'El caballero de los Siete Reinos', análisis y resumen del episodio 1x05: la muerte solo llega a quienes no la merecen
2026-02-16 - 22:05
[Este artículo contiene spoilers del episodio 1x05 de 'EL CABALLERO DE LOS SIETE REINOS'] Con tantas dificultades para armarse caballero y ese tono cómico tan de Juego de tronos, mentiríamos si dijéramos que, durante los cuatro primeros episodios de El caballero de los Siete Reinos, habíamos echado de menos ver más sangre derramada. Sin embargo, de lo que sí había ganas, y muchas, era de descubrir al fin de lo que ser Duncan (Peter Claffey) era capaz a lomos de su caballo, espada y escudo en mano. Tras cuatro episodios en los que siempre había algo que hacer o revelar antes de participar en las justas, habríamos incluso dudado de que fuéramos a ver a ser Duncan batallar. Si no fuese porque sabemos que pasará a la historia de Poniente y será recordado en la época de Daenerys, habríamos jurado también que estaba destinado a morir en el primer combate en el que participase. Y lejos no ha estado. Tras recibir el primer golpe, parecía que nuestro protagonista se iba a marcar un Tyrion Lannister y perderse su propia primera batalla. ¿Todo esto para desmayarse en el primer asalto? Tampoco nos habría extrañado, pues conocemos ya de sobras a George R. R. Martin. Pero no, esta vez, el autor ha decidido complacernos y nos ha dado una buena batalla con flashback, humillación y una muerte que sabíamos que se venía, pero que no por eso ha sido menos dolorosa. Érase una vez en el Lecho de Pulgas Una cosa está clara: ser Arlan del Árbol de la Moneda (Danny Webb) siempre fue un borracho. Por lo tanto, la devoción que ser Duncan sentía por él tenía que venir de algún lado más allá de su propia bondad y de la lealtad que se espera de un escudero -qué bonito, por cierto, ese intercambio antes del juicio entre Egg y Duncan-. Es una ley no escrita que los héroes tienen que ver su vida pasar tras una herida en combate y antes de regresar a la batalla con la energía renovada, así que este quinto episodio ha estado dedicado a la infancia de Duncan y el momento que, sin él buscarlo pero sin remedio, originó el que se convertiría en el resto de su vida. Y así ha sido como lo hemos conocido de pequeño, tan alto y bobo como siempre, pero con una nueva compañera, Rafe (Chloe Lea). Una infancia marcada por la pobreza en el Lecho de Pulgas, el barrio más pobre de Desembarco del Rey, en el que dos niños saquean a los nobles muertos en combate para vender las pocas piezas de valor que pueden rescatar y conseguir algunas monedas para sobrevivir. Ella, líder de este dúo, sueña con pagarse un pasaje para zarpar hacia las ciudades libres, y espera que su compañero Dunk parta con ella. El niño, sin embargo, tiene sus dudas, pues aunque ambos son huérfanos, él cree que su madre, a quien dan por muerta, podría estar escondiéndose y volver a por él en algún momento, aunque al final decide irse con ella. Pero, el día que toca partir, descubren que no tienen suficientes monedas para pagarse la huída, lo que les lleva de vuelta a las oscuras calles del Lecho de Pulgas y al hombre que se la tiene jurada a la chica por un robo cometido anteriormente. Nosotros también nos habríamos hecho escuderos La justicia no existe cuando hay pobreza de por medio y tampoco ayuda jugar con fuego. Mientras que en estos niños de hace tiempo descubrimos a un Dunk pacífico y lleno de miedos, conocemos en Rafe a una chica rebelde, inconformista y que traspasa la fina línea entre la valentía y la estupidez, lo que la condena a una muerte que, de por sí, ya estaba asegurada. Tras perder su oportunidad de huir, el dúo acaba en un callejón rodeado por un hombre y sus secuaces en busca de divertirse y enriquecerse a su costa. Estos les roban el poco dinero que llevan encima mientras dan lecciones sobre no robar a los nobles, y Duncan y Rafe consiguen salir vivos de esa situación. O así habría sido, si ella no hubiese decidido robar una vez más, lo que deriva en una muerte rápida cuando el hombre, al darse cuenta, le corta el cuello con su cuchillo. Es entonces cuando vemos una vez más a ser Arlan quien, a pesar de estar completamente borracho, no duda en defender a Dunk, a quién le han clavado una espada en la pierna. Las cabezas ruedan (literalmente), los cerdos se dan un festín con ellas y Dunk, completamente solo tras la muerte de su amiga, decide seguir a ser Arlan cuando este abandona la ciudad. Tras días de camino, ser Arlan descubre que el niño lo ha estado siguiendo y el resto de la historia ya la conocemos. De vuelta a la batalla Y mientras nosotros descubrimos el pasado de ser Duncan, el juicio continúa en el presente. Nuestro protagonista se reincorpora a la batalla tras este flashback, pero poco consigue hacer antes de que sea golpeado una y otra vez hasta encontrarse cara a cara con Aerion (Finn Bennett), quien, cual Targaryen loco, está decidido a acabar salvajemente con él. La lucha que todos esperábamos se da así con un ser Duncan que parece destinado a morir, pero que no piensa dejar esta vida sin hacer luchar por la suya a su contrincante. En una pelea digna de Juego de tronos, el dragón y el olmo se baten en un combate que parece terminar cuando ser Duncan, destrozado por las heridas y el cansancio, parece morir de rodillas. No obstante, cuando están a punto de dar por finalizado el juicio, nuestro caballero consigue volver a incorporarse y atacar una vez más a ser Aerion, quien acaba contra el suelo con la cara ensangrentada por los puñetazos de ser Duncan. Pero, como su muerte habría sido demasiado fácil para él y poco satisfactoria para nosotros, el episodio nos regala esa escena de ser Duncan arrastrando al dragón por el suelo y obligándolo a retirar la acusación y parar el juicio. Un juicio que finaliza con la feliz victoria de nuestro bando, hasta que aparece Baelor (Bertie Carvel), el heredero al Trono de Hierro que había decidido luchar a favor de ser Duncan. Agradecido por la ayuda, este le pide servirle, hasta que segundos después se descubre que el futuro rey ha recibido un mazazo mortal en la cabeza, y acaba desplomado en el suelo. Pero ya sabíamos que la feliz iba a durar poco, casi tan poco como un Targaryen cuerdo: en el universo de Poniente, no hay lugar para los buenos.