¿Dolor cervical en el trabajo? Causas y lo que puedes hacer para tratarlo y prevenirlo
2026-01-26 - 06:24
Tras un período de vacaciones como puede ser el navideño, es habitual que la vuelta a la oficina venga acompañada de dolores o molestias en la espalda y en la zona cervical debido a las largas jornadas laborales sentados. El dolor cervical o cervicalgia se define como una molestia localizada en la nuca y las vértebras cervicales que puede extenderse al cuello, la cabeza o incluso las extremidades superiores. Este tipo presenta una tasa de prevalencia anual superior al 30%, teniendo una incidencia más alta en trabajadores de oficina, y es responsable de entre un 11-14% de bajas laborales. Álvaro García Rosado, fisioterapeuta del Health Center Quirónprevención aclarara que este tipo de dolor no siempre es debido a artrosis, de hecho, los estudios científicos demuestran cómo no existe relación entre artrosis cervical o cervicoartrosis y el dolor cervical. La artrosis es el desgaste degenerativo del cartílago de las articulaciones y tiene la misma incidencia en personas con dolor que sin dolor. En cambio, la causa más común del dolor cervical viene de lesiones o anomalías en las partes blandas, músculos, ligamentos, discos y nervios, así como en las vértebras y sus articulaciones, debidas a traumatismos o deterioro progresivo. Los tipos, causas y síntomas de dolor cervical La columna cervical se caracteriza por ser la zona más móvil de la columna vertebral, lo que le permite una gran movilidad. Precisamente por ello, también es más vulnerable al dolor, siendo la segunda localización más frecuente, solo por detrás de la zona lumbar. En función de su tiempo de evolución puede clasificarse en tres tipos: cervicalgia aguda, es de aparición repentina, dura pocos días, aproximadamente las seis primeras semanas; subaguda, si se prolonga de seis semanas a seis meses; o cervicalgia crónica, cuando ya se extiende a más de seis meses. Este dolor puede ser el resultado de sobrecargas musculares causadas por posturas cotidianas mal adaptadas, por ejemplo, por el uso prolongado del móvil, el ordenador o incluso una mala postura al dormir. También se asocia a la falta de actividad física, a la tensión muscular, al estrés y a movimientos bruscos o sobreesfuerzos. En cuanto a los síntomas, el más habitual es el dolor y la rigidez en el cuello, que dificulta su movilidad. En algunos casos, puede irradiarse hacia los brazos y provocar hormigueo o adormecimiento en los dedos de las manos, o extenderse a la cabeza causando cefaleas. En situaciones más severas, también pueden aparecer mareos y náuseas. El dolor cervical puede ser el resultado de sobrecargas musculares causadas por posturas cotidianas mal adaptadas. Tratamiento y recomendaciones Dado que el sedentarismo es uno de los principales factores desencadenantes, desde Quirónprevención recomiendan mantener una vida activa, incorporando ejercicio regular para fortalecer la musculatura del cuello, los hombros y la espalda. Asimismo, es fundamental cuidar la postura en el puesto de trabajo, manteniendo la espalda y el cuello alineados y respetando la curvatura natural de la columna. Se aconseja realizar pausas activas cada 45-60 minutos y practicar estiramientos o ejercicios suaves cada dos horas para liberar la tensión acumulada. García Rosado también recomienda ajustar correctamente la altura de las pantallas, utilizar sillas ergonómicas y evitar mantener posturas fijas durante periodos prolongados. La aplicación de calor local, mediante almohadillas térmicas o duchas de agua caliente, puede aliviar notablemente las molestias. Igualmente, es importante prestar atención a la higiene postural durante el descanso nocturno, evitar cargar bolsos o mochilas excesivamente pesados y gestionar el estrés mediante técnicas de relajación. El tratamiento fisioterapéutico desempeña un papel clave en el control del dolor cervical, mediante masajes y terapias locales que favorecen la relajación muscular y mejoran la movilidad del cuello. Como complemento, pueden realizarse duchas diarias con agua a la mayor presión y temperatura tolerables, dirigidas a la zona del cuello y los hombros durante 10-15 minutos, seguidas de ejercicios de flexoextensión, rotación y lateralización cervical durante otros 10-15 minutos. En casos necesarios, también puede recurrirse al uso de analgésicos, antiinflamatorios o relajantes musculares, siempre bajo supervisión médica. Para tratar la cervicalgia se recomienda un estilo de vida activo, cuidar la postura en el trabajo y en el descanso y el tratamiento fisioterapéutico. Posibles complicaciones Además del riesgo de cronificación, que puede derivar en un dolor persistente y una limitación funcional incapacitante, la cervicalgia se irradia a otras partes del cuerpo causando molestias en los oídos, alteraciones visuales o dificultad para movilizar las extremidades superiores. Cuando el tratamiento conservador no ofrece resultados o el dolor es especialmente severo, puede valorarse la cirugía mínimamente invasiva. En los últimos años, el avance de las técnicas quirúrgicas ha mejorado notablemente el pronóstico de los pacientes, reduciendo el dolor postoperatorio, el riesgo de complicaciones y el tiempo de recuperación. Entre las intervenciones más frecuentes se encuentran aquellas destinadas a eliminar hernias discales, liberar nervios comprimidos o estabilizar vértebras desplazadas. Gracias al uso de tecnología de alta precisión y a la monitorización intraoperatoria, los resultados suelen ser seguros y eficaces. No obstante, desde el Health Center Quirónprevención, García Rosado tranquiliza, la mayoría de los pacientes mejora sin necesidad de cirugía, mediante tratamientos conservadores que combinan medicación, fisioterapia personalizada, ejercicio terapéutico y técnicas de control del dolor como la radiofrecuencia o las infiltraciones. Aunque la cirugía es mínimamente invasiva y sus resultados son seguros y eficaces, la mayoría de pacientes mejoran sin necesitarla.