El estrés en la infancia está relacionado con problemas digestivos de larga duración
2026-03-18 - 06:10
El estrés sufrido en la infancia puede provocar problemas digestivos en la edad adulta, debido a cambios en el intestino y el sistema nervioso simpático, según un nuevo estudio de la Universidad de Nueva York (Estados Unidos) publicado en la revista Gastroenterology. "Nuestra investigación demuestra que estos factores estresantes pueden tener un impacto real en el desarrollo infantil y podrían influir en problemas intestinales a largo plazo. Comprender los mecanismos implicados puede ayudarnos a crear tratamientos más específicos", asegura la autora del estudio, Kara Margolis, directora del Centro de Investigación del Dolor de la Universidad de Nueva York y profesora de patobiología molecular en la Facultad de Odontología de la Universidad de Nueva York, así como de pediatría y biología celular en la Facultad de Medicina Grossman de la misma universidad. Del síndrome del intestino irritable hasta dolor abdominal La negligencia emocional y otras experiencias adversas en la primera infancia pueden tener un profundo impacto en el desarrollo del niño. Las investigaciones demuestran que el estrés en la primera infancia, tanto durante el embarazo como después del parto, puede influir en la formación del cerebro y está relacionado con una mayor probabilidad de desarrollar trastornos de salud mental como la ansiedad y la depresión. En este contexto, investigadores del Centro de Investigación del Dolor de la Facultad de Odontología de la Universidad de Nueva York (NYU) buscaron comprender cómo estas dificultades influyen en la comunicación bidireccional entre el cerebro y el intestino. Cuando esta vía de comunicación se ve afectada, las personas pueden experimentar problemas digestivos, como el síndrome del intestino irritable, dolor abdominal y problemas de motilidad (por ejemplo, estreñimiento o diarrea). "Cuando el cerebro se ve afectado, es probable que el intestino también lo esté; ambos sistemas se comunican las 24 horas del día, los siete días de la semana", explica Margolis. "Existen algunos datos que indican que el estrés en la infancia puede estar relacionado con trastornos intestinales, pero queríamos analizar en profundidad los mecanismos y cómo funcionan estas vías de comunicación entre el intestino y el cerebro". Los investigadores exploraron el estrés en la primera infancia de tres maneras diferentes, utilizando modelos de ratones y dos grandes estudios con niños. En el estudio realizado con ratones, los recién nacidos fueron separados de sus madres durante varias horas al día, un modelo de estrés en las primeras etapas de la vida. Meses después, cuando los investigadores los examinaron (en la etapa equivalente a la adultez temprana), los ratones presentaban mayores niveles de ansiedad, dolor intestinal y problemas de motilidad. Los cambios en la motilidad variaron según el sexo: las hembras sufrieron diarrea y los machos, estreñimiento. Consecuencias graves si la depresión materna no se trata Experimentos adicionales revelaron que diferentes vías podrían estar causando distintos síntomas gastrointestinales. La supresión de la señalización simpática al intestino resolvió los problemas de motilidad, pero no el dolor, mientras que las hormonas sexuales parecieron influir en el dolor, pero no en la motilidad. Las vías dependientes de la serotonina parecen afectar tanto al dolor intestinal como a la motilidad. La relación entre el estrés en la primera infancia y los problemas gastrointestinales, hallada en los experimentos preclínicos, se reflejó en gran medida en dos grandes estudios en humanos. En uno de ellos, los investigadores analizaron un estudio poblacional realizado en Dinamarca con más de 40.000 bebés de hasta 15 años de edad, la mitad de los cuales nacieron de madres con depresión no tratada durante o después del embarazo. Descubrieron que la depresión durante y después del embarazo en madres que no tomaban antidepresivos se asociaba con un mayor riesgo de que sus hijos fueran diagnosticados con diversos trastornos digestivos, como náuseas y vómitos, estreñimiento funcional, cólicos y síndrome del intestino irritable. Este hallazgo se suma a un estudio previo dirigido por Margolis que determinó que las madres que toman antidepresivos durante el embarazo tienen más probabilidades de tener hijos diagnosticados con estreñimiento funcional. "Las consecuencias digestivas para los niños parecen ser aún más graves cuando la depresión materna no se trata, lo que sugiere que las madres que sufren depresión deberían recibir tratamiento durante el embarazo. Esto puede incluir medidas no farmacológicas como la terapia, pero algunas mujeres embarazadas también pueden necesitar medicamentos para tratar su depresión", apunta Margolis. "Este hallazgo también refuerza nuestro compromiso con el desarrollo de antidepresivos que no atraviesen la placenta, un tema central en muchos de nuestros estudios actuales". Lo que ocurre en la infancia también es muy importante En un segundo estudio con humanos, los investigadores analizaron datos de casi 12.000 niños estadounidenses que participaron en el estudio ABCD (Desarrollo Cognitivo del Cerebro Adolescente), financiado por los NIH. Examinaron las experiencias adversas en la infancia, como el abuso, la negligencia y los problemas de salud mental de los padres, así como si los niños presentaban problemas digestivos a los nueve y diez años. Descubrieron que los síntomas gastrointestinales aumentaban con cualquier tipo de estrés en la primera infancia. En conjunto, los estudios demuestran que el estrés en la infancia puede influir en el desarrollo de la comunicación intestino-cerebro y contribuir a síntomas gastrointestinales a largo plazo, como dolor y problemas de motilidad. Al demostrar que diferentes vías modulan distintos síntomas, futuros estudios podrán explorar cómo actuar sobre vías específicas para tratar con mayor eficacia los problemas digestivos, como los trastornos de la interacción intestino-cerebro. "Cuando los pacientes acuden con problemas intestinales, no solo debemos preguntarles si están estresados en ese momento; lo que ocurrió en su infancia también es una cuestión muy importante que debemos tener en cuenta. Este historial de desarrollo podría, en última instancia, ayudarnos a comprender cómo se desarrollan algunos trastornos de la interacción intestino-cerebro y a tratarlos en función de mecanismos específicos", finaliza Margolis.