El auge del téckel confirma cómo las modas continúan marcando qué perros vemos en nuestras calles
2026-03-20 - 12:30
Durante años, en realidad décadas, la popularidad de las razas caninas ha seguido un patrón relativamente estable, con nombres que se repetían en lo más alto de las listas sin apenas cambios, como el pastor alemán o el labrador retriever. Sin embargo, en la última década, y especialmente tras la irrupción de Instagram, TikTok o Douyin como escaparate global, el mapa de preferencias está empezando a moverse con una rapidez que desconcierta incluso a los propios profesionales del sector. Estados Unidos ha sido tradicionalmente uno de los grandes termómetros de estas tendencias y allí, tras más de tres décadas de reinado casi ininterrumpido del labrador retriever, el bulldog francés logró hacerse con el primer puesto en 2023, repitiendo podio en 2024. Pero ahora, mientras esa fiebre parece estabilizarse, otra raza está escalando posiciones con fuerza, el téckel. Lo que ocurre al otro lado del Atlántico no suele tardar en replicarse en Europa y, aunque las estadísticas no siempre capturan la imagen completa de la realidad, basta observar el día a día para detectar cambios que ya no son anecdóticos. De perro funcional a fenómeno viral El téckel, conocido como perro salchicha por su característica silueta alargada que se debe a su condrodisplasia, no es en absoluto una raza nueva ni desconocida. Originalmente criado para la caza de tejones, su cuerpo compacto, sus patas cortas y su carácter valiente fueron seleccionados para introducirse en madrigueras y enfrentarse a presas bajo tierra. Sin embargo, su salto reciente a las listas de popularidad no tiene que ver con ese pasado funcional, sino con su enorme presencia en redes sociales. Según datos del Kennel Club Americano (AKC), la raza ha logrado situarse entre las cinco más registradas en Estados Unidos por primera vez en más de veinte años, un ascenso que coincide con su omnipresencia en plataformas digitales. Las imágenes de téckels, especialmente de tamaño miniatura o toy, variedad de pelo corto y colores claros, (algunos incluso sin estar admitidos, como el arlequín) acumulando millones de visualizaciones han contribuido a proyectar una imagen romantizada de perros pequeños, manejables, expresivos y, sobre todo, instagrameables. Pero esa percepción, como advierten desde distintos ámbitos, no siempre refleja la realidad del animal. Europa sigue su propio patrón Si nos desplazamos a territorio europeo, las investigaciones apuntan a que razas como el cane corso y el border collie lideran nuestras preferencias, mientras que en el segmento de perros pequeños destacan el carlino y el bulldog francés. Sin embargo, la realidad cotidiana ya empieza mostrar matices que las estadísticas tardan en recoger. El caso del téckel toy es especialmente llamativo para quienes prestan atención, ya que su presencia en calles, parques y consultas veterinarias está aumentando de forma evidente. Algunos profesionales en salud animal ya señalaban en 2025 un incremento notable de esta raza entre sus clientes, una percepción que, aunque en un primer momento podía parecer subjetiva, empieza a consolidarse como tendencia. Este tipo de fenómenos no son nuevos, y las modas o preferencias por una raza canina en particular han existido siempre, pero el ritmo al que ahora emergen y se transforman sí lo es. Lo que antes podía tardar años en consolidarse, hoy puede cambiar en cuestión de meses. Cuando la popularidad no cuenta toda la historia Las listas de popularidad, como las del Kennel Club Americano, se elaboran a partir de registros voluntarios de perros de pura raza. Esto significa que dejan fuera a una parte muy significativa de la población canina como son los mestizos y los llamados perros de diseño, que incluyen a los populares goldendoodle (golden retriever y caniche gigante) o el pomsky (macho pomerania y madre husky). Aun así, estas clasificaciones siguen siendo una referencia imprescindible para entender hacia dónde se dirige la demanda. No son pocas las organizaciones de defensa y rescate animal que llevan tiempo advirtiendo de que el aumento repentino de interés por determinadas razas viene acompañado de problemas estructurales como son la cría indiscriminada, una selección poco rigurosa y una presión creciente sobre las características físicas que hacen a esos perros ‘deseables’. En el caso del téckel, por ejemplo, diversos estudios han señalado su predisposición a problemas de columna debido a su morfología, un aspecto este que rara vez aparece en los vídeos virales, pero que forma parte de la realidad diaria de muchos de estos animales. Redes sociales, estética y decisiones impulsivas La lógica por la que se mueven las redes sociales es que lo visual y lo inmediato tiene ventaja, y en ese contexto, ciertas razas encajan especialmente bien en el tipo de contenido que se consume de forma masiva. El problema surge cuando esa exposición se traduce en decisiones de adopción o compra poco meditadas. La elección de un perro basada en su apariencia o en su popularidad momentánea suele chocar de frente con las necesidades reales del animal. Porque detrás de cada raza hay un conjunto de características, como pueden ser su nivel de actividad, sus necesidades raciales de estimulación y predisposición a ciertas patologías, que no desaparecen por mucho que el contexto en el que vive el animal sea distinto al de su origen. La otra cara de las modas El aumento de la demanda activa un mecanismo bien conocido, el del mercado, donde empiezan a aparecer los mayores riesgos. Cuando una raza se vuelve popular, se abre la puerta a prácticas que poco tienen que ver con el bienestar animal. La cría indiscriminada, el uso intensivo de hembras reproductoras, la falta de controles sanitarios o los cruces entre ejemplares incompatibles son solo algunas de las consecuencias de este fenómeno. A esto se suma el incremento de estafas relacionadas con la venta de cachorros, la mayoría a través de internet, donde se utilizan imágenes atractivas para captar compradores sin ofrecer garantías reales sobre el origen del animal. Por eso, el primer gesto de responsabilidad por parte de cualquier persona que esté pensando en incorporar un perro a su vida pasa por informarse. Saber qué implica convivir con una determinada raza, qué necesidades tiene y qué problemas de salud pueden aparecer es fundamental para evitar decisiones precipitadas. Acudir exclusivamente a criadores oficiales, respaldados por asociaciones caninas reconocidas, y exigir documentación que garantice el estado de salud y el origen del animal no debe considerarse como una opción, sino una condición ineludible básica para no contribuir, aunque sea de forma involuntaria, a la cadena de tráfico ilegal de cachorros, maltrato, abandono y sufrimiento.