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Descubre el Val d'Aran más allá de sus pistas de esquí

2026-03-19 - 11:50

Hay lugares que viven bajo la sombra de su fama. En el caso del Val d'Aran, en la provincia de Lleida, esa sombra es blanca y se llama Baqueira Beret. Pero reducir este valle pirenaico a sus pistas es quedarse en la superficie. Aislado durante siglos por la geografía y abierto hoy por el túnel de Vielha, el Val d'Aran conserva una personalidad propia que se percibe en su lengua, su arquitectura y su forma de disfrutar de la vida. Sus pueblos Vielha es el corazón administrativo y el lugar perfecto para instalarse, pero el encanto se reparte por pequeñas aldeas como Arties, Salardú o Bagergue (considerado uno de los pueblos más bonitos de España), donde las casas de piedra, las chimeneas humeantes y las iglesias románicas dibujan escenas que parecen sacadas de un cuento. Recorrer la ruta de sus iglesias es viajar a la época del románico más puro y es que, entrar en una de esas iglesias del siglo XII, con frescos austeros y campanarios esbeltos que parecen desafiar la gravedad, es toda una lección de historia y de arte. No solo sobre esquís No todo en el Val d'Aran se mide en kilómetros esquiables. Cuando la nieve cubre los caminos, el valle se transforma en un escenario perfecto para rutas con raquetas o paseos tranquilos junto al Garona. El Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici asoma en su vertiente aranesa ofreciendo lagos helados y bosques de abetos que parecen sacados de un cuento, ideales para recorrerlos con más calma y disfrutar de los maravillosos paisajes de invierno. Regalos de la montaña Además de la nieve, aquí la naturaleza tiene otras sorpresas. Banhs de Tredòs es uno de esos secretos que justifican el viaje incluso sin esquís. Rodeadas de bosque y nieve, sus aguas sulfurosas brotan a más de 30 grados. El contraste entre el vapor y el frío exterior convierte el baño en una experiencia sensorial difícil de olvidar. Una parada en estos baños debería ser obligatoria tras una larga jornada de actividad, ya sea esquí, raquetas, senderismo o bici. Platos con nombre propio En este valle catalán no todo es quemar calorías, recuperarlas también es un placer. La olla aranesa no es una simple sopa de montaña, es un plato contundente, herencia de una cocina pensada para resistir inviernos largos. A ella se suman quesos locales y carnes de caza entre otras muchas especialidades

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