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Discos de la semana: del rock de 091 y las perturbaciones de Charli XCX

2026-02-23 - 09:03

Esta es la selección que han hecho los críticos de ABC de los discos que se han publicado esta semana. Cantes de la vieja escuela alumbrados en las brumas de la duermevela, en algún lugar de la medianoche, entre sueños y sombras. Sabiduría destilada en los callejones, aforismos al borde del abismo, la irrefutable certeza de la confusión... Más de cuatro décadas después de su estreno discográfico, la mítica banda granadina agiganta su culto con un estupendo disco de sabia madurez que puede mirar a la cara casi sin pestañear a sus obras capitales ('Doce canciones sin piedad', 'El baile de la desesperación', 'Tormentas imaginarias'... cada fiel puede armar y ordenar su propio podio) y que borra por completo ese agridulce regusto a celebración de la nostalgia que dejaba hace ya seis años el simplemente apañado 'La otra vida', su inesperado regreso tras casi dos décadas de barbecho. A pesar de flechazos instantáneos como 'Algo parecido a un sueño' o 'Antes de que salga el sol', medios tiempos inapelables que remiten a clásicos de la banda como 'Esta noche' o 'La noche que la luna salió tarde', la primera escucha de 'Espejismo no9' tampoco anuncia la verdadera dimensión de unas canciones en las que el fan histórico puede echar de menos el nervio y la crudeza que definían su música junto a la amarga y profunda mirada poética de José Ignacio Lapido. Pero el sonido orgánico, articulado en torno a una mayor presencia de los teclados, va dando tiempo y espacio, abrigo y cobijo, para el crecimiento de unas melodías sin compasión, reforzadas con unos estupendos juegos de voces que hasta ahora no eran precisamente marca de la casa. La estupenda 'Piezas de desguace' , título que parece querer cerrar un círculo con el de su debut, 'Cementerio de automóviles', es el techo de esta transformación. Lejos de los automatismos de algunos de los últimos discos de Lapido en solitario y con la voz de José Antonio García más versátil y contenida que nunca, el espejismo de unos Cero con mayúsculas se materializa en un trabajo sobrio y jugoso al tiempo, con hallazgos y detalles inesperados como el brío power pop de 'Una revelación', el blues canónico de 'Dormir con un ojo abierto', el guiño a sus también míticos paisanos Los Ángeles en la ligeramente lisérgica 'Puede que el tiempo' o el maravilloso soul atmosférico de 'Ven vestida de nube', impensable para aquella banda urgente y desafiante que enamoró a Joe Strummer a mediados de los ochenta. Pero unas cuantas vidas y una resurrección después, el gran mérito de los granadinos es el de haber sido capaces de renovar su vigencia adaptando su herencia a otro tiempo y a otro lugar, sin sacrificar su esencia. Aquí y ahora, lo sepas o no, siguen siendo la mejor respuesta posible a las preguntas que siempre se quedarán sin contestar. «Actualmente me siento más inspirada por el cine que por la música», reconoció Charli XCX hace dos años. La directora Emerald Fennell le propuso entonces componer una pieza para la banda sonora de 'Wuthering heights' ('Cumbres borrascosas'). ¿Me estás desafiando? Pues sí, y la compositora británica se presentó con una ristra de temas escritos, además, mientras estaba de gira con su exitoso álbum 'Brat' (Atlantic, 2024). El resultado es este rompepiernas dulce y brutal al mismo tiempo, deliberadamente oscuro, que conecta desde el principio con el corazón de la novela que Emily Brontë publicó en 1847. La música de Charlotte Aitchison, al igual que la historia original, es romántica y perturbadora a partes iguales, lo suficiente como para convertir este disco en un nuevo volantazo en su carrera. Otro más. 'House', la primera, con nada menos que John Cale recitando un poema misterioso y la distorsión y los gritos de Charli de fondo, seguida de 'Wall Of Sound', es la mejor muestra de ello. Un listón altísimo que se desinfla un poco a medida que el pop más previsible le gana terreno a la experimentación. Nada sangrante para sus seguidores, pues estas 12 canciones se parecen más a cualquiera de sus discos anteriores que a una banda sonora, pero habría sido más disfrutón y valiente con menos amor y más venganza, con menos épica y más violencia (musical, se entiende). ¿Se le puede pedir tanto a una estrella del pop con más de 30 millones de reproducciones mensuales en Spotify que quiere seguir reinando? Quizá no. De los niños prodigio de la industria del ocio lo sabíamos casi todo, mayormente de su final, de lo mal que acaban. De los viejos prodigio, sin embargo, apenas hay literatura médica. Paul Anka es prodigioso por partida doble. Ahí sigue el hombre, a punto de cumplir 84 años y con siete décadas de carrera musical, grabando cosas tan bonitas como este 'Inspirations of Life and Love', apoyado a distancia por una sinfónica de la Europa del Este y en el que se recrea y rebulle, adormilado, en los laureles de una vejez que, entendida como clasicismo, empezó a cultivar hace tanto tiempo que le ha evitado males mayores, propios de quienes no terminan de aceptar su decrepitud. Hay un par de 'standards' en este trabajo, casi de despedida, reivindicación de su pasado y de un presente en el que aún está, y una notable colección de piezas nuevas, entre las que destacan 'Boulevard' y 'Anytime'. Ya repasó Anka el pop de los años ochenta y noventa en la lección magistral que representó 'Rock Swings'. Le toca ahora echar una cabezada, inspiradísima, mientras contempla el cielo desde la ventanilla del avión a la que se asoma en la portada de este disco, prodigio de viejo. Ahora que todos vivimos con los receptores de dopamina fritos y en la que el déficit de atención es la norma, los artistas se esfuerzan por reclamarla y evitar que se desvíe con un ‘scroll’ hasta el siguiente estímulo. Pasa con Geese, pasa con 100 Gecs, pasa hasta con Rosalía. ¿Cuándo fue la última vez que escuchó un segundo de silencio en una canción? Si es eso lo que está buscando, aquí tampoco lo va a encontrar. hemlocke springs, el nombre artístico de Isimene Udu, saltó al estrellato en TikTok, viralizando sus canciones. Entender el algoritmo es necesario para triunfar, pero también lo es que suene bien –créanme, si no, no se consigue–. ‘the apple tree under the sea’ sobresale en ambos aspectos y, a pesar de contar a ratos con una estética ochentera, gracias principalmente a los sintetizadores, es moderno y una media hora muy, muy divertida. Si tiene problemas concentrando su atención, no se lo pierda. Un Croak Dream, al parecer, es un clásico tipo de sueño en el que tú mismo ves tu final, te ves palmando, abandonando la siempre fértil tierra de los vivos. Y bueno, sí, algo de onírico tiene este trabajo con ecos trip-hoperos claros pero que toca muchos paisajes distintos y sustanciosos, aunque con una gran nota discordante en 'Silently', que me parece heredera del peor pop de politonos de principios de siglo. Que eso no nos nuble. La mejor es la propia 'Croak Dream', con su clip de videojuego de la Play 1, un crescendo radioheadiano que sabe encontrar muy bien con qué sonidos ir subiendo la apuesta cada treinta segundos. El inicio del disco también es recomendable. A ratos la voz recuerda a otros cantantes, pero con menos potencia. En general sí, el cerebro tras Puma Blue (Jacob Allen) sabe envolverse de una buena producción, un tanto atemporal, pero deja la voz como el elemento que menos destaca. Aunque como esto roza también con cierta actitud trapera, aquí no se pueden pedir títulos del conservatorio. Y a veces, como en 'Yearn Again', se la distorsiona con unos fantásticos trémolos metálicos y le convalidamos el título.

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