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Dinamarca va a las urnas con Frederiksen buscando el respaldo de los ciudadanos a su plan 'anti Trump' con Groenlandia

2026-03-24 - 04:50

"Groenlandia no está en venta". Con ese lema se ha apuntado la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, a un giro electoral que puede salirle bien. El país va este martes a las urnas de manera anticipada después de que los socialdemócratas hayan apostado por aprovechar la estrategia 'anti Trump' para consolidarse en el poder. Frederiksen, en el cargo desde 2019, quiere convertirse en una de las líderes más longevas de la UE actual y se ha encontrado con el escenario ideal: en los últimos meses se erigió como una voz firme frente a las ínfulas de Estados Unidos. De momento, los sondeos le dan la razón a la primera ministra: muestran una ventaja sostenida del bloque de izquierda encabezado por los socialdemócratas, que serían primera fuerza con alrededor del 22-23 % de intención de voto, seguido a cierta distancia por otras formaciones como el Partido Popular Socialista o Venstre. El impulso viene precisamente por el 'caso Groenlandia'. Pero no todo es sencillo en Copenhague. ¿Por qué? Porque los datos también reflejan un escenario fragmentado y abierto. Aunque el bloque de izquierda podría acercarse a la mayoría parlamentaria, otras proyecciones señalan que el actual Gobierno de coalición no alcanzaría los escaños suficientes para gobernar en solitario. Con todo, como casi siempre ahora mismo en Europa las alianzas postelectorales serán decisivas y en la que pequeñas variaciones en el voto pueden inclinar el equilibrio entre bloques en un sistema multipartidista. La seguridad y la inmigración son los dos pilares clave para los de Frederiksen en estas elecciones: eso sí, el mensaje ya ha virado, despegándose de Trump y centrándose en el papel del Ártico de manera más general y con el foco puesto "en la amenaza rusa" y no tanto en los movimientos que haga Washington. "Ahora queremos estar permanentemente presentes en la región ártica y como todo el mundo sabe es una región enorme", sostuvo recientemente la primera ministra en una cumbre con el resto de países nórdicos, incluido Canadá. Pero no solo de lo exterior ha vivido esta campaña electoral que ahora acaba. En el plano interno, la campaña también ha girado en torno a problemas concretos como el coste de vida, las reformas económicas y algunas decisiones polémicas del Ejecutivo, como la eliminación de un día festivo o por ejemplo el empeoramiento de las condiciones de los ciudadanos, que para las fuerzas más radicales viene ya desde la pandemia. A nivel político, el escenario sigue muy fragmentado, con múltiples partidos compitiendo -desde socialdemócratas hasta liberales y fuerzas de derecha populista- lo que hace prever negociaciones complejas tras las elecciones, ya que ningún bloque tiene garantizada la mayoría absoluta en el Parlamento. Como si de una escena de la serie Borgen se tratase, Frederiksen quiere mostrarse como la solución a todas las crisis, con la guerra en Oriente Medio avanzando y con la inmigración como otro de sus ejes. Por ejemplo, ya el pasado mes de enero el Gobierno anunció anunció nuevas medidas migratorias que permitirán la expulsión de ciudadanos no daneses condenados a al menos un año de prisión por delitos graves, según confirmó entonces el gabinete. Además, Frederiksen se ha mostrado a favor de acelerar las deportaciones, algo que también comparte el centroderecha tradicional. "No deberíais estar aquí" La socialdemocracia danesa siempre se ha caracterizado por una política migratoria más dura que sus homólogos en el resto de Europa. En este sentido, la primera ministra lideró junto a Giorgia Meloni a finales de 2025 una iniciativa para frenar la forma en que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos interpreta el Convenio Europeo de Derechos Humanos. "No queremos vuestra conducción temeraria ni vuestra cultura de dominación", dijo Frederiksen en referencia a los inmigrantes irregulares: "No deberíais estar aquí". Por otro lado, para estas elecciones, el bloque de centroderecha formado principalmente por Venstre, el partido moderado y otras fuerzas liberales o conservadoras no presenta un programa único, pero sí comparte varias propuestas claras. En el plano económico, defienden políticas más favorables al mercado, como la contención o reducción de impuestos y una gestión más eficiente del gasto público. Esto se ve, por ejemplo, en su rechazo a nuevas cargas fiscales como el impuesto a la riqueza planteado por la izquierda, apostando en cambio por incentivar la inversión y el crecimiento económico. En materia política y social, el centroderecha también pone el foco en una línea dura en inmigración (continuando una tendencia ya fuerte en Dinamarca), el refuerzo de la seguridad y un aumento del gasto en defensa, precisamente en el contexto de tensiones internacionales como la crisis en Groenlandia, pero también la guerra en Irán o la situación en Ucrania. Además, algunos partidos del bloque, como los conservadores y nacionalistas, enfatizan la identidad nacional, el control fronterizo y una posición más escéptica frente a una mayor integración europea. Es más, Frederiksen, que ha gobernado con los Verdes y con los liberales en coalición, también se puede encontrar cómoda con algunas propuestas del conservadurismo clásico. Su último Gobierno ha sido transversal. Tal es así que el principal rival de Frederiksen en estos comicios es Troels Lund Poulsen, candidato del Vestre y que hasta ahora ha sido vice primer ministro y ministro de Defensa, sí, en el momento más decisivo para esos temas. También tendrá que competir con Lars Lokke Rasmussen, ministro de Exteriores y la opción de los moderados: cabeza visible durante la crisis de Groenlandia, Rasmussen es visto como el hombre de los grandes acuerdos y quienes le elogian dicen que prefiere los pactos frente a la ideología. Dinamarca busca estabilidad -y quizá reedición del Gobierno- en unas elecciones con márgenes estrechos pero donde no solo Frederiksen puede salir reforzada, sino un bloque centrista que ha llevado a Copenhague a plantar cara a Trump. Y eso, hoy por hoy, no es poco.

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