El amor es ciego (pero solo para nosotras)
2026-02-24 - 09:23
Si tienes Netflix, te sonará un programa llamado Love is Blind, el amor es ciego. Se trata de un show de citas a ciegas que empezó en Estados Unidos y ahora tiene versión brasileña, inglesa, alemana, japonesa... La lista suma y sigue. Las temporadas se renuevan por todo el mundo y el casting de concursantes que quieren enamorarse ofrece un dibujo bastante aproximado de nuestras expectativas en el plano romántico a nivel internacional. Aquí es donde entra la historia de amor de Chris y Jess. Los treintañeros se fueron conociendo y finalmente, el vendedor de software se declaró a la doctora. Y es que esa es la premisa, que eliminando el factor físico, los productores buscan que las personas se enamoren del interior y una vez creado el vínculo emocional, se conozcan fuera de las cabinas viéndose por primera vez. El giro de volante es que unos episodios después de la revelación, Chris confiesa que no se siente íntimamente atraído por ella porque lo que a él le gustan son las chicas que hacen pilates cada día. A todo esto, él había dicho que lo que le encantaba de Jess -doctora especializada en enfermedades infecciosas que estuvo en primera línea de batalla cuando el Covid-19-, es que fuera compasiva y buena. La propia Jess no daba crédito a lo que estaba sucediendo: verse envuelta en un comentario tan superficial cuando ambos habían declarado ante las cámaras que les daba igual el aspecto que tuvieran y buscaban enamorarse de la personalidad. Porque hay que recordar que Chris Fusco es un chico corriente, con un poco de inseguridad respecto a su altura (como él mismo ha dejado entrever), pero normativo. Y es algo que puntualizo no por meterme por su aspecto, sino por reflexionar acerca de cómo funciona esta idea de buscar la belleza en el interior. En la socialización de género de las mujeres, libros, series o películas nos enseñan a ver más allá del físico de la otra persona. La bella y la bestia, Shrek o The Holiday son algunos ejemplos que se me vienen a la mente. Por no personalizarlo todo en Chris, también fue el caso de Alex Henderson, otro concursante del programa de 31 años. Tras declararse a ciegas a Ashley, en un encuentro posterior con el resto de los concursantes, le dijo a otra de las chicas (que estaba en una relación) que ella era más su tipo que con quien se había prometido: "Me gustan las morenas, me gustan cosas concretas en mi mujer". Para entender esta crisis romántica, hombres como Chris o Alex han crecido con mensajes y referencias populares de que cualquier hombre normal tenía garantizada una pareja muy atractiva a su lado, una novia de esas que hace girar cabezas, un pibón o, por lo menos, una a su gusto. Algo pasa con Mary, Os declaro marido y marido, Hitch, Los Simpson o Padre de Familia son ejemplos en los que la falta de atractivo masculino se compensa con humor o buen corazón. Y ese patrón cultural tan concreto de los años 90 y los 2000 ha configurado esa fantasía (y liberación) para muchos hombres de que pueden ser comunes y corrientes, pero aspirar a una novia espectacular, porque ella sí va a mirar más allá de su aspecto. Expectativa que se ha visto reflejada en este programa y que tiene efectos más allá del experimento. Una encuesta de la Universidad de Michigan ha averiguado que, en las últimas tres décadas, el deseo de casarse entre las adolescentes ha caído en picado. En ellos, en cambio, se ha mantenido prácticamente igual. ¿Pero cómo no iba a hacerlo? No es que el amor esté en crisis, es que es imposible empezar relaciones si una parte pone el foco en el aspecto emocional y la otra solo se fija en el físico. Así que ante la duda que repiten machaconamente los presentadores del programa, "¿Es el amor ciego?", parece que sí, pero solo para nosotras.