El colapso a cámara lenta de Irán mientras Trump mantiene su amenaza
2026-02-01 - 07:55
Teherán, principios de 2026. Donald Trump ha amenazado con una ofensiva militar directa si Irán no se sienta a negociar. Asegura que Irán sufrirá una “destrucción sin precedentes” si no abandona su programa nuclear. La flota estadounidense encabezada por el USS Abraham Lincoln patrulla desde hace días el Golfo Pérsico. Y Teherán dice estar listo para contestar. El Gobierno ha reactivado drones estratégicos y advierte que responderá “como nunca antes” a cualquier ofensiva. La economía, sin embargo, no acompaña. Irán entra en esta nueva escalada con una moneda en mínimos, las reservas prácticamente agotadas y un sistema productivo paralizado. Mientras tanto, la tensión abre nuevos frentes para los mercados. El precio del crudo Brent ha repuntado un 5% desde el pasado lunes y se sitúa al borde de los 69 dólares por barril. También se ha observado un aumento en la demanda de bonos estadounidenses de corto plazo, mientras las bolsas moderaban las ganancias ante el riesgo de conflicto abierto. Colapso del rial, reservas y comercio paralizado Por otro lado, la presión sobre la divisa iraní se ha intensificado en las últimas semanas. El rial ha perdido un 20% de su valor desde principios de diciembre. El tipo de cambio paralelo ya supera los 1,7 millones de riales por dólar, frente a los 1,38 millones registrados hace apenas seis semanas. Es el mayor ajuste desde 2018. Según algunas fuentes, las reservas del Banco Central se sitúan por debajo de los 12.000 millones de dólares. Al mismo tiempo, la actividad comercial se ha contraído con rapidez. En Teherán, los comerciantes acumulan semanas con las persianas bajadas. Las solicitudes de suspensión de pagos aumentaron un 35% en el último trimestre, según la Cámara de Comercio de Irán. El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima un crecimiento del 0,2% en 2026, mientras que el Banco Mundial prevé una contracción del 1,5% para el conjunto de 2025. Eso sí, el deterioro económico no se explica solo por la crisis política. Las protestas se han multiplicado desde noviembre y el régimen no cuenta con los instrumentos suficientes para estabilizar la situación. El petróleo ya no sostiene las cuentas públicas Hay que tener en cuenta que el petróleo, que durante años actuó como colchón financiero, ha perdido peso como fuente de equilibrio. En 2011, las exportaciones de crudo generaban unos 1.500 dólares por habitante. Hoy esa cifra ronda los 380. China absorbe cerca del 90% del total exportado. Los precios se negocian con descuento y los pagos se retrasan. Aun así, el crudo sigue siendo la principal vía de entrada de divisas. Aunque representa solo el 9% del PIB, aporta más del 70% de las exportaciones. En este sentido, Irán necesita un Brent a 165 dólares para equilibrar sus cuentas públicas. ¿Problema? Con el precio actual por debajo de 70, el déficit se amplía y limita el margen de maniobra del Gobierno. Además, los ingresos por exportación ya no llegan en tiempo ni en forma. Más de 50 millones de barriles permanecen bloqueados frente a la costa de Malasia a la espera de refino, un cuello de botella que impide monetizar el crudo vendido a Pekín. Y aunque las cifras oficiales siguen considerando el petróleo como un activo estratégico, el mercado negro y los descuentos exigidos por compradores como China han reducido su impacto neto sobre las finanzas públicas. El petróleo ha dejado de funcionar como amortiguador económico y ha pasado a ser un símbolo de vulnerabilidad. La dependencia de una sola fuente de ingresos en condiciones de sanción, desconfianza financiera y rigidez institucional ha dejado al país sin margen de reacción. Todo esto repercute directamente sobre las cuentas públicas. Ocho de cada diez iraníes recibe algún tipo de ayuda directa. Nueve de cada diez están inscritos en programas de transferencia regular. El gasto social aumentará un 12% en 2026, pero los ingresos no crecen al mismo ritmo. Según cifras oficiales, el déficit fiscal ya supera el 6% del PIB y el 21% del presupuesto se destina al pago de intereses de la deuda interna. La vida es cada vez más difícil. La inflación cerró 2025 en el 47%. Los tipos oficiales están en el 22%. La brecha entre ambas cifras ha impulsado la fuga de depósitos hacia activos refugio como oro, divisas o criptomonedas. Desde noviembre, el Banco Central ha inyectado liquidez por un valor equivalente al 8% del PIB. Sin embargo, ninguna de estas intervenciones ha logrado estabilizar el mercado cambiario. Colapso financiero Tampoco hay que olvidar que la caída del Ayandeh Bank en octubre de 2025 sacó a la luz los desequilibrios acumulados en el sector financiero. Hasta el 90% de sus recursos se destinó a financiar proyectos vinculados al propio banco. La entidad fue absorbida por el Bank Melli tras declararse insolvente con un agujero superior a los 5.500 millones de dólares. El Banco Central llegó a calificar su funcionamiento como un esquema piramidal encubierto. El caso impactó en la confianza del público y se convirtió en un detonante visible del actual ciclo de protestas, al poner rostro financiero al deterioro económico. Desde entonces, otras entidades han enfrentado presiones similares, y la desconfianza hacia el sistema bancario estatal ha aumentado. Tras el colapso del Ayandeh y la escalada geopolítica del verano, se estima que salieron entre 10.000 y 20.000 millones de dólares del país en apenas dos meses. El destino de ese dinero fueron activos como oro físico y stablecoins, según datos internos del propio Banco Central. Mientras tanto, la advertencia lanzada por Washington sigue sobre la mesa. Esta vez, el país árabe afronta la amenaza sin red de seguridad.