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Del intestino al corazón: así actúan los parásitos internos en tu mascota

2026-03-16 - 07:13

Cuando un perro o un gato pierde peso sin motivo aparente, sufre diarreas persistentes o se muestra más cansado de lo habitual, no siempre la causa está a la vista. La llegada de la primavera y el aumento de las temperaturas trae consigo algunos riesgos para la salud de nuestros compañeros de cuatro patas, como la presencia de pulgas o garraptas. Sin embargo, no todos los peligros se ven con facilidad. Los parásitos internos actúan en silencio y pueden causar problemas muy graves de salud a nuestros peludos. Viven en el intestino, viajan por la sangre o se instalan en órganos vitales, y en muchos casos no dan la cara hasta que la enfermedad está avanzada. Por eso la desparasitación interna regular es una de las grandes aliadas de la salud animal. Uno de los parásitos internos más conocidos es Toxoplasma gondii, responsable de la toxoplasmosis. El gato actúa como hospedador definitivo: en su intestino se forman ooquistes que se eliminan por las heces y pueden permanecer en el entorno durante unos diez días. Cuando otro animal los ingiere, el parásito migra al tejido muscular, donde queda enquistado. La infección suele pasar desapercibida, pero puede provocar abortos y malformaciones fetales en hospedadores intermediarios como el caso de las mujeres. La giardiasis es otra de las más comunes y está causada por giardias, protozoos unicelulares que se alojan en el intestino de animales y personas. Se transmiten con facilidad por contacto directo, especialmente entre cachorros, y provocan diarreas muy acuosas. Las heces de un animal infectado pueden contener millones de parásitos, que contaminan agua y objetos y facilitan nuevos contagios. Una vez ingeridas, adoptan su forma móvil hasta llegar al intestino, donde se enquistan y reinician el proceso. El tratamiento requiere medicación específica y una especial atención al estado de hidratación. También en el intestino delgado se asientan los coccidios, responsables de la coccidiosis. Afectan sobre todo a animales inmunodeprimidos y se transmiten a través de las heces. Sus síntomas incluyen diarrea, deshidratación y pérdida de peso, y en casos graves pueden resultar mortales si no se tratan a tiempo. La temida Leishmaniosis Más compleja es la leishmaniosis, provocada por protozoos del género Leishmania. No se contagia por contacto directo, sino mediante la picadura del mosquito flebotomo. Por eso el riesgo aumenta en perros que duermen al aire libre o pasean al amanecer y al atardecer. La enfermedad puede causar pérdida de apetito, adelgazamiento, fiebre, inflamación de ganglios y daños hepáticos y renales. A nivel externo son frecuentes la caída del pelo, la descamación intensa, las úlceras que no cicatrizan, las lesiones oculares o las cojeras intermitentes. No tiene cura y el pronóstico empeora cuando hay afectación visceral, aunque el tratamiento varía según la fase y el estado del animal. La prevención incluye evitar la exposición al mosquito, utilizar repelentes y desparasitantes, realizar chequeos sanguíneos periódicos y recurrir a la vacunación. Es, además, una zoonosis que puede afectar a personas con inmunodeficiencias graves. En clínica también se ven muchos casos de animales infestados por el Echinococcus granulosus, cuyo hospedador definitivo es el perro. Rumiantes y humanos pueden actuar como intermediarios, con afectación de órganos como hígado, pulmón o cerebro. La higiene resulta fundamental para prevenirlo: lavar bien las verduras, evitar el consumo de carne cruda y limitar el contacto con heces caninas. Y muy frecuente en cachorros, tanto de perro como de gato, está el Toxocara canis y Toxocara cati, que parasitan el tubo digestivo y eliminan huevos por las heces. Pueden provocar diarrea, decaimiento, pérdida de peso, mal estado del pelo y distensión abdominal. En ocasiones, los propios parásitos son visibles en vómitos o heces. También es una zoonosis: si una persona ingiere huevos embrionados por una higiene inadecuada, las larvas pueden migrar a distintos órganos, con consecuencias variables según el tejido afectado. El peligroso gusano del corazón Por último, la filariosis, conocida como la enfermedad del gusano del corazón, está causada por Dirofilaria immitis. Este nematodo vive en el corazón y en las arterias pulmonares y se transmite por la picadura de mosquitos. Puede provocar insuficiencia cardíaca, problemas respiratorios, tos, cansancio, desmayos e incluso edema pulmonar. Su diagnóstico se realiza mediante análisis de sangre y pruebas de imagen, y el tratamiento incluye fármacos específicos que pueden ser muy tóxicos, lo que refuerza la importancia de la prevención con medicamentos adecuados. Aunque no se vean, los parásitos internos forman parte de la realidad sanitaria de perros y gatos. Cumplir con los calendarios de desparasitación, mantener buenas medidas de higiene y acudir a revisiones veterinarias periódicas son pasos sencillos que pueden evitar complicaciones serias y proteger tanto a las mascotas como a las personas que conviven con ellas.

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