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El castillo frente al mar donde se casó Iniesta cambia de manos: estos son sus planes de futuro

2026-03-01 - 17:03

El perfil inconfundible del Castell de Tamarit, asomado al Mediterráneo, forma parte del imaginario colectivo de Tarragona y de muchos catalanes que recuerdan la boda de Andrés Iniesta frente al mar. Documentado desde el siglo XI y considerado uno de los ejemplos más tempranos de arquitectura románica del término, el conjunto acaba de iniciar una nueva etapa tras formalizarse su venta. La propiedad del Camping Trillas ha adquirido el castillo por unos 9,4 millones de euros. La operación se oficializó el pasado 28 de octubre, según el diario local Diari Més, pero su despegue está teniendo lugar este 2026, en plena temporada de eventos, bodas y actividades varias. Semanas antes, la familia Trillas ya había comprado 200 hectáreas de terreno que incluyen el Mas del Cusidó y Sant Simplici, ambos catalogados como bienes culturales de interés local y también propiedad de Immobiliaria Betrén, sociedad que hasta octubre era titular del castillo. La adquisición del castillo se completó posteriormente mediante la compra de la sociedad en su conjunto. Bien Cultural de Interés Nacional El castillo está declarado Bien Cultural de Interés Nacional (BCIN), una figura que otorga a la Generalitat derecho de tanteo en caso de transmisión. En este caso, al haberse adquirido la sociedad propietaria y no el inmueble de forma aislada, la administración catalana no ejerció esa opción. En los últimos años, el castillo ha acogido eventos corporativos, actos gastronómicos y bodas de alto nivel, gestionados por la empresa AG Planning, que continuará operando en el espacio según estas fuentes. Ahora bien, la nueva propiedad quiere ampliar su proyección pública y acercarla un poco más a la ciudadanía. Lo hará con visitas guiadas y una apertura progresiva: puertas abiertas que arrancaron ya en enero. Visitas guiadas El primer paso ha sido, de hecho, una prueba piloto en marcha de visitas guiadas a la totalidad del castillo (hay visitas de 50 minutos y otras de dos horas, más a fondo) para mostrar las interioridades de este espacio al 100% y repetir la iniciativa durante todo el año si la respuesta es positiva. El planteamiento es que las visitas sean de pago. De cara a los meses de verano, la propiedad estudia complementar el recorrido con una consumición, por ejemplo una copa de cava o vino (como hacen otras casas históricas como la Casa Amatller, en Barcelona) y habilitar un espacio permanente al que pueda acceder el público. Se trata, según sus promotores, de acercar un enclave histórico a la ciudadanía más allá de los grandes eventos privados.

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