TheSpaineTime

El agua potable, en el punto de mira: las desalinizadoras se convierten en objetivo militar de Irán y de la alianza Israel-EEUU

2026-03-10 - 05:13

Se dice desde hace años: las guerras del futuro serán por el agua. De momento, parece que los conflictos del siglo XXI siguen siendo por los recursos energéticos. Sin embargo, la ofensiva de Israel y Estados Unidos contra Irán está mostrando que el agua ya está en el punto de mira. En concreto, las plantas desalinizadoras de Irán han empezado a ser objetivo de los ataques de Tel Aviv y Washington, y las de países del Golfo objetivo de Teherán. El agua es indispensable para el ser humano. Es la base de la vida. Y aunque nos hayamos acostumbrado a su presencia y al hecho de que al girar un grifo salga sin mayor esfuerzo, el agua es más escasa de lo que pensamos. Unos mil millones de personas en todo el planeta no tienen acceso al agua potable. Esa escasez ya ha causado entre las naciones un aumento de las tensiones, aunque no siempre el agua parezca la razón visible. Si hay algo que no sobra en Oriente Próximo es el agua. Se trata de una de las regiones con más escasez de agua del mundo, con un acceso muy limitado al agua potable. De hecho, el agua subterránea sumada a la procedente de la desalinización suman cerca del 90% de los recursos hídricos de la región, según un informe de 2020 del Centro de Investigación del Golfo. Casi el 40% del agua desalinizada en el mundo Al agua escasa se suman dos factores más. De un lado, el rápido crecimiento de las ciudades de la región que ha atraido a miles de trabajadores extranjeros. En la región viven actualmente cerca de 100 millones de personas. De otro, el cambio climático, que está causando una importante merma del agua subterránea. Por todo ello, hay cada vez más plantas desalinizadoras de agua marina en esa parte del mundo. En las costas del Golfo Pérsico, entre los Emiratos Árabes Unidos y Kuwait funcionan unas 450 de estas plantas. Los países del Consejo de Cooperación del Golfo representan alrededor del 60% de la capacidad mundial de desalinización del agua. Según datos del Centro Árabe de Washington, representan casi el 40% del agua desalinizada en el mundo. Las naciones de esta parte del globo dependen de estas instalaciones para la mayoría de su suministro de agua de beber. Por ejemplo, más del 90% del agua potable de Kuwait proviene de plantas de desalinización; el 86%, en Omán; el 85%, en Bahréin; el 70%, en Arabia Saudita; y alrededor del 42%, en Emiratos. Y así, estas instalaciones se han convertido en objetivo estratégico de cualquier agresión militar. Irán, sequía y acuíferos sobreexplotados Pero Irán está peor y este verano estuvo al borde del colapso hídrico. En agosto pasado entró en su quinto año consecutivo de sequía. Durante el estío, el 80% de sus embalses estaban prácticamente vacíos. En pleno verano, "Teherán podría quedarse sin agua", reconoció el presidente Masoud Pezeshkian. La sequía se ceba en un país donde, recoge Atalayar, hay sobreexplotación de los acuíferos, mala gestión hídrica y una infraestructura colapsada. Cerca del 90% del agua dulce de Irán se destina a la agricultura (de riego ineficiente). Y aún así, según estimaciones oficiales, más del 70% de las aldeas rurales están en riesgo de despoblamiento porque falta agua. Irán no ha apostado por las desalinizadoras o no en la misma medida que sus vecinos del oeste. Aquí apenas representan el 3% del agua dulce a disposición. En su lugar, el régimen de los ayatolás ha apostado por megaproyectos de trasvase interregional de agua, como el traslado de agua desde el mar Caspio o las represas de provincias del norte hacia Teherán. El problema no se ha resuelto, sólo se ha trasladado. Desalinizadoras, recurso vital, objetivo estratégico El pasado sábado, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, aseguró que EEUU había atacado una planta desalinizadora en la isla de Qeshm, en el sur de Irán. Al día siguiente, Bahréin dijo que drones iraníes habían sido lanzados contra una de sus plantas de ese mismo tipo, causando daños materiales. Y así, estas instalaciones se han convertido en objetivo estratégico de cualquier agresión militar. Aunque no hay porque disparar contra ellas: si los vertidos de los buques atacados en el Golfo Pérsico llegaran hasta la costa, las desalinizadoras dejarían de funcionar. No obstante, habrá que recordarlo: según el derecho internacional, las plantas desalinizadoras están protegidas y no deben ser atacadas. "Atacar una planta de desalinización en Bahréin supone un paso importante y representa una grave escalada", le ha dicho a The New York Times el académico omaní de la Universidad de Waseda en Japón, Abdullah Baabood. "Las instalaciones de desalinización son recursos vitales esenciales que abastecen de agua potable a millones de personas. Atacarlas corre el riesgo de convertir una confrontación militar en una amenaza directa a la supervivencia civil", explica. En 2010, un informe de la CIA ya señalaba que "la interrupción de las instalaciones de desalinización en la mayoría de los países árabes podría tener más consecuencias que la pérdida de cualquier industria o producto básico". Ahora se entiende mejor que cuando la agencia de inteligencia estadounidense habla de "producto estratégico" de Oriente Medio no se refiere ni al petróleo ni al gas natural. Los riesgos de la capital de Arabia Saudita Dos años antes, un cable diplomático enviado desde la Embajada de Estados Unidos en Riad, la capital de Arabia Saudita, y posteriormente publicado por WikiLeaks, advertía de que la planta desalinizadora de Jubail suministra alrededor del 90% del agua que consume la capital. "La estructura actual del gobierno saudí no podría existir" sin la planta, añadía el cable, según recoge el NYT. Aún así, Arabia Saudita es la nación de la región que menos depende de la desalinización. Por su parte, Emiratos posee planes de contingencia ante posibles interrupciones del suministro. Pero los estados más pequeños dependen más y apenas disponen de depósitos estratégicos. Naser Alsayed, investigador ambiental, asegura a Al Jazeera que son los casos de Catar, Bahrein y Kuwait. "La desalinización es esencial para mantener la vida cotidiana en la región, lo que hace que cualquier interrupción de estas instalaciones sea particularmente significativa para la población", explica Alsayed, investigador ambiental, al canal árabe de noticias. "Apuntar o interrumpir las instalaciones de desalinización pondría en riesgo la mayor parte de la estabilidad económica y el crecimiento de la región", sostiene. Agua, impacto psicológico Pero el consumo humano de agua es sólo uno de las "misiones" clave del líquido elemento. La producción de alimentos también depende del agua. Para este fin, en el Golfo Pérsico se ha venido utilizando agua subterránea, pero "las presiones de las necesidades de la competencia pueden desviar esta agua de la producción doméstica", comenta a Al Jazeera el hidrólogo Raha Hakimdavar. Todo ello supone un posible desafío para la seguridad alimentaria. Para Alsayed, "el impacto más significativo es psicológico". Según el experto, "la percepción del riesgo puede causar miedo y pánico, lo cual es particularmente desafiante en el entorno actual de la región y donde las autoridades están trabajando para mantener la calma". Lo cierto es que, a corto plazo, dice Hakimdavar, los países del Golfo no tienen alternativa a la desalinización.

Share this post: