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Eduardo Casanova busca en su documental 'Sidosa' desestigmatizar el VIH a través del cine y la cultura

2026-03-11 - 16:43

Cuando comenzaron a proliferar las infecciones por VIH en los años ochenta, arrancó también una ola de prejuicios hacia las personas que sufrían el sida. En una época en la que todavía no se habían logrado muchos avances en los derechos del colectivo LGTBIQ+ y drogas como la heroína mataban a miles de personas en los barrios obreros, esta enfermedad se relacionaba principalmente con prácticas homosexuales o con drogadicciones. Incluso grandes celebridades como Freddie Mercury ocultaron que tenían el sida hasta sus últimos instantes de vida. En las décadas posteriores se han logrado muchos avances médicos y científicos, hasta el punto de que una persona que contrae el VIH puede con medicamentos controlar el virus hasta volverlo indetectable e intransmisible y vivir una vida normal y corriente. Sin embargo, quienes sufren el VIH siguen padeciendo el estigma que conlleva, y este también es el caso de Eduardo Casanova, que busca superar todos los prejuicios sobre esta enfermedad en el documental Sidosa, presentado en la 29a edición del Festival de Málaga. El largometraje, dirigido por Lluís Galter y Màrius Sánchez y con la participación de Jordi Évole, acompaña al actor y director durante los meses que estuvo pensando cómo contar que tiene VIH. Contrajo la enfermedad con 17 años, en plena juventud y durante los años de mayor éxito de Aída, la serie que le consolidó en la industria del cine y la televisión. Desde entonces, ha estado yendo a hospitales en secreto, ocultando su circunstancia a la mayoría de sus seres queridos y temiendo el rechazo de la gente de su alrededor. Sidosa es la respuesta a años de silencio, la decisión de Eduardo Casanova no solo de contar que tiene VIH, sino de mostrar cómo fue armándose de valor para comenzar a revelarlo a su círculo y posteriormente a la sociedad. Para realizar el documental, eligió a Jordi Évole como su acompañante, formando una pareja improbable que sin embargo encaja de maravilla, con el contraste entre la espontaneidad y el humor del cineasta y la sinceridad y naturalidad del presentador. Nadie debe pensar que Sidosa es una especie de segunda parte de Philadelphia (1993). Lejos de ser un drama, el documental trata de forma natural algo tan serio y delicado como esta enfermedad. Tiene momentos para todo, para llorar, empatizar, comprender y también reír. Es, por lo tanto, como la vida misma, tanto drama como comedia. El largometraje es novedoso en todos los sentidos, ya que además de seguir a Eduardo en los meses previos al anuncio, también incluye imágenes de archivo de épocas pasadas para poner en perspectiva lo estigmatizados que estuvieron el VIH y el sida, así como lo que queda por hacer. Todo esto también se intercala con fragmentos de La peste rosa, el cortometraje protagonizado por Lucía Díez (Silencio) que Casanova ha querido dirigir para integrarlo en Sidosa. El corto sigue la línea de gran parte de la filmografía del cineasta: mucho color, prótesis imposibles y body horror. Otra de las claves del documental es entender que todos estos elementos, así como la propia obra creativa de Casanova, son una respuesta a su relación con la enfermedad durante tantos años y a su necesidad de contarlo sin tener el valor suficiente para hacerlo. Tras mucho meditarlo, Eduardo Casanova dio el paso y contó a todo el mundo que tiene el VIH. Pero lo más importante, ahora tiene el coraje suficiente para ponerse en primera fila en la lucha para desestigmatizar esta enfermedad, así como todos los prejuicios asociados al sida. Hay muchas formas de contribuir, y él ha escogido la suya propia en Sidosa, pero lo importante es que llegue el mensaje alto y claro.

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