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El día a día de un artista: "Muchas veces, mi jornada es venir a mirar un cuadro frustrada y decir: '¿Por dónde tiro?'"

2026-03-04 - 05:23

Tres grandes ventanas dejan que la luz de la mañana ilumine el estudio de Carlota Pérez de Castro y su equipo. De la pared cuelgan mantones pintados y cuadros con pinturas abstractas. Una extensa mesa central de madera está repleta de botes de pintura, pinceles y papeles con pruebas de color. Sentada en una silla, con la camisa y los vaqueros llenos de manchas de pintura, como cabría esperar, la responsable de todo este aparente caos. Una madrileña de 27 años que, desde hace siete, se dedica profesionalmente al arte. "Aquí es donde pinto, me embarro, mancho, suelo colgar aquí lo que está en proceso, lo que necesita todavía trabajo y en la segunda sala de aquí, a lo mejor estoy más sacando y metiendo cuadros, viendo cómo exponerlos o, simplemente, sentándome un rato a mirarlos, apreciarlos y conversar y ver qué ha pasado", declara de Castro, una joven artista multidisciplinar que, a pesar de su corta carrera, ya ha expuesto en la Fundación Miró de Barcelona, el Museo Conde Duque de Madrid y la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, además de en otros museos de ciudades como Nueva York, Seúl, Milán y Cannes. Ha sido recientemente incluida en la lista Forbes de las 30 personas más influyentes de menos de 30 años de España en 2025. En la sala contigua, del mismo tamaño y con la misma iluminación, trabaja su equipo, formado por su studio manager, Lola Álvarez, sentada frente a un ordenador y encargada de la comercialización de su obra, y sus tres asistentes, que desarrollan catálogos y se encargan de los lienzos y bastidores. A medio día, el trasiego desaparece y Pérez de Castro se queda sola con el silencio del extenso estudio vacío. "Me encanta estar sola y pintar, a mí me da vergüenza pintar en público. El silencio, la soledad son fundamentales. El aburrirme aquí en el estudio, el no oír absolutamente nada. Mi pintura es muy emocional, es algo muy etéreo, no es racional", declara la artista madrileña, que no tiene ni idea de cuál va a ser el resultado final de sus obras cuando empieza a pintar. "Pero sí que trabajo mucho antes de meterme sobre todo en una obra grande, las paletas de color, para mí son algo muy importante". Pérez de Castro y su equipo están preparándose para salir hacia Japón -allí se encontrarán en el momento de la publicación de este reportaje- donde la madrileña expone su obra en el Museo de Arte y Moda de Kobe. Al mismo tiempo, su obra se podrá visitar en la CAN Art Fair en Matadero Madrid, en las mismas fechas que se celebra en la capital ARCO, una de las principales ferias de arte contemporáneo del circuito internacional, que puede visitarse en IFEMA entre el 4 y el 8 de marzo. Pero, más allá de ferias y exposiciones, ¿cómo es el día a día de un artista? Para Pérez de Castro, su rutina en su estudio de arte no es tan diferente de la de un trabajador de oficina, de un taller o una fábrica. "Yo intento venir como una persona con un horario laboral, vengo todo el día, me voy a comer, vuelvo y estoy toda la tarde. Y muchas veces es a venir a sentarme a mirar a ese cuadro frustrada, jodida y decir: '¿Por dónde tiramos?'. Y eso ha sido mi día entero, pero yo he venido", explica Pérez de Castro que aclara que la mente de un artista, difícilmente deja de trabajar al abandonar el estudio. "Un gran crítico de arte un día me dijo: 'El ser artista se parece más a un acto de fe, como el de un monje budista o un cura, que a un trabajo'. No acaba. Yo a lo mejor vengo aquí 8 horas al día, pero esto no tiene fin. El trabajo es la mirada, el cómo vives y percibes el mundo, el cómo interactúas con la gente. No hay un final, es una constante". El estudio como espacio de reflexión y gestión El estudio de Eugenio Ampudia es su propia vivienda. Este afamado artista conceptual de 67 años convive con su esposa, también artista, y cada uno tiene asignado una parte del amplio apartamento ubicado en el norte de Madrid como espacio de trabajo, creación y reflexión. Algunas piezas de pequeño tamaño y bocetos varios se reparten por la sala, que, con todo, se parece más al salón de una casa que al estudio de un artista. "En general, lo que hago yo aquí es gestionar ideas. Tengo una idea, decido cómo contarla y decido con qué contarla. Pienso lo que quiero contar, luego pienso cómo contarlo, luego veo el dinero que tengo para producir esa pieza y, a continuación, me pongo con los gremios con los que trabajo habitualmente para que me hagan una cosa u otra u otra", explica Ampudia, que ha recibido, entre otros premios, dos veces el AECA al Mejor Artista Español Vivo representado en ARCO (2008 y 2018) y ha expuesto en espacios de prestigio internacional como el ZKM de Alemania, la Jordan National Gallery of Fine Arts o el Boston Center for the Arts. Esta semana, obras suyas se expondrán en ARCO. "Este es un espacio de creación, porque aquí es donde me quedo solo y dónde pienso, pero luego, durante las horas de trabajo normales, es como cualquier estudio de arquitectos o de abogados. Un espacio en el que se gestionan las cosas que se hacen desde aquí", declara el artista vallisoletano, que trabaja con el mismo equipo fijo de cuatro personas desde hace 15 años que pasan siempre en algún momento por el estudio-vivienda. Más allá de eso, Ampudia contrata distintos colaboradores para cada nuevo proyecto. El vallisoletano es autor de obras conceptuales como un concierto de un cuarteto de cuerda para 2.202 plantas que ocupaban las butacas de un teatro; una intervención en la que cubrió temporalmente con telas negras obras maestras del Museo del Prado o un proyecto realizado en varios museos y edificios históricos en el que el artista pasaba una noche durmiendo. También ha creado obras físicas y objetuales como Fuego Frío, una escultura realizada con libros reales que arden mediante luz LED simulando combustión. Este espacio es un salón y es un estudio, pero, ante todo, es un mundo en continuo cambio. En torno a Ampudia, que se sienta en una butaca con su librería a la espalda, cuelgan varias cuerdas con cantos que son en realidad bocetos de obras en desarrollo. "El estudio cambia todo el rato y de repente, pues si necesitamos proyector, se va para otro sitio. El estudio está al servicio de lo que estamos trabajando en este momento", explica Ampudia. —Y ahora, ¿qué se puede deducir de cómo se encuentra este espacio? —"Ahora se deduce que estoy haciendo una serie de dibujos, que estamos trabajando con esculturas eh que están los bocetos de ahí y que las están haciendo en una nave en en Paracuellos y, ahora, tenemos todas estas movidas colgadas, porque estoy haciendo dibujos que tienen que ver con con equilibrio y con cosas así". Cuando tu estudio es... España Sobre el suelo se extienden tres extensos plásticos rectangulares salpicados de manchas negras, como cartografías indescifrables. La nave, ubicada en pleno centro de Madrid no es un estudio, de hecho, la autora de las crípticas obras que reposan allí y serán expuestas también en Arco, Elsa Paricio, no tiene un estudio como tal. Su estudio, se podría decir, es toda la geografía de España y su obra es, en realidad, creación de la misma naturaleza. Durante seis años, esta artista madrileña de 40 años cogió su coche y viajó por todas las carreteras de España, muchas veces durmiendo en el propio vehículo, y haciendo paradas para dejar o recoger de la naturaleza lo que se convertirá en su obra. El fruto de estos viajes fue su proyecto más reconocido: Biblioteca Nacional -actualmente expuesta en la Fundación Boghossian de Bruselas- una obra de larga duración, en el que la artista diseminó 1.000 cilindros de vidrio llenos de tinta china y agua por distintos paisajes y sitios deshabitados de España, exponiéndolos al clima y a la acción del tiempo. Al evaporarse lentamente la mezcla, las paredes interiores de los cilindros quedaron marcadas con líneas, manchas y huellas que registran el paso del tiempo y las condiciones ambientales de cada lugar. "Mi trabajo artístico tiene todo de rutina y nada de rutina a la vez", declara Paricio. "Mi modo de gestionar la ausencia de tiempo, de medios para producir, ha sido delegar mi producción en el tiempo en sí mismo, el tiempo cronológico y el tiempo meteorológico. Entonces, tiene todo de rutina en cuanto a que las piezas que estoy mostrando ahora y que vienen haciéndose durante seis años son justo un registro diario de la temperatura de cada día y de cada noche, que se autorrealiza simplemente porque es de día o porque es de noche". De esta forma, el trabajo artístico de Paricio se fue desarrollando mientras ella trabajaba en la universidad, utilizando sus días libres para seguir ubicando jarrones en casas de amigos, terrenos de familiares o, simplemente, espacios naturales que le gustaban o le generaban cualquier tipo de emoción para que la naturaleza hiciera su trabajo. "Este trabajo requiere tanto tiempo que mi práctica artística no es activa como puede ser la de un pintor o la de alguien que esté en la escultura y que esté en el material y que esté en el estudio. Sino que mi trabajo está sucediendo ahora mientras hablamos y mi rutina es que yo durante la semana gestiono parte de ese trabajo y genero recursos para poder financiar una parte básica, digamos, trabajando en una universidad", explica Paricio. "Lo que hago es luego todo el trabajo de campo de poner los materiales, de recogerlos, de pensar qué es, de volver a repetir, repetir, de viajar mucho. Mi estudio no es un local cerrado, mi estudio... mi estudio es toda España". Si quieres contactar con 20minutos, realizar alguna denuncia o tienes alguna historia que quieres que contemos, escribe a pablo.rodero@20minutos.es. También puedes suscribirte a las newsletters de 20minutos para recibir cada día las noticias más destacadas o la edición impresa.

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