El embalse de El Atazar, ocho km de "tripas" y controles "milimétricos" para frenar la crecida de los ríos de Madrid
2026-02-17 - 19:13
Desde el mirador del embalse de El Atazar, el mayor de la Comunidad de Madrid, cuesta escuchar las explicaciones de Belén Benito, directora de Operaciones del Canal de Isabel II, por el sonido del agua que sale con fuerza por su aliviadero. La estructura es capaz de expulsar hasta 250 m3 por segundo —con lo que se llenaría una piscina olímpica en menos de lo que alguien tarda en contar hasta diez—, pero en estos últimos días de lluvia el caudal ha rondado entre los 50 y 90 m3/s, detalla la directora. La imagen resume el papel que han desempeñado los embalses madrileños en el último episodio de borrascas: contener, regular y anticiparse a las crecidas para evitar inundaciones aguas abajo. En concreto, Belén Benito compara los embalses con sistemas de amortiguación porque "suavizan el efecto de la lluvia sobre los ríos". En este episodio de lluvias, han conseguido reducir a la mitad los caudales. La gestión coordinada de las 13 presas que administra la empresa pública Canal de Isabel II permitió registrar el pasado 10 de febrero la octava mayor aportación diaria de su serie histórica, con cerca de 400 m3 por segundo de media entrando en los embalses. Sin embargo, con desembalses controlados, el caudal se redujo hasta los 205 m3/s aguas abajo, evitando las posibles crecidas y, con ellas, daños materiales y personales, explica la Consejería de Medio Ambiente. Ese "trabajo milimétrico", como lo ha definido el consejero de Medio Ambiente, Agricultura e Interior, Carlos Novillo, desde El Atazar, ha permitido "evitar muchísimos daños" en zonas pobladas, infraestructuras y espacios naturales. Según explica, aproximadamente la mitad del volumen de agua entrante pudo ser "laminado" —retenido y liberado progresivamente— para "minimizar el impacto de las avenidas". El Atazar, última de las cinco presas que regulan el río Lozoya y responsable de aproximadamente el 50% del agua embalsada en la región, desempeña un papel estratégico en ese sistema. Como adelantaba Benito, estos días ha liberado en torno a 50 m3/s por su desagüe intermedio, una maniobra habitual en invierno para mantener espacio disponible ante nuevas lluvias o el deshielo. Una seguridad, "que nunca se improvisa" Actualmente, los embalses están de media por encima del 86% de su capacidad total y 11 de las 13 presas están liberando agua por seguridad hidrológica tanto para garantizar el abastecimiento a la población y como para proteger el territorio de aumentos bruscos de caudal. Para los responsables de la gestión hidráulica del embalse, el correcto funcionamiento del sistema se basa en "años de planificación y control continuo". "La seguridad de presas nunca se improvisa. Si se improvisara, habría desastres", subraya Benito. Según explica, el modelo se apoya en cuatro pilares: tecnología, mantenimiento preventivo, especialización profesional y cumplimiento normativo. Estos cuatro pilares permiten controlar las presas, a las que describe como "estructuras dinámicas que reaccionan a la temperatura, al nivel del agua o a la insolación". "Se comportan como seres vivos", señala. Por eso están equipadas con complejos sistemas de auscultación —exactamente como un control médico— que permiten medir su comportamiento en tiempo real las 24 horas de los 365 días del año. Ocho kilómetros de controles dentro de "sus tripas" Todos estos métodos para controlar la fuerza del agua y la salud de la presa están en "sus tripas", como las definían los técnicos del embalse. O sea, sus galerías interiores. En total, suman unos ocho kilómetros de péndulos, extensómetros y otros dispositivos capaces de detectar movimientos milimétricos en la estructura. Solo esta instalación genera cerca de la mitad de los aproximadamente 400.000 datos anuales que recopila el centro de control del Canal sobre el estado de las presas. Estos sistemas permiten verificar que los movimientos naturales de la infraestructura —expansión, contracción o ligeras variaciones de posición— se mantienen dentro de los rangos previstos sin 'enfermedades'. Más allá disponen de vigilancia física y tecnológica las 24 horas del día durante todo el año porque la apertura y cierre de válvulas sigue realizándose de forma manual por personal técnico. Cada maniobra de desembalse, se comunica a la Confederación Hidrográfica del Tajo y Seguridad y Emergencias Madrid 112. Novillo ha hecho especial énfasis en que este episodio de lluvias ha dejado también una consecuencia positiva desde el punto de vista del abastecimiento. Con una media del 86% de agua almacenada —y el propio El Atazar en torno al 80%—, el suministro a la población madrileña está garantizado para los próximos 18 meses, según detalla el consejero. Ahora, la vista de los técnicos está fijada en las presas montañosas, en el hielo y la nieve. "Mantener espacio disponible en los embalses es clave para absorber esas futuras aportaciones", concluye Novillo.