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El cara a cara entre Tom Hiddleston y Hugh Laurie llega a otro nivel en el explosivo final de la nueva temporada de 'El Infiltrado'

2026-02-06 - 19:05

[Este artículo contiene spoilers del final de 'El Infiltrado' temporada 2] El renacer de El Infiltrado, en una segunda temporada independiente de la novela de John Le Carré, se ha planteado de forma muy hábil. Hay que reconocer que sus responsables no tenían fácil las cosas, pues la serie de la AMC ganadora de tres Globos de Oro fue un fenómeno hace diez años. Plantear un retorno después de una década, esta vez en manos de Amazon Prime, implicaba buscar nuevos públicos, al tiempo que volver a conquistar a quienes se dejaron llevar por la sugerente propuesta de espionaje que firmó la ganadora del Oscar, Susanne Bier. Al César lo que es del César: lo primero lo sospechamos sin pruebas, pero lo segundo podemos afirmar que lo han conseguido. El primer acierto fue plantear que los diez años entre una temporada y otra hubiesen ocurrido también en la trama de El Infiltrado. Tom Hiddleston y Olivia Colman están más viejos, igual que el espectador, y el mundo que combaten es distinto, más sofisticado y agresivo. El segundo acierto fue reservarse para el ecuador de temporada una revelación clave: Richard Roper, el traficante al que interpretaba Hugh Laurie en la primera temporada, estaba vivito y coleando. Roper, un villano shakespeariano Al inicio de temporada, El Infiltrado nos engañó persiguiendo un fantasma, pues habíamos visto el cadáver del magnate y traficante de armas, Richard Roper, en el primer capítulo. Los guionistas establecían hábilmente un plantel de nuevos personajes, dejando espacio para que los lazos entre estos se tensasen. Era el momento de que nuestro espía Jonathan Pine —Tom Hiddleston—, se infiltrase en la organización de Teddy Dos Santos —Diego Calva—, y Roxana Bolaños —Camila Morrone—. Todo cambió cuando se descubrió el pastel: Richard Roper estaba vivo y Dos Santos cumplía sus órdenes. ¿Cómo se salvó Roper? Amenazó a Angela Burr —Olivia Colman—, que decidió ceder al chantaje para salvarle el pellejo a su agente, nuestro Jonathan Pine. Roper, eso sí, aún le debía a los traficantes sirios lo que Pine destruyó en la primera temporada: 300 millones de dólares. Para saldar su cuenta pendiente y volver a Reino Unido como un hombre libre, Roper estuvo exiliado en la selva colombiana con el nombre de Gilberto Hanson. Allí usaba sus contactos e influencia para vender armas a la guerrilla, armando así un golpe de Estado muy lucrativo para él. La guinda del pastel era el envío de una arma experimental facilitada por un alto cargo del MI6 corrupto, Mayra Cavendish —Indira Varma. En los últimos dos episodios, los engaños, las traiciones, la sangre y las lágrimas toman tintes shakespearianos en El Infiltrado. Y vista la intensidad, se agradece que la directora Georgi Banks-Davies haya optado por abrazar este tono. Las relaciones paternofiliales dominan el dramático final de la segunda temporada de El Infiltrado y sientan las bases para la ya confirmada tercera temporada. Resultaba que Teddy Dos Santos y Richard Roper tenían algo más que un pasado en común: Roper es el padre biológico de Dos Santos. Pero Dos Santos ha sido manipulado todo el tiempo, pues su jefe y padre no tenía intenciones de quedarse en Colombia ni dirigir el país en la sombra. Pine consigue hacer ver a Dos Santos que Roper no le ama. Le ha usado y se deshará de él cuando deje de serle útil. Por su parte Roper quiere volver a su país y hacerse cargo de quien sí considera su único heredero: Danny Roper, interpretado, por cierto, por el mismo actor que lo hizo hace diez años, el joven Noah Jupe a quien hemos visto en Hamnet o Un lugar tranquilo, y pronto veremos en The Death of Robin Hood. Un final bañado en sangre y muerte Con la tercera temporada ya confirmada, El Infiltrado ha hecho lo que mejor sabe hacer: engañar una y otra vez al espectador. Desde la revelación de Roper, la temporada había vuelto a su más pura esencia, un espíritu que Susanne Bier supo traducir de la prosa de Le Carré: en el fondo lo más interesante de la trama es el duelo de inteligencia e ingenio entre el espía Jonathan Pine y el traficante Richard Roper. Un vibrante enfrentamiento que Tom Hiddleston y Hugh Laurie parecen disfrutar, y cuyo goce se transmite al espectador. En el penúltimo capítulo de esta temporada, el reencuentro entre ambos en un restaurante es tan tenso como divertido, por el aplomo que los intérpretes otorgan a la relación de admiración y odio mutuo de sus personajes. Pero si la primera temporada finalizaba con un golpe maestro de Pine contra Roper, que no solo le arruinaba, sino que terminaba con Roper esposado en la parte de atrás de un furgón penitenciario, esta vez las cosas han terminado de otra forma. Como el rosario de la aurora para Pine y su equipo, concretamente. El equipo de Pine había conseguido interceptar el avión en el que iba el arma que el MI6 le había facilitado a la guerrilla, gracias a las artes oscuras de Roper. Incluso había convocado a una jueza que podía ser testigo de cómo el gobierno británico interfería y confabulaba activamente para dar un golpe de Estado en Colombia. Desgraciadamente, Roper se avanzó a Pine y fletó dos aviones gemelos para engañar a Pine y seguir la entrega equivocada. Así las cosas, Pine se queda sin pruebas de la implicación británica de Mayra Cavendish. Por si fuera poco, Roper descubre la traición de su hijo Teddy Dos Santos, y le mete una bala entre ceja y ceja, sin dudar lo más mínimo. Así que tampoco deja cabos sueltos para saldar su deuda y volver a Gran Bretaña. El personaje de Diego Calva no es el único que muere. El fiscal que interpretaba Alberto Ammann es acribillado por el anterior. El gestor de los negocios colombianos de Roper, interpretado por Unax Ugalde, también termina cosido a balazos. El detective privado que ayuda a Pine, al que da vida Martín Álvarez, también termina emboscado. Y la única persona decente del MI6, al que da vida Paul Chahidi, es asesinado por órdenes de Mayra Cavendish. Angela Burr, una Olivia Colman omnipresente en la trama en las dos temporadas, la mujer con la que empezó todo, quien fichó a Jonathan Pine, también termina asesinada, supuestamente a manos de Mayra Cavendish. Es decir, la agencia a la que dedicó su vida termina por desecharla, precisamente por haber acusado a un alto cargo del servicio de inteligencia de conspirar y lucrarse. Angela Burr es, sin duda, el personaje que más duele de todos los que toca despedir en este final de temporada. En las últimas escenas de la temporada descubrimos que el arma del MI6 ha sembrado el caos en Medellín, facilitando el golpe de Estado en Colombia. Roper vuelve a Gran Bretaña y se reconcilia con su hijo Danny, al que no ve desde hace diez años. Mientras que un Jonathan Pine herido, consigue escapar de los guerrilleros en la selva. Pero sin equipo, sin los recursos del servicio de inteligencia británico, y prácticamente sin amistades vivas, veremos cómo se las arregla el espía de Hiddleston para ganarle la partida al traficante de Laurie.

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