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El edificio centenario de Sevilla que esconde un pasadizo subterráneo y relatos difíciles de explicar

2026-03-22 - 06:10

En pleno casco antiguo de Sevilla, a escasos minutos de la Catedral de Sevilla y del bullicio que cada día recorre la avenida de la Constitución, encontramos una vieja casa palacio . Construido a comienzos del siglo XX por una familia acomodada vinculada al comercio la casa en la actualidad permanece en un segundo plano para sus propietarios. Pero más allá de su valor arquitectónico y patrimonial, en el entorno del barrio de Santa Cruz, el palacio arrastra desde hace años una serie de relatos desconcertantes que han despertado la curiosidad de aquellos que saben de su historia. El edificio, levantado a comienzos de la década de 1910 sobre los restos de una antigua casa patio, es una mezcla perfecta de elementos regionalistas con detalles modernistas. Su fachada y balcones de hierro forjado refleja el esplendor económico de una Sevilla que miraba al siglo XX con optimismo. El interior se organiza en torno a un patio central con columnas de mármol, rodeado por galerías que distribuyen las estancias principales. En su sótano, parcialmente abovedado, se conservan antiguas dependencias de servicio y un pasadizo que conecta con una edificación contigua, hoy sin uso. Durante décadas, el palacio fue residencia privada. Tras la Guerra Civil , la familia propietaria vendió el inmueble y este pasó por distintos usos. La rehabilitación general realizada hace más de tres décadas en buena parte de la estructura original, hizo que «algo» despertara en su interior. Fue precisamente esa mezcla de elegancia y decadencia, la que llamó la atención de un grupo de jóvenes realizadores sevillanos en 2015. Buscaban localizaciones para un cortometraje de misterio ambientado en una antigua casa familiar marcada por un secreto del pasado. El palacio reunía todos los elementos visuales necesarios ya que tiene pasillos amplios, techos altos con molduras originales y un sótano de iluminación escasa que parecía fuera de nuestro tiempo. El rodaje se desarrolló durante una semana en verano, en horario nocturno para evitar interferencias con la actividad diurna o el trasiego de la calle. Según relataron después varios miembros del equipo, la experiencia fue más intensa de lo esperado. No se trataba ya de la tensión propia de una grabación nocturna, eran más bien sensaciones difíciles de explicar. El director de fotografía, Javier Romero , aseguró que durante una serie de tomas en ráfaga realizadas en el pasillo principal apareció en una de las imágenes la silueta de una figura al fondo , junto a una puerta cerrada. «En ese momento no había nadie allí. Estábamos cuatro personas y todos estábamos fuera de cámara», explicó. La secuencia, revisada fotograma a fotograma, mostraba un contorno humano apenas perceptible pero definido, que no volvía a aparecer en las imágenes siguientes. El equipo revisó los planos del edificio, comprobó accesos y horarios, e incluso repitió la escena en condiciones similares. No lograron reproducir el fenómeno . Algunos apuntaron a un posible reflejo o a una superposición de luces. Otros, menos inclinados a buscar explicaciones técnicas, confesaron que durante el rodaje habían sentido «corrientes frías» en determinadas zonas del palacio, especialmente cerca de la escalera principal. Una de las trabajadoras, encargada del archivo documental, relató que en varias ocasiones los sensores de luz del pasillo del ala norte se activaban cuando ella era la única persona en la planta. «Se encendían de golpe, como si alguien estuviera caminando», dijo. Otro empleado, responsable de mantenimiento, aseguró que el ascensor antiguo —conservado como elemento original y adaptado a normativa— subía y bajaba sin que nadie lo hubiera solicitado, aunque los registros electrónicos no mostraban fallos evidentes. Estos episodios coincidían en un punto y es que ocurrían con mayor frecuencia al anochecer, cuando el edificio quedaba en silencio. Algunos vigilantes nocturnos también mencionaron haber escuchado pasos en la galería superior o golpes secos procedentes del sótano, sin encontrar después explicación física. El pasadizo subterráneo ha sido otro foco de atención por lo que en su interior sucede. Se trata de un corredor estrecho, de paredes encaladas, que conecta el sótano con una construcción anexa que en su día sirvió como almacén –de esa Sevilla subterránea que tanto me gusta-. No existen registros históricos que lo vinculen con actividades clandestinas antaño o hechos luctuosos, todo ello para explicar lo que en su interior sucese. Durante la rehabilitación, el túnel fue asegurado y permanece cerrado al público, pero el simple hecho de su existencia alimenta la imaginación colectiva. Especialistas en patrimonio y conservación consultados por el Ayuntamiento de Sevilla han señalado que en edificios centenarios es habitual encontrar fenómenos «atribuibles a dilataciones térmicas, asentamientos de la estructura o interferencias eléctricas». Y siguen indicando que «la combinación de materiales antiguos con sistemas modernos de climatización y seguridad puede generar comportamientos inesperados en sensores y mecanismos automáticos». Jorge López , psicólogo, recuerda que el contexto influye de manera decisiva en la percepción. Un edificio con fama de misterioso, iluminado tenuemente y cargado de historia, puede predisponer a interpretar estímulos ambiguos como extraordinarios. El silencio prolongado, los ecos y las sombras proyectadas por elementos arquitectónicos también pueden amplificar esa sensación. Estas dos últimas tratando de buscar la explicación más racional a estos hechos. Pero para quienes han vivido experiencias en carne propia, de forma directa, la explicación racional no siempre resulta suficiente. La repetición de episodios similares en distintos momentos y por personas que no se conocen entre sí viene a potenciar la idea de que algo singular ocurre entre esos muros. Más allá de la veracidad o no de los fenómenos relatados, el palacio –que no se cita expresamente por deseo de sus propietarios- representa un ejemplo de cómo los espacios históricos están cargados con el paso del tiempo. José Luis García, investigador de fenómenos paranormales, indicaba que «hemos hecho mediciones en el edificio y los valores de EMF o las caídas de temperatura no las podemos explicar, no hemos visto sombras ni siluetas pero si hemos sentido pasos en los sótanos que no provocaba nadie». En una ciudad como Sevilla, donde hay historia en cada esquina, en la que iglesias, conventos y casas palacio guardan siglos de vivencias, no resulta extraño que aparezcan este tipo de narraciones de sombras y presencias. El palacio con sus muros, restaurados y protegidos, conservan la elegancia de otro tiempo. Y mientras la luz del atardecer atraviesa el patio central y proyecta sombras alargadas sobre el mármol, el edificio mantiene intacta esa dualidad que lo define como es el patrimonio histórico y ser, igualmente, escenario de relatos que oscilan entre la explicación técnica y la fascinación por lo desconocido. Quizá ahí resida su verdadero encanto, que no está en la confirmación de un fenómeno inexplicable, sino más bien en la enorme capacidad que tiene este espacio para generar preguntas e inquietudes. *Si ha tenido alguna experiencia paranormal, de cualquier tipo, no dude en comunicarse conmigo. Investigaré gratis su caso (como siempre lo hago) y trataré de ofrecerle respuestas: contacto@josemanuelgarciabautista.net

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