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El balasto: así es el material esencial que absorbe las vibraciones de las vías al paso de los trenes para evitar que se fracturen

2026-01-26 - 04:59

La Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) y a los equipos de criminalística de la Guardia Civil han apurado hasta este jueves el tiempo para recoger "pistas" que puedan alumbrar cuál fue la causa primera del accidente ferroviario de Adamuz. Desde el domingo, unos y otros han estado en la fase de recopilación de pruebas. Para ello han recorrido el viario una y otra vez. En su labor, han puesto la lupa en uno de los tramos de vía, de unos 30 centímetros de longitud, en los que falta el raíl. En ese tramo y en todos, la base del viario es el balasto. Los ferrocarriles han evolucionado mucho en el último medio siglo, pero el balasto sigue ahí y no por capricho o casualidad. Es un componente esencial en la construcción y mantenimiento de la vía férrea. Drenaje, resistencia y estabilidad El balasto es un material esencial en la ingeniería geotécnica y geológica. "Sus características de drenaje, resistencia y estabilidad lo hacen adecuado para una variedad de aplicaciones, desde la construcción de vías de transporte hasta la cimentación y las obras de contención", aseguran en Geotecnia Online. Compuesto por piedra triturada, grava o cenizas, el balasto se utiliza en la construcción, como base de pavimentaciones y en aplicaciones industriales. En las cimentaciones se utiliza como capa intermedia entre la estructura y el suelo, y en obras de contención mejora la estabilidad de taludes o muros. En el caso del ferrocarril, aporta estabilidad a la vía férrea, amortigua vibraciones, facilita el drenaje y distribuye las presiones. El balasto se coloca para proporcionar apoyo y estabilidad a las traviesas, explica Ingeniería Ferroviaria. Su principal función es mantener las traviesas alineadas y niveladas, permitiendo así el correcto alineamiento, nivelación y elevación de la vía, así como la renovación de las traviesas sin afectar el lecho. Resistir la carga del tren y distribuirla El balasto debe resistir las cargas aplicadas. El material debe ser lo suficientemente resistente para soportar las cargas de los trenes sin deformarse significativamente. Precisamente, el accidente de Adamuz ha puesto de relieve que el viario soporta cada vez más carga. Por ejemplo, desde que entró la competencia a Renfe (Iryo y Ouigo), la ruta Madrid-Málaga ha duplicado su número de viajeros, pasando de 22,37 millones de pasajeros en 2019 a 39,54 millones en 2024. Además, el balasto también debe ser capaz de distribuir uniformemente las cargas a lo largo de la capa, evitando la concentración de esfuerzos en puntos específicos. Para cumplir con estos requisitos, se utilizan diferentes tamaños de agregados en la construcción del balasto, permitiendo una distribución eficiente de las cargas y una mayor resistencia. Estas piedras acumuladas en el viario en cantidades ingentes son también fundamentales para prevenir la acumulación de agua en la base de las vías. El agua puede disminuir la capacidad de carga y provocar asentamientos no deseados. Y es que, a diferencia del suelo natural, el balasto no contiene partículas finas que puedan retener agua, lo que lo convierte en un material permeable y capaz de drenar el agua eficientemente. Cómo se coloca el balasto El balasto se extrae de canteras o se fabrica con piedra triturada, grava o cenizas. Se tritura al tamaño deseado. Las piedras resultantes se someten a un proceso de limpieza para eliminar tierra y polvo. Luego, el balasto se clasifica en diferentes tamaños según su posición en la vía férrea. Se coloca en la parte inferior de la vía y se compacta (las piedras más grandes van en la base). Sólo son piedras, pero su función exige un mantenimiento regular. El balasto tiende a compactarse debido al paso constante de los trenes, de modo que cada noche equipos de Adif se encargan de reponer y/o redistribuir el balasto. Qué pasa si falla el balasto Si el balasto utilizado en la vía férrea no cumple con las características técnicas necesarias, pueden producirse diversos problemas: Desplazamiento de las traviesas. Irregularidades en el trazado de la vía. Mayor desgaste de los rieles y las traviesas. Vibraciones y ruidos excesivos. Problemas de drenaje y acumulación de humedad. Reducción de la vida útil de la infraestructura.

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