El Estrecho de Ormuz, paso estratégico para el petróleo y el gas: qué implica su cierre y a quién afectaría más
2026-03-01 - 07:53
Es la principal arteria para el comercio energético, por lo que un eventual cierre, desatado por el ataque masivo de Estados Unidos e Israel a Irán, supondría una seria amenaza para la economía mundial. El Estrecho de Ormuz, un paso angosto que conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico, limita con Irán al norte y con Emiratos Árabes Unidos y Omán al sur. Su importancia radica en que la mayoría de los países productores de petróleo y gas de la región no dispone de rutas marítimas alternativas por donde poder canalizar sus exportaciones. Arabia Saudí, Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y la propia Irán emplean esta vía para enviar sus productos energéticos, fundamentalmente hacia Asia (a China, India, Japón, Corea del Sur y Singapur), pero también a Estados Unidos. Las cifras son muy elocuentes. Sólo en 2025, los buques tanque transportaron alrededor de 16,7 millones de barriles diarios de crudo a través de esta vía marítima, cerca del 20% del consumo mundial, de acuerdo con los datos recopilados por Bloomberg. El paso también es clave para el mercado del gas natural licuado (GNL). Cerca de una quinta parte del suministro mundial, principalmente procedente de Qatar, transitó por esta ruta el año pasado. El Estrecho de Ormuz tiene cerca de 161 kilómetros de longitud, pero apenas 34 kilómetros en su punto más angosto. Los carriles de navegación en cada sentido cuentan con poco más de tres kilómetros de ancho. La escasa profundidad del canal hace que los buques sean vulnerables a minas marítimas, mientras que la proximidad a tierra —especialmente a Irán— los expone a misiles lanzados desde la costa o a poder ser interceptados por lanchas patrulleras y helicópteros. ¿Quién depende más del Estrecho de Ormuz? Arabia Saudí es el mayor exportador de crudo a través del Estrecho de Ormuz, si bien dispone de una alternativa parcial mediante un oleoducto de aproximadamente 1.200 kilómetros que cruza el reino hasta el mar Rojo y cuenta con capacidad para transportar 5 millones de barriles diarios. Un caso similar es el de Emiratos Árabes Unidos, que también contaría con una vía para sortear parcialmente el paso por el estrecho. Se trata de un oleoducto que conecta sus campos petroleros con un puerto en el golfo de Omán, con una capacidad cercana a 1,5 millones de barriles diarios. Irak cuenta con un oleoducto que atraviesa Turquía hasta la costa mediterránea y fue reabierto el año pasado. Sin embargo, solo transporta crudo procedente de campos en el norte del país, por lo que la mayor parte de sus exportaciones sigue dependiendo del puerto de Basora y del tránsito por Ormuz. Kuwait, Qatar y Baréin no disponen de rutas alternativas y deben exportar exclusivamente por el estrecho. Irán, por su parte, también depende de este canal para sus exportaciones. En 2025, el volumen de crudo iraní transportado por el estrecho alcanzó su nivel más alto desde 2018. ¿Puede Irán realmente bloquear el Estrecho de Ormuz? En virtud de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, los Estados pueden ejercer soberanía hasta 12 millas náuticas desde su costa, una distancia inferior al punto más angosto del Estrecho de Ormuz, si bien no pueden obstaculizar el “paso en tránsito” por estrechos utilizados para la navegación internacional. Aunque Irán firmó el tratado en 1982, este no ha sido ratificado por su parlamento. En anteriores periodos de elevada tensión geopolítica, el gobierno iraní ha afirmado que posee capacidad para imponer un bloqueo naval. Sin embargo, nunca ha materializado la amenaza de cerrar completamente esta vía, una decisión que probablemente desencadenaría una respuesta contundente de las marinas occidentales que patrullan la zona, en particular la de Estados Unidos. Irán podría generar perturbaciones significativas sin que ninguno de sus buques de guerra abandonara puerto. Su extensa línea costera a lo largo del estrecho le otorga múltiples opciones, desde acciones de hostigamiento de bajo impacto mediante lanchas rápidas hasta escenarios más extremos, como ataques a petroleros con misiles y drones, elevando el riesgo hasta hacer inviable el tránsito comercial. También podría desplegar minas marítimas, aunque el riesgo para su propia flota reduciría la probabilidad de esta medida. Los buques modernos son igualmente vulnerables a la interferencia de señales del sistema de posicionamiento global (GPS), una táctica cada vez más utilizada por actores estatales y no estatales para perturbar la navegación. De hecho, miles de embarcaciones experimentaron disrupciones en el Estrecho de Ormuz y sus alrededores durante el conflicto entre Irán e Israel el pasado junio. ¿Cómo afectaría un bloqueo al mercado petrolero? Si el tránsito se volviera peligroso, los buques podrían operar en convoy bajo protección de marinas occidentales. Esto ralentizaría el tráfico, pero no necesariamente implicaría una reducción sustancial de la oferta global de crudo. Un cierre total del estrecho de más de unos días representaría un escenario crítico para los mercados energéticos. Tanto, que hay analistas que, bajo ese supuesto, sitúan el precio del barril de petróleo entre los 120 y los 150 dólares. El petróleo es la savia de la economía mundial: alimenta coches, camiones, barcos y aviones, y se utiliza para fabricar plásticos, fibras sintéticas, disolventes, detergentes y pinturas. Según Amadeo Alentorn, de la gestora Jupiter AM, un cierre total de Ormuz encarecería "el transporte de mercancías por camión, avión o barco y la producción de bienes derivados del petróleo". Ante este escenario, las empresas repercutirían los mayores costes de transporte y producción en los consumidores, lo que elevaría la inflación en todo el mundo. El cierre también afectaría de forma inmediata a la economía iraní, al impedirle exportar su propio petróleo. Asimismo, una interrupción prolongada de los flujos energéticos desde Oriente Medio podría tensar las relaciones con China, principal comprador de crudo iraní y socio estratégico clave que ha utilizado su poder de veto en el Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas para frenar sanciones o resoluciones impulsadas por Occidente.