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El día que dejamos de llamar ancianos a los mayores de 65

2026-03-16 - 03:33

Esas frases irónicas que se usan para responder a la exageración de alguien; «sí, claro... ¡Y mi abuela corre maratones!», dejarán de sonar tan sarcásticas en la próxima década porque, en efecto, cada vez hay más abuelos que lo hacen. Juan López García, de 82 años, empezó a correr porque su hija le animó cuando se jubiló a los 66 . En 2024, se convirtió en el ultrafondista más rápido de Europa de su grupo de edad y el año pasado batió récord mundial al hacer 50 kilómetros en menos de 5 horas. Hasta hace unos años, soplar las 65 velas era llegar a la vejez, la edad de jubilarse y de beneficiarse de algunos servicios y, en el imaginario colectivo, la de convertirse en un anciano de salud frágil, sedentario y agotado. Hoy, esa imagen está obsoleta. Y, aunque es cierto que no todos los mayores envejecen igual, y algunos están condicionados por la renta o la salud, los sociólogos avisan de que los 65 son los nuevos 55. Llega una «revolución de la vejez» para redefinir lo que se ha entendido siempre por tercera edad. «Las generaciones que ahora alcanzan la jubilación no tienen nada que ver con el estereotipo de la viuda vestida de negro, débil tras una vida de trabajo doméstico y precariedad, llegan a los 65 más formados y más activos», explica Julio Pérez, sociólogo e investigador de Envejecimiento en Red, que añade que esto obligará a «replantear» políticas sociales y laborales. El sociólogo Fernando Vidal coincide con su colega en que la jubilación de los 'baby boom' va a «revolucionar la cultura 'senior'» en España: «Van a cambiarlo todo». Primero, dice, porque son generaciones «muy llenas que requerirán que se doblen los servicios»; segundo, por sus «buenas condiciones de salud» y tercero, continúa, porque son «muy activos» en la vida social. Este cambio empieza a notarse ya en los servicios para los más mayores. La Asociación Estatal de Directores y Gerentes en Servicios Sociales lleva meses advirtiendo al Ministerio de Derechos Sociales de que el indicador utilizado para medir las plazas en las residencias de ancianos —basado en el volumen de población mayor de 65 años que busca una ratio de 5 plazas por cada 100 personas de esa edad— ha quedado desfasado. Reclaman una ratio de plazas adaptada a las necesidades de los mayores y que responda a criterios demográficos y territoriales. ABC preguntó al ministerio si lo habían estudiado, pero no obtuvo respuesta. En las últimas décadas, la edad media en residencias está en los 85 años y, según la asociación, el 75,5 por ciento supera los 80. Es decir, hasta 20 años por encima de la frontera administrativa. Esta tendencia responde, por un lado, al aumento de la esperanza de vida, que retrasa la aparición de situaciones de dependencia y enfermedades y, por otro, a que las personas mayores quieren estar en su casa el mayor tiempo posible. Porque en España, además, la vejez se percibe mucho más tarde que en otros países. Mientras la jubilación y el disfrute de determinados servicios empieza a los 65 años, un estudio de Ipsos revela que los españoles sitúan el inicio de la vejez en los 73, la cifra de percepción más alta del mundo. Es decir, casi una década después de lo administrativo. Los españoles también creen que vivirán hasta los 83 años de media, la segunda percepción más alta del mundo, solo por detrás de Corea del Sur, según Ipsos. Y los 'baby boomers', que empiezan ahora a alcanzar los 65, esperan incluso llegar a los 85. Los expertos consultados por ABC explican que la clave de esta «revolución» no está tanto en que estos adultos se cuiden más ahora, aunque influye, sino en los primeros años de su vida. «Su generación llega en muchas mejores condiciones sanitarias que las anteriores, han disfrutado del gran proceso de expansión de los servicios sociales y tienen mejor nivel de supervivencia, por lo que el grado de participación social que van a reclamar va a ser mucho más alto», explica Vidal. Pérez añade que estos nuevos jubilados nacieron en familias más pequeñas y crecieron «en entornos urbanos tras el éxodo rural» de sus padres, con trabajos mayoritariamente en el sector servicios, y no tanto en la dureza del campo y la fábrica, y con acceso a ocio y consumo. «Escolarizados en masa», dice, también fueron las primeras generaciones de mujeres con el mismo nivel educativo que los hombres. Sin embargo, este fenómeno también genera preocupaciones. «La nueva vejez tiene la característica peculiar de que va a ser masiva», advierte Pérez. En apenas una década, uno de cada tres habitantes superará los 65 años. Vidal señala que pasaremos de grupos de 340.000 personas a generaciones de hasta 690.000, lo que significa que la demanda de infraestructuras sociales se va a duplicar: «¿Te imaginas lo que va a suponer cuando cada generación de mayores que necesitan una residencia se doble literalmente? Significa doblar muy sobradamente todos los equipamientos que hacen falta para las personas mayores, sean sanitarias, residenciales, culturales, servicios sociales...». Según el INE, España tenía 48.619.695 habitantes en 2024. De estos, casi 10 millones (9.928.368) son personas de 65 años o más, lo que representa el 20,4 por ciento de la población total.

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