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El actor más conflictivo (y más premiado): por qué Sean Penn no quiso recoger su tercer Oscar

2026-03-17 - 06:03

En la 98 edición de los Oscar era evidente que Una batalla tras otra iba a ganar Mejor película trayendo la consagración definitiva de Paul Thomas Anderson, pero al margen de este combo había bastantes incógnitas. Por ejemplo en la terna de Mejor actor de reparto, donde competían Stellan Skarsgård por Valor sentimental, Delroy Lindo por Los pecadores, Jacob Elordi por Frankenstein y dos secundarios de Una batalla tras otra: Sean Penn y Benicio del Toro. Ha ganado el primero. Pero eso no ha terminado con las incógnitas, pues Penn no acudió a recibir su Oscar y... no ha trascendido el motivo. Kieran Culkin, galardonado el año pasado en esta categoría por A Real Pain, fue quien apareció en vez de Penn: “No ha podido (o no ha querido) venir, así que lo recojo en su lugar”. El propio Culkin ya dejaba entrever que no había sido cosa de fuerza mayor, sino que Penn se habría negado a acudir como muestra de desdén por la Academia. El New York Times, posteriormente, dio un par de pistas. Durante la última semana Penn había estado de viaje por Europa, y en lo que respecta al fin de semana planeaba visitar Ucrania. Posiblemente para reunirse con su gran amigo Volodímir Zelenski, presidente del país que a día de hoy sigue sufriendo el asedio de Rusia. Pero esto solo es especulación: Penn no ha dado ningún motivo oficial para saltarse esta ceremonia, y no haber acudido a recibir personalmente su premio. No pilla de nuevas este rechazo a los Oscar. Penn tampoco estuvo presente al ganar el BAFTA y el Actor Award (del Sindicato de Actores) en esta carrera, y durante la única gala donde se dejó ver, los Globos de Oro, fue para mostrar su hastío por los premios fumando frente a las cámaras (en esta gala además perdería a manos de Skarsgård). La situación se antoja más chocante por cuanto caemos que este es el tercer Oscar de Penn. Y su sexta nominación. El actor estadounidense fue candidato por primera vez en 1996 por Pena de muerte, luego en 2000 por Acordes y desacuerdos y en 2002 por Yo soy Sam. Hasta que, desde que ganara el premio en 2003 por Mystic River, todo han sido victorias. Penn ganó por este clásico de Clint Eastwood, luego por Mi nombre es Harvey Milk en 2008 y ahora por Una batalla tras otra. Lo que le convierte en uno de los pocos actores de la historia con tres Oscars, junto a Daniel Day-Lewis, Frances McDormand, Meryl Streep, Jack Nicholson, Ingrid Bergman y Walter Brennan. ¿Se trata, entonces, de un amor no correspondido? ¿Por qué Penn se empeña en mantener tanta distancia de los Oscar cuando es evidente que la Academia siente una gran admiración por él? Acordes y desacuerdos con Hollywood La razón fundamental es de índole política, pero tampoco habría que dejar de hacer hincapié en el carácter difícil del actor. Hablamos de una estrella que, considerada el nuevo James Dean, nos brindó escenas tan extremas en los años 80 como la de su boda con Madonna, cuando recibió a los paparazzi que iban en helicóptero disparándoles con su pistola. Y la cosa se puso incluso peor después: su matrimonio con la cantante no pudo ser más turbulento, y habría concluido con Madonna amordazada durante horas por Penn antes de pedir el divorcio. Penn siempre negó que esto ocurriera, por lo demás, y años después Madonna también. El carácter violento de Penn le llegó a llevar a prisión por agredir a los fotógrafos en esa época. Pero ciñéndonos a los posicionamientos que habrían causado su distancia frente a Hollywood, nos topamos de entrada con que el padre de Penn, Leo Penn, fue un director de cine y televisión que sufrió lo suyo con la caza de brujas de McCarthy en los años 50. Su hijo más tarde se definiría como alguien ferozmente de izquierdas, que apoyaría tanto a Fidel Castro como a Hugo Chávez. En 2002 Penn fue la estrella de Hollywood que más ruido hizo al posicionarse en contra de la guerra de Irak, algo que resonó en la propia gala de los Oscar. Fue cuando ganó su primer premio, por Mystic River, y sobre el escenario Penn dijo: “Si hay algo que los actores saben, aparte de que no había armas de destrucción masiva, es que no existe tal cosa como ‘el mejor’ de la interpretación”. Penn sostenía que no había armas de destrucción masiva y que solo eran una excusa del gobierno de George Bush para hacer la guerra. La historia le ha dado la razón. Al ganar por Harvey Milk Penn estuvo más conciliador, manifestándose a favor de los derechos LGTBIQ+. Comenzaba a partir de entonces una suerte de exilio de Hollywood del que solo saldría esporádicamente para presentar sus películas como director (que, entre Diré tu nombre o El día de la bandera, nunca tuvieron demasiado éxito), mientras protagonizaba estrafalarios titulares como el de 2015, cuando tuvo una entrevista histórica con El Chapo Guzmán que le publicó Rolling Stone. Ese mismo año tuvo otra polémica al pasarse por Hollywood para darle el Oscar a Mejor película a Alejandro González Iñárritu. Fue cuando no se le ocurrió otra cosa que recibirle con una broma de mal gusto: “¿Quién le ha dado la tarjeta de residencia a este tío?”, le dijo al cineasta mexicano. Que Iñárritu calificara la broma como “muy divertida” y que Penn asegurara que solo estaba satirizando el carácter xenófobo de EEUU no ayudó demasiado a mejorar su imagen. Por lo demás, el activismo de Penn también le había llevado previamente a encabezar una heroica misión de rescate en Haití tras los terremotos, un lustro antes. Mientras que el estallido de la guerra de Ucrania le dio una nueva causa con la que obsesionarse. Contrajo, entonces, una gran amistad con su presidente, y le regaló uno de sus Oscars. Más tarde amenazó con que, si la Academia no dejaba hablar a Zelensky en la gala de 2022, fundiría su Oscar. Y eso es más o menos todo, aunque podríamos añadir algunas declaraciones fuera de tono (“Los hombres se han feminizado enormemente”, dijo el año pasado) o sus críticas recurrentes al funcionamiento de Hollywood. “Los productores de la Academia han mostrado una cobardía extraordinaria al limitar la imaginación y las expresiones culturales”, dijo hace un par de años en el Festival de Marrakech: “No me entusiasma mucho lo que llamamos premios de la Academia”. Pese a todo, a ellos sí les entusiasma Sean Penn.

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