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El arte de premiar: cómo hacerlo para que tu perro aprenda y disfrute

2026-02-22 - 07:43

Enseñar a un perro a sentarse, acudir a la llamada o tumbarse no es un simple ejercicio de control. Es una forma de comunicación entre especies que permite convivir mejor en sociedad y, al mismo tiempo, ofrecer al animal una estimulación mental imprescindible para su bienestar. Los perros necesitan pensar, resolver pequeñas situaciones y entender qué esperamos de ellos. Cuando el aprendizaje se hace de forma respetuosa y coherente, no solo mejora su comportamiento, también se fortalece el vínculo con el tutor. En este sentido, el refuerzo positivo se ha convertido en una de las herramientas más populares para educar a los perros. Sin embargo, su uso incorrecto puede generar confusión y dependencia. "Vuestro perro no viene si no tenéis premios", afirma Daniel Pardos, educador canino y divulgador, señalando una situación muy habitual en parques y calles. Para Pardos, el problema no está en el premio en sí, sino en cómo se ha enseñado. "La culpa no es de que si los premios funcionan o no, la culpa es que os habéis enseñado a que para que venga tiene que estar visible el premio", explica. Durante las primeras fases del aprendizaje, el uso de comida u otros refuerzos es completamente válido y necesario. Eso sí, deben ser premios que realmente motiven al perro. "Es importante que los premios le gusten", subraya Pardos. Al comenzar a enseñar una orden, como tumbarse, el premio puede utilizarse para guiar al animal y ayudarle a entender el movimiento que se espera de él. "Al principio puedo utilizar un premio para guiarle y asentarse", explica. El problema aparece cuando el perro solo responde si ve claramente la recompensa. "El momento que no tenemos premio en la mano, el perro no entiende, no comprende", advierte el educador. Para evitarlo, Pardos propone una transición progresiva en la que el premio deja de ser el protagonista visual del ejercicio. Lo importante es lo que yo digo, porque desde lo que yo digo aparece el premio Guiar con una mano y premiar con la otra es uno de los primeros pasos para que el perro empiece a fijarse en la señal y no en la comida. "Le guío, muy bien, y premio con la otra... hasta que esto sea una señal", explica, insistiendo en que el premio no tiene que desaparecer de golpe, sino volverse invisible. Ese cambio es clave para lograr perros atentos y autónomos. "Ya no tiene que estar visible el premio", señala Pardos, quien recomienda incluso guardarlo en el bolsillo y entregarlo después de que el perro haya ejecutado correctamente la orden. De esta forma, el animal aprende que la recompensa llega como consecuencia de escuchar y responder, no de perseguir una mano con comida. La atención del perro es otro de los grandes objetivos del entrenamiento. Si el refuerzo siempre está en la mano, el perro no mira al guía, sino al premio. "¿Dónde se fija el perro? En la mano”, explica Pardos en uno de sus vídeos. En cambio, cuando primero se da la orden y después se busca el premio, el mensaje cambia por completo. "Lo importante es lo que yo digo, porque desde lo que yo digo aparece el premio", resume. Estos pequeños ajustes marcan una gran diferencia en el día a día. No se trata de dejar de premiar, sino de enseñar mejor. Ejercicios sencillos, repetidos con coherencia, permiten que el perro responda aunque no haya comida a la vista y que el aprendizaje se mantenga en el tiempo. Como concluye Pardos, "son ejercicios simples y fáciles que podéis hacer con vuestros perros para hacer desaparecer el premio y que no tenga que estar presente". Educar a un perro es un proceso continuo que va mucho más allá de lograr que obedezca. Es una inversión en su equilibrio emocional, en la convivencia y en una relación basada en la confianza mutua. Premiar bien no es dar menos, sino dar mejor.

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