El director que puso al régimen iraní contra las cuerdas desde un taxi junto a una activista condenada a 148 latigazos
2026-03-09 - 06:03
Lo han explicado varios artistas: la censura política es, en muchos casos, un incentivo creativo. Cuando ante uno hay un lienzo en blanco y una paleta con todos los colores posibles, pensar qué pintar es complicado. En cambio, si hay líneas rojas y pinceles prohibidos, empieza a ser más fácil. Quizá por eso, el mejor cine iraní ha nacido bajo la sombra de la censura. Heredero del director iraní más celebrado de la historia, Abbas Kiarostami, Jafar Panahi fue condenado a no rodar películas por el régimen de los ayatolás. En respuesta, Panahi comenzó a filmar desde la clandestinidad, como testimonian la ya lúcida, desde el título, Esto no es una película o Taxi Teherán, disponible en Filmin. Sin embargo, Panahi acabó en prisión y, en cuanto salió, rodó en Francia el largometraje Un simple accidente, nominado al Oscar. Pero volvamos a cómo, desde un taxi, Panahi desmontó al régimen con una cámara de baja calidad, un par de ciudadanos auténticos de Irán y uno de los emblemas por la libertad del país. ¿De qué trata 'Taxi Teherán'? Fuera de Irán, Panahi es un director tremendamente respetado, que ha ganado premios en los festivales europeos mayores. En Irán, además, es una figura muy conocida, odiada públicamente por unos y admirada en secreto por otros. El que se lo reconozca se debe, en gran parte, a que él mismo suele protagonizar sus propias “no-películas”, como Esto no es una película, Los osos no existen o Tres caras. Taxi Teherán no es una excepción. Rodada como si fuera una broma de cámara oculta, Panahi ejerce de taxista en un coche que acoge a diversos pasajeros, y establece un diálogo con ellos. En otras ocasiones, los pasajeros son los que conversan y hasta discuten entre sí. Mediante estos intercambios verbales, Panahi levanta la alfombra de Irán y deja entrever una sociedad machista, contaminada por la religión y que vive con miedo a romper con, una palabra fuera de lugar, el relato oficial. Uno de los ocupantes del taxi es la abogada Nasrín Sotudé, que ha dedicado su vida a la defensa de los represaliados por el régimen iraní. Entre sus clientes, sobresale la presencia de mujeres detenidas por no llevar hiyab, lo que en Irán constituye un delito. En contra de la pena de muerte, debido a su activismo público, tras varias detenciones, Nasrín fue condenada a 38 años de prisión y a 148 latigazos. Poco se sabe sobre su paradero actual, salvo que sorteó la cárcel (al menos de forma temporal) debido a motivos médicos.