El 'AK-47 de los cielos': así es la tecnología del Shahed-136, el dron más simple y temido de la guerra de Irán
2026-03-10 - 05:13
Desde que Estados Unidos e Israel lanzaron el primer ataque sobre Irán en esta nueva oleada del conflicto, Teherán ha respondido con cientos de misiles y más de 1.000 drones contra países del Golfo aliados de Washington, según señala Reuters. La mayoría han sido interceptados por las defensas aéreas, pero algunos han logrado atravesar los escudos antimisiles y han causado daños en edificios residenciales y comerciales, infraestructuras y bases militares estadounidenses. Irán se ha convertido en uno de los grandes fabricantes de drones del mundo con sus distintos modelos Shahed. En cifras facilitadas por el Centro para la Resiliencia de la Información, un grupo de investigación sin ánimo de lucro financiado por el Ministerio de Asuntos Exteriores británico, el país tendría capacidad industrial para producir alrededor de 10.000 drones al mes. Sin embargo, el tamaño exacto de su arsenal de misiles sigue siendo incierto. Las estimaciones oscilan entre 2.500 proyectiles, según el ejército israelí, y hasta 6.000 según otros analistas. La cantidad que todavía conserva Teherán podría acabar siendo un factor decisivo para determinar el curso del conflicto. El Shahed-136, el modelo más utilizado Dentro del arsenal iraní, el Shahed-136 se ha convertido en el modelo predominante. Una de las claves de este sistema es que no busca ser tecnológicamente sofisticado. A diferencia de los grandes drones militares de vigilancia o combate, el Shahed-136 es un dron de ataque unidireccional: vuela hacia unas coordenadas y se destruye al impactar contra el objetivo. En la práctica, funciona como una munición guiada capaz de recorrer largas distancias antes de detonar. Pese a que el sistema de guiado es relativamente sencillo, ya que el dron no se pilota de forma remota, sino que sigue una ruta preprogramada utilizando sistemas de posicionamiento por satélite (GNSS), como GPS o GLONASS, no se trata de un ‘dron tonto’. Fuentes del sector señalan que este guiado satelital se combina con un sistema de navegación inercial comercial, lo que permite al dron mantener el rumbo incluso si pierde señal de satélite durante el vuelo. Además, incorpora un dispositivo digital de comunicaciones que podría permitir actualizar las coordenadas del objetivo o modificar el blanco durante la misión. En otras palabras: sin ser una plataforma de alta gama, tampoco se limita a funcionar como un autopiloto básico. Las sanciones y comunicados del Tesoro de Estados Unidos vinculan su producción con HESA (Iran Aircraft Manufacturing Industrial Company), una empresa estatal integrada en el aparato industrial de defensa iraní. En paralelo, Washington también identifica a Mado (Oje Parvas Mado Nafar Company) como el fabricante de sus motores. En la parte mecánica, el Shahed-136 utiliza un motor de pistón de cuatro cilindros, una solución relativamente simple inspirada en diseños civiles o de uso dual. Esa elección no es casual: abarata la fabricación y facilita producir el dron a gran escala. Su arquitectura también refleja esa filosofía. Se trata de una estructura con alas delta, fuselaje central y un motor trasero con hélice propulsora. El fuselaje utiliza fibra de vidrio y, en algunas variantes, fibra de carbono y estructuras tipo honeycomb, lo que ayuda a reducir su firma radar (que sea más difícil de detectar). Uno de los elementos más llamativos desde el punto de vista tecnológico es su electrónica. Según fuentes del sector, muchos de los componentes hallados en restos de drones derribados son de origen comercial y, en algunos casos, occidental. La combinación de aerodinámica simple y componentes comerciales permite fabricar estos drones de forma rápida y relativamente barata. Las estimaciones sobre su capacidad varían según las fuentes. Analistas especializados sitúan la carga explosiva del Shahed-136 entre 20 y 40 kilos. En cuanto al alcance, algunas evaluaciones lo sitúan en al menos 2.000 kilómetros. Sin embargo, Reuters cita a un analista del Washington Institute que habla de que los que se están utilizando en la región del Golfo tienen un alcance de entre 700 y 1.000 kilómetros. Un arma simple, pero difícil de detener Una de las claves de su éxito es que el Shahed-136 no depende de una arquitectura extremadamente sofisticada para resultar eficaz. Le basta con combinar navegación por satélite, guiado inercial, motores baratos y componentes comerciales para crear un sistema que puede fabricarse en grandes cantidades. Esto significa que su tecnología no destaca por ser especialmente avanzada. Lo que lo hace relevante es otra cosa: la facilidad con la que puede producirse, lanzarse en grandes cantidades y saturar las defensas aéreas. Por eso se ha ganado el apodo del ‘AK-47 de los cielos’.