de qué entendamos por multilingüe. Si queremos decir que pueden aprender comandos en varios idiomas, la respuesta es sí, completamente. Un perro criado en una familia hispanohablante puede aprender más tarde órdenes en inglés o alemán si se le enseña mediante repetición y refuerzo positivo. Pero eso no significa que comprenda dos idiomas como lo haría una persona bilingüe. Lo que hace es ampliar su repertorio de asociaciones sonoras. ‘Ven (español), come (inglés) y komm (alemán) pueden acabar significando lo mismo si cada sonido se vincula consistentemente con la misma acción. Dicho de otra forma, el idioma concreto importa menos que la coherencia. Para un perro, cambiar de lengua no es un problema lingüístico, es solo un cambio de patrón acústico que puede aprender si se le ofrece estabilidad y consecuencias claras. La palabra, el tono y el cuerpo Los perros no procesan únicamente el contenido verbal, sino que están extraordinariamente atentos al tono, la prosodia y el lenguaje corporal. La investigación muestra que el cerebro canino analiza en distintos niveles si un sonido es habla y si le resulta familiar. Pero en la vida cotidiana, lo que realmente guía su respuesta es el conjunto completo de señales que emitimos y que incluye la postura, la mirada, el movimiento, la expresión facial y el contexto. Un ‘ven aquí’ pronunciado con tono alegre, y en una postura de rodillas flexionadas y brazos abiertos no significa lo mismo que el mismo ‘ven aquí’ dicho con voz tensa y cuerpo rígido. Para ellos, la entonación emocional suele pesar más que la palabra exacta. Por eso a veces obedecen aunque cambiemos ligeramente la orden, y otras veces parecen ignorarnos incluso cuando usamos el comando adecuado, debido a que el contexto no encaja con lo aprendido. Imágenes mentales A estas alturas, gracias a los avances en neurociencia canina, también sabemos que que los perros pueden asociar palabras a objetos concretos, algo conocido como comprensión referencial. En el experimento, los titulares decían el nombre de un juguete y luego mostraban un objeto. A veces coincidía, pero a veces no. Mediante electroencefalografía (EEG), los científicos detectaron que el cerebro del perro reaccionaba de manera diferente cuando el objeto no correspondía con la palabra escuchada. Eso sugiere que el perro había formado una expectativa, una representación mental del objeto nombrado y que no es simplemente que responda mecánicamente a un sonido, sino que anticipa algo específico. Y lo más interesante es que esta capacidad no parecía depender de un entrenamiento intensivo especializado. Podría estar relacionada con los miles de años de convivencia y coevolución con humanos. Entonces, cuando les hablamos... Cuando le contamos a nuestro perro cómo fue el día, no está analizando la sintaxis. Pero tampoco está desconectado. Está procesando el tono, el ritmo y la familiaridad acústica. Está reconociendo que esa secuencia de sonidos pertenece a su mundo seguro. Distingue que hablamos en ‘su’ idioma habitual. Y, como también ha confirmado la ciencia, pueden reconocer palabras concretas incluso cuando no nos dirigimos a ellos. Así que, respondiendo a la pregunta que inicia el titular, no, tu perro no habla español, pero sí entiende mucho más de lo que somos conscientes. Y quizá la pregunta de las tres de la mañana no era tan tonta después de todo. Referencias: Speech naturalness detection and language representation in the dog brain. Laura V. Cuaya et al. NeuroImage (2022) Neural evidence for referential understanding of object words in dogs. Marianna Boros et al. Current Biology (2024)