Diez gráficos para entender la guerra de Irán y sus consecuencias para el bolsillo
2026-03-22 - 07:10
La guerra en Oriente Próximo cumplía este sábado tres semanas y sus efectos se notan ya plenamente en el bolsillo de los consumidores de todo el mundo. El conflicto, que ha sido calificado por la Agencia Internacional de la Energía (AIE) como "la mayor amenaza a la seguridad energética en la historia", ha puesto patas arriba el tablero económico. La incertidumbre, los ataques a infraestructuras energéticas y, sobre todo, el cierre del estrecho de Ormuz —por donde circula alrededor del 20% del petróleo mundial— han disparado los precios del petróleo, del gas, de los fertilizantes... También han sacudido los mercados financieros, poniendo patas arriba las bolsas, y empiezan a contagiarse en las previsiones económicas, que esperan ahora menos crecimiento y, sobre todo, más inflación. La primera parada en este recorrido por los hitos numéricos que nos deja hasta ahora la guerra está en el estrecho de Ormuz. Un cuello de botella para el comercio mundial con dos orillas separadas apenas por 40 kilómetros que se ha convertido en el epicentro de la crisis energética. Según los datos de Portwatch (una plataforma vinculada al FMI) el tráfico comercial ha pasado de rondar las 100 embarcaciones diarias antes de la guerra a apenas cinco desde que Irán lo mantiene cerrado. El cierre de esta vía marítima impide que las potencias petroleras del Golfo Pérsico (Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait...) puedan dar salida al petróleo que producen, cuyo destino principal son los países del continente asiático. Pero como el mercado energético es global, la desaparición casi total del 20% del petróleo en circulación ha provocado un repunte de los precios que se nota en todo el mundo. El barril de Brent —la referencia en Europa— supera ya los 110 dólares por unidad: un 55% más que el último día antes de la muerte del ayatolá Ali Khamaneí. Además, a medida que el conflicto ha ido agravándose, las perspectivas de una solución rápida se han ido desvaneciendo. La buena noticia es que los mercados de futuros reflejan que los inversores siguen pensando que los precios irán cediendo. La mala, es que seguirán por encima del escenario prebélico durante un tiempo. Los precios del Brent a futuro rondan los 80 dólares en los contratos de todo 2027, un precio que todavía está por encima del que se registraba antes del conflicto. Lo que está sucediendo con el petróleo se ha trasladado a la velocidad de un cohete a las gasolineras. El litro de diésel cuesta ya 1,908 euros, un 32% más que antes de la guerra. El de gasolina 95 se paga a 1,781 euros (un 19% más caro) y el de gasóleo agrario, a 1,480. El otro protagonista en el campo de la energía es el gas, cuyo precio se ha disparado aún más que el del petróleo en términos relativos. Concretamente, lo ha hecho un 87% desde que se desataron las hostilidades. Sin embargo, pese a lo aparatosa que ha sido la subida, el precio ronda los 60 euros el megavatio hora, muy lejos de los niveles de hasta 340 euros que se llegaron a alcanzar en lo peor de la guerra en Ucrania. El gran riesgo de este shock energético es que se acabe contagiando de forma generalizada al conjunto de bienes y servicios que forman parte de nuestro consumo habitual. Los expertos y analistas de toda clase coinciden en que la clave está en la duración del conflicto, que sigue siendo una gran incógnita. Por lo pronto, las previsiones de inflación ya se han tenido que revisar al alza. La subida de los precios de la energía y la incertidumbre global que ha generado el conflicto han afectado también a los mercados financieros, aunque de forma desigual. Mientras que en Estados Unidos los principales índices bursátiles se mantienen en niveles similares a los de antes de la guerra, en Europa y Asia las valoraciones son ahora un 8% más bajas que hace tres semanas. Y la incertidumbre se traslada también a los bancos, que la reflejan ya en el euríbor. El indicador al que se referencian casi todas las hipotecas a tipo variable ha escalado más de cuatro décimas en solo tres semanas y se sitúa en el 2,658%. .