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El efecto Carolina Marín que no fue tanto

2026-03-28 - 14:50

Tener referencias siempre ayuda a ver que los límites solo están ahí para que se empujen. Si otra u otro han alcanzado lo que parecía imposible, por qué no uno mismo. Es lo que ha sucedido con Carolina Marín , precursora, descubridora, impulsora, defensora y dominadora de un deporte de los llamados minoritarios porque no arrastran masas de aficionados a los pabellones ni hay entradas o fichajes a precios desorbitados. Pero la onubense sí ha arrastrado a los niños y niñas a agarrar la raqueta y el volante para seguir sus pasos. De forma global, las licencias federativas del bádminton han crecido a la sombra de los éxitos de Marín. Aunque es difícil determinar si el crecimiento hubiera sido el mismo sin su presencia en los podios, es fácil imaginar que hubo cierto efecto Carolina durante su carrera profesional. Aunque quizá no tanto como cabría esperar de un currículo sin igual. En 2009 conquistó su primer título internacional, el Open de Irlanda, y era de las 2.861 mujeres que practicaban este deporte en niveles de competición. Eran 3.952 hombres. En 2014 ganó su primer oro europeo y también el mundial, pero el brillo apenas se notó en los registros: de 2.715 licencias femeninas, a las 2.805 de 2015 (90 más); algo más se notó el interés de los hombres, pues se apuntaron 209. En el verano de 2016, el país se paralizó para ver su final contra la india Pusarla Venkata Sindhu. Pero tampoco fue el bum esperado en las estadísticas, pues apenas aumentaron en 224, aunque con más interés entre las mujeres, con 176, por los 48 hombres. Pero el incremento continuó, con algo más de énfasis para la temporada siguiente: con 568 apuntados. El mayor despegue llegó para el tercer oro mundial, en 2018, que llevó a los pabellones a 9.473 practicantes federados, con 5.724 hombres y 3.749 mujeres. Un aumento de 907 licencias masculinas y 209 femeninas. Es lo que buscaba siempre la federación: rentabilizar en cantera los éxitos de la mejor del mundo. La rodilla ha llevado a Marín a decir hasta aquí, con 32 años, y con un puñado de historias incompletas debido a las lesiones. Pero ahí está su legado en forma de dígitos, pues esta última temporada, antes de ese fatídico final en París 2024, el bádminton reflejaba 9.796 licencias: 5.882 masculinas y 3.914 femeninas. Es decir, en una trayectoria irrepetible, unas 3.000 personas han seguido el efecto Carolina. Y las que llegarán.

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