El centralismo democrático
2026-03-05 - 04:53
Cuando Lenin diseñó el partido bolchevique, creó un concepto que hizo fortuna: centralismo democrático. La formulación teórica consistía en favorecer el debate interno, con libertad para exponer puntos de vista diferenciados, bajo la idea de que, al final del proceso, una vez planteadas las propuestas, la mayoría adoptara una decisión, con la exigencia expresa de que la minoría derrotada acatara el veredicto y se sumara a los ganadores para aplicar lo decidido. Por tanto, democracia para debatir, y centralismo para actuar. Esta era la teoría leninista. Pero el funcionamiento práctico del centralismo democrático derivó hacia centralismo sin democracia, especialmente cuando Stalin tomó el poder: todo lo decidía el líder, y los librepensadores desarrollaron una inquietante tendencia a morir en extrañas circunstancias o a instalarse a vivir en remotos parajes siberianos. Salvemos las distancias evidentes, y fijemos la atención en el aspecto teórico-práctico del centralismo democrático, porque también ha hecho fortuna en nuestros días. Véanse los partidos políticos españoles. La lógica (aplastante) nos podía sugerir, hace ya doce años, que aquel naciente Podemos de 2014 derivaría en una formación política de inspiración estalinista, por su propia naturaleza. Como simple ejercicio de confirmación, se recomienda revisar las fotografías de aquel congreso iniciático, bautizado como Vistalegre I, con cinco dirigentes. Solo queda uno al frente, el creador del artefacto, regentando lo que queda de su armazón desde un púlpito aspiracionalmente mediático. En ese mismo 2014, Pedro Sánchez se hizo cargo del PSOE. Dos años después sucumbió a la democracia interna. Recuperó el mando del partido en 2017 y, entonces sí, aplicó la parte centralista del centralismo democrático, porque dar rienda suelta a la parte democrática no le fue bien: llenó los órganos internos del PSOE con sanchistas irredentos. Y hasta hoy. Feijóo alcanzó la presidencia del PP en 2022, llegado de la baronía gallega, donde no dejaba que la dirección nacional del PP le dijera lo que tenía que hacer. Y aplicó esa misma doctrina, hasta que dar libertad a los dirigentes territoriales se le atragantó en las negociaciones con Vox, y Feijóo ha decidido aplicar el centralismo democrático, con una dosis muy superior de lo primero sobre lo segundo. Sánchez aplicó el concepto en 2017 llenando los órganos internos del PSOE con sanchistas irredentos Y Abascal, celoso de sus iguales en otros partidos, ha elevado su nivel de autoexigencia, y lleva tiempo purgando a todo aquel que piensa por sí mismo. No parece propio de partidos pretendidamente centrados, como PSOE y PP. Sí lo es de partidos extremos, como Podemos y Vox, cuyos líderes se consideran en la obligación de purificar sus organizaciones: centralismo sin democracia.