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El detenido por el crimen de Miranda de Ebro tenía antecedentes: ¿funcionan los tratamientos penitenciarios?

2026-03-14 - 07:23

¿Las personas cambian? Gran parte de la psicología se basa en la idea de que la conducta se aprende y, por tanto, puede reaprenderse o modificarse. Forma parte también de la filosofía de nuestro propio sistema penitenciario, orientado hacia la reeducación y la reinserción social. Como en todo, hay matices, y quizá sea más prudente hablar de evolución. En cualquier caso, existe un elemento fundamental para propiciar el cambio: la voluntad. Esta semana, el crimen de Miranda de Ebro ha reabierto el debate sobre la reinserción y la efectividad de los tratamientos penitenciarios. El autor del crimen de Miranda de Ebro tenía antecedentes por violencia machista desde 2007. Había sido condenado por maltrato a su pareja, por el secuestro y abuso de una menor y por retener y encadenar a una mujer en 2023. Llevaba cerca de un mes en libertad y decidió usarla para prender fuego a una casa en la que murieron su expareja, la madre de esta y una vecina. Hay además cuatro heridos, entre ellos dos niños. Interior ha confirmado el caso como violencia machista. El agresor ya había pasado tiempo en prisión, pero nada cambió. Algo ha fallado. En España existen varios programas de tratamiento según el caso, pero en violencia de género se consideran dos matrices principales: el PRIA y el PRIA-MA. Analicemos su funcionamiento. El Programa de Intervención para Agresores de Violencia de Género (PRIA) parte de la idea de que la violencia es una respuesta aprendida y, por tanto, susceptible de modificarse. Trabaja habilidades prosociales con el objetivo de alterar los patrones de conducta. Es un programa de orientación cognitivo-conductual, con una duración aproximada de entre seis meses y un año, que puede desarrollarse de forma individual o grupal. Su finalidad es que el penado reconozca la responsabilidad de sus actos, identifique creencias sexistas o de dominación y desarrolle habilidades de resolución de conflictos y control emocional. El PRIA-MA es el programa de intervención para agresores en medidas alternativas, es decir, se aplica fuera de prisión, por ejemplo en casos de personas condenadas por violencia de género con penas suspendidas o inferiores a los dos años. Su objetivo es reducir el riesgo de reincidencia. También puede aplicarse a quienes se encuentran en régimen abierto o tercer grado, así como en centros de inserción social. Como hemos adelantado, el único motor real de cambio es la voluntad. El PRIA-MA suele ser obligatorio: no cumplirlo puede provocar la revocación de la suspensión de la pena y el ingreso en prisión. El PRIA, en cambio, se lleva a cabo en prisión y forma parte del tratamiento penitenciario, por lo que la participación es voluntaria. Existen incentivos, claro. Participar influye en la concesión de permisos, en la progresión al tercer grado o en la libertad condicional. Sin embargo, someterse a un programa únicamente por estos beneficios puede restar peso a su impacto real. Al mismo tiempo, obligar a una persona a realizarlo tampoco garantiza resultados. La clave está en conseguir que el penado participe porque quiere. Según un estudio sobre programas para agresores de violencia de género en prisión, el tratamiento, en términos generales, tiene un efecto positivo. Los datos muestran que la tasa de reincidencia entre quienes recibieron el programa fue del 9,4 %, frente al 50 % de quienes no lo recibieron. La reducción del riesgo existe, aunque incluso estos datos requieren matices: todo depende del contexto, del perfil del agresor y del periodo de seguimiento analizado. Un análisis publicado en 2023 en la Revista Electrónica de Criminología afirma que el PRIA-MA es una herramienta útil, aunque insiste en la necesidad de mejorar la adherencia y la motivación. La reincidencia tras el programa es del 6,3 %, pero el abandono inicial de la intervención roza el 22 %. En aproximadamente el 80 % de los casos, el agresor no asume la responsabilidad de sus actos y tiende a justificar la violencia. Por eso el cambio es gradual y exige una evolución a lo largo del tiempo. Resulta difícil que en ocho meses una persona consiga modificar patrones que en su mente están arraigados como estructuras profundas. Ciertos comportamientos se sostienen sobre constructos muy sólidos, y su modificación requiere tiempo, dedicación y voluntad. Las personas pueden cambiar a través del aprendizaje, la reestructuración del pensamiento o las experiencias emocionales y relacionales. Son los pilares del conductismo, de la psicología cognitiva y de la psicoterapia. La neurociencia ha demostrado que el cerebro mantiene plasticidad durante toda la vida: se crean nuevas conexiones neuronales y se refuerzan o debilitan circuitos cerebrales. Esto permite modificar hábitos, reacciones e incluso formas de pensar. Pero estos cambios son lentos; rara vez radicales. La clave es la motivación, que comienza con el reconocimiento del problema. Después, una intervención adecuada y el factor tiempo. Algunos rasgos son más resistentes al cambio, sobre todo cuando se trata de patrones profundamente arraigados. En 21 días podemos crear un hábito, pero no erradicar una raíz. Entonces, ¿son efectivos los tratamientos? Todo apunta a que sí influyen positivamente, aunque quizá requieran mayor seguimiento y recursos. Siempre habrá casos que se escapen de la estadística, pero es posible reforzar su eficacia, por ejemplo, con más personal especializado. Los programas de tratamiento penitenciario son herramientas valiosas, pero su eficacia depende en gran medida de la implicación real de quien participa en ellos. Para que se produzcan cambios significativos, el interno debe reconocer la existencia del problema y percibir la necesidad de modificar su conducta. Es un proceso de toma de conciencia. El personal especializado tiene la difícil e imprescindible labor de acompañar a estas personas en ese tránsito. Porque ni el incentivo ni la imposición son el camino real. El elemento fundamental para propiciar el cambio es la voluntad. Entonces, sí: las personas pueden cambiar

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