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Desirée de Fez: «Si vacías un centro comercial se convierte en un espacio terrorífico»

2026-03-24 - 03:40

Desirée de Fez (Barcelona, 1977) viene de lo fantástico y del terror como periodista, pero también viene de Cornellá, una localidad a las afueras de Barcelona que le han condicionado su mirada, su visión y su historia. Había escrito ensayos, críticas y artículos periodísticos, pero esta es la primera vez que se adentra en «universos propios y autóctonos», como le gusta definirlos. Su debut como escritora se llama 'No la dejes sola', una novela donde explora las relaciones entre mujeres de una misma familia, la fobia a quedarse sola y la visceralidad que surge como respuesta a años de invisibilización propia. La periodista vio esta historia como una oportunidad para meterse «en jardines de fantasmas, monstruos y terror corporal, desde los lugares que conocía». El libro ya fue un acontecimiento antes de su publicación: está vendido al inglés en Reino Unido y Estados Unidos, mercados que pujaron con hasta seis cifras por él (allí saldrá a la venta en octubre). —‘No la dejes sola’ es una novela de terror, pero a la vez íntima. —Yo venía de publicar 'Reina del Grito', un ensayo contado en primera persona que parte de una tesis desde la que hablé de mi relación con el miedo, y lo conté a través de mi relación con el cine de terror. Aquello me dejó con el gusanillo de escribir ficción, esta era una historia que tenía en el estómago, como las protagonistas del libro. El origen del libro es el de una mujer (Alba) que no puede quedarse sola. Me pregunté qué hace que alguien con una vida normal y que no se siente insatisfecha con su vida, no sabe cómo quedarse sola y qué pasaría si de golpe eso se rompe. Cuando empecé me di cuenta que tiraba hacia las cosas que me han importado siempre y lo que estaba intentando hacer era llevármela a un universo propio y personal, que era el lugar donde nací y crecí. —También es una novela familiar. —Siempre me ha preocupado y quería contar las relaciones entre las mujeres de una misma familia. Me gustaba esta idea de cómo entre mujeres, incluso aunque partan del amor y el afecto más brutal, se pueden generar relaciones de dependencia entre madres, hijas, abuelas, nietas... Y cómo no siempre son positivas estas relaciones, sino que a veces son nocivas, porque coartan. La novela es la combinación de esas cosas que siempre han estado ahí y que se encuentran en esta historia de ficción, de pura ficción. —Es pura ficción, pero juega con el lector al no dejar claro dónde empieza la ficción y dónde termina la realidad. —Sí, porque quería que el libro fuera una especie de juego de espejos. Una constante es que las tres mujeres de la historia, pero sobre todo Alba que es la protagonista, no se sienten a gusto en sus cuerpos. Una idea que es muy común, muy del presente, nos pasa porque vivimos con mucha ansiedad, prisas, nervios, con esta sensación de que nunca llegamos a nada. En 'No la dejes sola' cada mujer tiene una relación compleja con su cuerpo, no se sienten cómodas, pero cada una tiene razones diferentes. Quería contar esa idea de cómo estamos tan incómodos en nosotros mismos de una forma realista, aunque haya pensamiento mágico y superstición, pero quería llegar a esto con detalles significativos en la primera parte. Y en la segunda les quería dar la posibilidad de la catarsis, no les podía dar un remedio o la solución, si la tuviera me la aplicaría a mí misma, pero sí que quería que se liberaran de alguna forma y que explotaran. —Hay referencias un tanto dispares, que van de 'Cuento de navidad' a 'Un monstruo viene a verme'. —Totalmente, yo soy muy fan de la navidad, me entusiasma Dickens, hay tres fantasmas y todo sucede en navidad. Y la analogía que haces con 'Un monstruo viene a verme', que es tanto un libro como una película que conozco muy bien, es esta cosa de lo fantástico y el terror expresado de forma monstruosa. Están conectados a lo psicológico y son expresiones de los personajes, prolongaciones de lo que les está pasando y lo que están sintiendo. Así que sí, entra dentro de ese tipo de ficción que utiliza lo sobrenatural, en este caso los fantasmas, los monstruos, como una proyección de la psicología de los personajes. —¿Llegó a documentarse con psicólogos para tratar ciertos temas? —No. Cuando descubrí que existía esta fobia a quedarse solo, que es la autofobia, sí que leí sobre el tema y me interesó, pero para mí era solo el punto de partida. Es un libro en el que deliberadamente hay muchísimo diálogo, hay una voluntad expresa de contar más a través de las situaciones, de la relación de los personajes con los espacios y los objetos. Me parecía que era contradictorio hacer un libro en el que los personajes se expresan de forma tan visceral y yo de golpe hacer que mi pensamiento como escritora fuera algo intelectualizado. Había una contradicción rara que no funcionaba. —Más allá de lo psicológico, describe entornos reales que usted conoce bien. —Era otro tema importante: el centro comercial, Cornellá y el camping. La idea del centro comercial era arriesgada porque parece que cuando sitúas una historia en un centro comercial, de forma automática, aparece el pensamiento de que vas a intentar hacer una sátira del capitalismo, del consumismo extremo, y en mi caso, aunque evidentemente eso está en los mandos, la airfryer, las televisiones... no quería centrarlo en eso. El centro comercial es una especie de 'second life' para esas mujeres que se sienten abrumadas por las responsabilidades, por lo agotadas que van, por lo ansiosas que están, y cuando llegan a estos centros, de alguna forma bajan la guardia. Y eso me llevó a la idea de los espacios liminales. Lugares de uso común como un centro comercial o el transbordo de una línea de metro, que cuando los vacías se vuelven espacios inquietantes, fantasmales, incluso terroríficos. —¿Y qué pasa con Cornellá y el camping? —El camping me parecía bonito porque lo que le pasa a Alba, entre otras cosas, es que tiene miedo de desaparecer. Ella no se ve como una víctima, está contenta con su familia, pero sí siente que de alguna forma está desapareciendo y la forma de acordarse de que está viva es ir siempre acompañada. Y en ese camping se encuentra con la Alba niña... Y una idea que fue un poco obsesiva era que al ambientar toda esta historia en Cornellá, me obsesionaba no hacer una representación del extrarradio como algo exótico. Quería que quedara claro que para mí lo normal es esto, es decir, la gente vive así porque es muy difícil vivir en el centro de Barcelona o de Madrid, es carísimo. Quiero normalizar que si esta historia está citada ahí es porque yo soy de allí, mi familia pertenece a ese lugar. —Ocupando estos lugares están las protagonistas, los niños y unos personajes masculinos que... están —Sí, el tema de los personajes masculinos está super pensado, yo no quería que fueran villanos, hay unos villanos por ahí, pero no son el centro de esta historia. Yo quería que los hombres en el libro fueran observadores que ayudan y acompañan; los maridos de Alba y Diana, una figura ausente como la del padre y niños, que tampoco tienen mucha capacidad de decisión. Para mí la historia iba de ellas y me gustaba que estos hombres fueran gente que lo intenta con todas sus fuerzas, pero ellas son como una fuerza de la naturaleza, demasiado fuertes, no te dejan dominar. Intentan hacer lo que pueden, las quieren, se preocupan, lo hacen lo mejor que pueden... —¿Qué nos puede contar del interés que ha surgido por llevar esta historia a la gran pantalla? —Todavía no se puede decir quien lo ha comprado, pero sí que está ahí. La verdad es que es una realidad que yo desconocía, pensaba que para que hubiera interés por un libro tenía que haber sido publicado, pero todo se activó cuando el libro se compró para ser publicado en Estados Unidos y en Inglaterra y ahí los procesos son distintos, se me escapan por completo. Está todavía muy embrionario, pero ojalá tire adelante. Aunque me preocupaba que el libro no fuera lo suficientemente literario y peleé mucho por esquivar ciertas tendencias hacia una narrativa más audiovisual, aún así creo que el libro no remite al guion de cine. —¿Respiró al terminar? Es una historia intensa —¡Hombre, es un viajazo! Es un libro contado desde muy adentro. Es una versión un poco alucinada de cosas que he vivido de cerca, aunque no es biográfico ni mucho menos. Creo que esta idea de vínculos que parten del afecto pero que se pueden volver muy extremos es algo bastante común. Esta idea para mí es fundamental en el libro y pensaba que era algo que me pasaba solo a mí, pero cuando lo puse en común con mis amigos, todos estaban un poco de acuerdo. Sentimos que pertenecemos a familias muy unidas y muy comunicadas, yo hablo todos los días con mi madre y mi hermana, pero en cambio siempre he tenido la sensación de que nunca hemos estado muy unidas y a la hora de la verdad, yo no me he sentado con mi familia para hablar de lo que me pasaba. Pensaba que era solo de mi familia y me sorprendió ver que no era así.

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