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El cambio climático borra la estacionalidad de la leishmaniosis en perros

2026-02-07 - 07:55

Durante décadas, la leishmaniosis canina fue considerada una enfermedad ligada al verano y a determinadas zonas del sur y el litoral mediterráneo. Sin embargo, hoy en día, ese mapa ha cambiado. El aumento progresivo de las temperaturas está alterando de forma profunda la biología de los insectos vectores y, con ello, el riesgo de transmisión de esta enfermedad parasitaria que afecta a millones de perros en España. "El cambio climático está afectando directamente a nuestra vida y según todas las previsiones seguirá haciéndolo en los próximos años", señala el profesor Javier Lucientes, catedrático de Parasitología y Enfermedades Parasitarias del Departamento de Patología Animal de la Facultad de Veterinaria de Zaragoza, en un reportaje elaborado para MSD Animal Health Uno de los ámbitos donde este impacto resulta más evidente es en las enfermedades transmitidas por vectores, como la leishmaniosis. El responsable de la transmisión es el flebotomo, un pequeño insecto hematófago cuya actividad depende directamente de la temperatura ambiental. "Son animales que no pueden generar calor por sí mismos y su metabolismo depende de las temperaturas externas", explica Lucientes. Esto hace que incluso incrementos térmicos aparentemente leves tengan consecuencias acumulativas sobre su ciclo vital y su comportamiento. Más tiempo de actividad, más probabilidad de contacto Según detalla el experto, la leishmaniosis "es un claro ejemplo de cómo el cambio climático está modificando algunos factores determinantes de la epidemiología de las enfermedades vectoriales". De hecho, en España existen tres especies capaces de transmitir la enfermedad, y actualmente, "hay presencia de vectores en todos los ambientes en España, por lo que en todo el país existe el riesgo de transmisión de la enfermedad". Uno de los cambios más relevantes es la ampliación del periodo anual de actividad del flebotomo. Los estudios realizados entre las décadas de 1960 y 1980 situaban su presencia entre finales de primavera y mediados de otoño. Sin embargo, en los últimos años el escenario se ha transformado de forma clara. "Hoy en día se detectan antes de lo que era habitual", afirma Lucientes, y en algunas zonas "pueden permanecer activos hasta durante el invierno", especialmente en áreas costeras de clima más templado. La única herramienta que poseemos para limitar la enfermedad es la prevención Este alargamiento del periodo de actividad implica un riesgo añadido. "En muchas zonas su periodo de actividad ha aumentado. Incluso en localidades del sur podrían estar volando flebotomos prácticamente casi todo el año", advierte el catedrático. A más tiempo de actividad, mayor probabilidad de contacto con los perros y, por tanto, de transmisión de la enfermedad. El calentamiento global también está permitiendo que el vector colonice zonas donde antes no se encontraba. Regiones de montaña y áreas del norte peninsular, tradicionalmente consideradas libres de riesgo, han dejado de serlo. "Los trabajos más recientes han demostrado que ya hay presencia de vectores en toda España y que se ha ampliado su área de colonización", incluidas zonas como los Pirineos o el litoral cantábrico. A este fenómeno se suma un entorno especialmente favorable en las ciudades. La leishmaniosis canina se transmite sobre todo en áreas urbanas y periurbanas, donde la concentración de perros es mayor. "Muchos de los hábitats donde pueden criar los flebotomos en estas zonas están creados y favorecidos por las personas", asegura el experto. Además, el conocido efecto de "isla climática" eleva la temperatura en los núcleos urbanos varios grados por encima de su entorno, reforzando aún más la actividad del vector y adelantando el periodo de transmisión. También, las temperaturas más elevadas aceleran el metabolismo del flebotomo, permitiéndole realizar más ingestas de sangre a lo largo de su vida y, en caso de estar infectado, incrementar el número de picaduras infectantes. Ante este escenario, el experto es claro en su conclusión. "Dado que el vector ya está presente prácticamente en todo el territorio, la clave está en la anticipación", expresa. "La única herramienta que poseemos para limitar la enfermedad es la prevención". El uso generalizado de medidas preventivas en las mascotas podría reducir de forma muy significativa la incidencia de la leishmaniosis en entornos urbanos. En un contexto de cambio climático y expansión del riesgo, la prevención deja de ser estacional para convertirse en una estrategia sostenida a lo largo de todo el año. Mitigar su impacto depende, en gran medida, de la concienciación y de la protección continuada de los animales de compañía frente a un enemigo silencioso que, impulsado por el calentamiento global, ha dejado de ser exclusivo del verano.

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