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Divertimentos para hombres imbéciles

2026-03-06 - 12:23

Como hombre imbécil, me gusta divertirme. Y cuando digo «hombre» no me refiero a «ser humano», sino a varón: con mis gónadas, mis digestiones pesadas, mis concepciones absurdas del mundo, mis comportamientos simiescos y mi egocentrismo de ganador . Para que otros varones no se sientan aludidos, que se estén tranquilos: cuando digo «imbécil» les separo a ellos, benditos carapijos, de mi grupo. Por las características inherentes a nuestro género machuno, todo buen hombre imbécil disfruta con películas de acción . Esta subclasificación de las narrativas de aventuras se implantó en los años ochenta pero antes tuvo que cocinarse en el cine de artes marciales de Hong Kong -el paradigma: 'El furor del dragón', con Bruce Lee y Chuck Norris (1972)- y en precursoras como 'El justiciero de la ciudad' (1974) con Charles Bronson. La definitorias del subgénero, ya definitivamente norteamericanizado: 'Rambo' (1982) con Stallone y 'Commando' (1986) con Schwarzenegger . Los únicos actores que deberían estar preocupados por la IA son los de acción. No hay nada que ponga más a un informático incel que las explosiones, las tías buenas y los malos empalados. Mientras llegan los intérpretes simulados, las plataformas rebosan de esos títulos, plaga similar a la de un fenómeno imbécil femenino: las películas románticas. Mil ejemplos: la saga 'Extracción' (Netflix) con Chris Hemsworth extrayendo a lo macaco, 'Los hermanos demolición' (Prime) con Jason Momoa y Dave Bautista hermaneando a lo macaco, 'Refugio mortal' (Prime) con Dave Bautista refugiándose a lo macaco, o 'El protector' y 'A working man' (Prime) con el mito Jason Statham macaqueando, a secas. Entre tantas bellezas imbéciles , a veces te encuentras una de perfección sublime : 'Jefes de estado' (Amazon) con John Cena e Idris Elba. La premisa es tan absurda -el presidente de USA y el primer ministro de Inglaterra, a mamporros-, su inicio -en la tomatina de Buñol- es tan absurdo y su desenlace es tan absurdo que la he colocado en el olimpo de obras maestras para imbéciles como yo. Disfruté tanto con ella que me devolvió a mi adolescencia, cuando vi en el cine Ayala de Oviedo 'Air Force One' con Harrison Ford , presidente de los USA, a hostia limpia en su avión. Recuerdo haber pensado «qué imbecilidad» con una tremenda sonrisa en la cara.

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