EEUU llega debilitado al choque petrolero que puede provocar la guerra en Irán
2026-03-14 - 07:33
El problema no está únicamente en Oriente Medio. Está en el momento. Washington afronta el riesgo de un nuevo shock energético con una economía que pierde velocidad en varios frentes al mismo tiempo. El PIB estadounidense del cuarto trimestre se ha rebajado hasta el 0,7% anualizado, frente al 1,4% estimado inicialmente y muy lejos del 2,8% que esperaban muchos analistas. La corrección se explica sobre todo por el consumo personal, que representa cerca de dos tercios de la economía del país y cuya contribución ha sido mucho menor de lo previsto. Ese dato llega acompañado de otro síntoma de enfriamiento. Durante el último año el mercado laboral apenas ha creado una media de 13.000 empleos mensuales. Una cifra muy baja para una economía del tamaño de Estados Unidos y muy lejos de los ritmos que suelen acompañar a las fases de expansión. Y es en ese contexto donde aparece ahora el riesgo de un nuevo shock energético. La guerra con Irán ha devuelto el petróleo al centro del tablero económico internacional justo cuando varios indicadores macroeconómicos estadounidenses empiezan a perder impulso. Los últimos datos de inflación publicados esta semana parecían, en principio, una buena noticia. El índice PCE, la referencia favorita de la Reserva Federal (Fed), cayó en enero hasta el 2,8% interanual desde el 2,9% del mes anterior. El consenso esperaba un 2,9%. La cifra fue ligeramente mejor de lo previsto. Pero la lectura completa es menos tranquilizadora. La inflación subyacente se mantuvo en el 3,1%. Tres meses consecutivos por encima del 3%. Y además esos datos reflejan una economía anterior al nuevo factor de tensión que domina ahora mismo los mercados. El petróleo. El informe de inflación captura la evolución de los precios hasta enero. El conflicto en Oriente Medio llegó después, así que el impacto energético todavía no aparece en esas cifras. Eso explica la reacción de los inversores. La inflación reciente no sorprendió, pero la inflación futura preocupa mucho más. Un análisis reciente sobre los datos de precios en Estados Unidos señalaba precisamente ese punto ciego. Las cifras actuales son retrospectivas. El verdadero riesgo podría aparecer en los próximos meses si el encarecimiento del petróleo termina trasladándose a los precios finales. Y el mercado ya actúa como si ese escenario fuese posible. Mientras tanto, Donald Trump no ha ocultado su frustración. El presidente volvió a exigir públicamente a Jerome Powell un recorte inmediato de tipos de interés. “¿Dónde está hoy el presidente de la Fed, Jerome Powell, que “llegó demasiado tarde? ¡Debería bajar las tasas de interés INMEDIATAMENTE, sin esperar a la próxima reunión!”, escribió Trump en su red social Truth Social. Pero el mercado se está moviendo en dirección contraria. Antes del inicio del conflicto con Irán, los inversores esperaban varios recortes de tipos a lo largo del año ante el enfriamiento del mercado laboral. Ahora esas apuestas empiezan a desaparecer y ese cambio ha empezado a trasladarse a los mercados de deuda, incluido el estadounidense. Los bonos empiezan a oler inflación energética La rentabilidad esperada de una cartera global de renta fija ha subido hasta el 3,58% desde el 3,38% que se anticipaba antes del estallido del conflicto, según datos recopilados por Bloomberg y Barclays. Es el nivel más alto desde julio del año pasado. El mecanismo es conocido. Si los inversores creen que la inflación volverá a subir, también anticipan tipos de interés más altos. Y eso presiona a la baja el precio de los bonos existentes. Pero la reacción del mercado de deuda tampoco ha sido lineal. Los analistas de Muzinich&Co recuerdan que, en episodios de tensión geopolítica, lo habitual es que los inversores busquen refugio en los bonos y que las rentabilidades caigan. Eso ocurrió durante las primeras horas del conflicto. Sin embargo, esa dinámica cambió rápidamente y los inversores empiezan a cuestionar el margen real que tienen los bancos centrales para responder a una nueva presión inflacionista cuando los niveles de deuda pública son históricamente altos. Ese problema se ve con claridad en Europa, pero sobre todo en Estados Unidos. Bret Kenwell, analista de eToro, señala que “la evolución del IPC, el empleo y el PIB en Estados Unidos deja a la Fed en una situación compleja”. Y los últimos datos económicos refuerzan esa lectura. Kenwell advierte además de que el indicador de inflación preferido de la Fed sigue enviando señales peligrosas: “el PCE envía una señal más preocupante, con una inflación interanual que se mantiene mucho más cerca del 3% que del objetivo del 2% de la Fed”. Ese es el escenario que preocupa ahora mismo a los inversores. Si el petróleo se mantiene elevado durante varios meses, el impacto terminará filtrándose al resto de la economía, especialmente a través del transporte, la logística y los costes industriales. La inflación actual todavía no refleja ese proceso. Pero los mercados financieros sí están empezando a descontarlo. Si Irán cambia, el mapa del petróleo también Mientras tanto, la Casa Blanca sigue mirando el conflicto con una lógica más amplia que la del corto plazo. Algunos analistas creen que, si Washington logra cambiar el régimen político en Irán y Venezuela, el equilibrio energético mundial podría cambiar durante décadas. Ambos países concentran algunas de las mayores reservas de petróleo del planeta y han sido durante años una fuente recurrente de disrupciones en el suministro global. Las estimaciones de la firma Rystad Energy apuntan a que la producción iraní podría aumentar gradualmente desde los actuales 3,2 millones de barriles diarios hasta cerca de 3,6 millones en los próximos años si se levantan las sanciones y regresan las inversiones internacionales. Ese volumen adicional reduciría una de las mayores primas geopolíticas que ha acompañado al petróleo desde la revolución iraní de 1979, un factor que durante décadas ha añadido volatilidad estructural a los precios de la energía.