El experimento económico de Estados Unidos empieza a pasar factura
2026-03-04 - 06:13
El 30 de enero el PIB de Estados Unidos confirmó un crecimiento anualizado del 1,4% en el cuarto trimestre de 2025. Tres meses antes avanzaba al 4,4%. El contraste llega en el mismo momento en que la Casa Blanca mantiene el discurso de reindustrialización y presión arancelaria sobre China y parte de Europa y con la guerra abierta ahora en Oriente Próximo. El experimento económico sigue en marcha, pero los datos empiezan a moverse en otra dirección. El mercado laboral ofrece la primera grieta. En enero se crearon 130.000 empleos, por encima de lo previsto, y la tasa de paro se mantiene en el 4,3%. Sin embargo, el promedio mensual de creación de empleo en 2025 fue el más bajo desde 2003 si se excluyen periodos de recesión. Las revisiones posteriores han reducido varias lecturas iniciales, lo que ha enfriado el optimismo que acompañó a los primeros titulares. La industria no despega El detalle sectorial es más elocuente que la cifra agregada. Transporte y manufacturas, los dos ámbitos que deberían reflejar el efecto de los aranceles y de los incentivos industriales, han perdido empleo en términos netos en los últimos meses. El crecimiento se concentra en sanidad y asistencia social, un sector poco expuesto al comercio exterior y sostenido por la dinámica demográfica y el gasto interno. Eso importa porque el relato oficial descansa en la idea de que las barreras comerciales están atrayendo producción doméstica. Si la industria no gana peso en el empleo, el coste arancelario recae sobre cadenas de suministro que siguen dependiendo de materiales importados. Varias compañías manufactureras han señalado en sus resultados trimestrales mayores costes logísticos y presión en márgenes, sin anunciar aumentos significativos de capacidad productiva. La inflación tampoco se ha marchado del todo. En enero de 2026 el índice de precios al consumo se situó en el 2,4% interanual, el nivel más bajo desde mayo del año pasado y por debajo de los máximos de 2022. La moderación es clara en el componente energético. Sin embargo, la inflación subyacente, que excluye alimentos y energía, se mantuvo en el 2,5%. No está lejos del objetivo del 2% de la Reserva Federal, pero tampoco ha convergido del todo. El efecto combinado de menor crecimiento y una inflación resistente se percibe en la inversión empresarial. Los datos de pedidos de bienes duraderos muestran volatilidad y un crecimiento más débil en equipo productivo no relacionado con defensa. Al mismo tiempo, las previsiones apuntan a alrededor de 650.000 millones de dólares en inversión en 2026 solo en infraestructura de IA por parte de las principales compañías estadounidenses, una cifra que supera ampliamente el gasto anual en muchos sectores industriales tradicionales. La IA centra en estos momentos el debate público como posible responsable de la moderación en las contrataciones, sobre todo en servicios profesionales y tecnología. Las cifras no apuntan a una destrucción masiva de puestos, pero sí a una menor demanda de perfiles de entrada en algunos segmentos. El ratio de despidos sigue por debajo de la media histórica, aunque la tasa de contratación se ha reducido frente a los años posteriores a la pandemia. El consumo aguanta, pero con menos colchón Con todo, el consumo privado continúa siendo el principal soporte de la actividad. Representa en torno al 68% del PIB estadounidense y en el cuarto trimestre de 2025 el gasto en consumo personal creció un 2,4% interanual. El avance es menor que en ejercicios anteriores, pero mantiene la economía en terreno expansivo. El colchón financiero de los hogares, sin embargo, es más estrecho. La tasa de ahorro personal descendió desde el entorno del 5% a comienzos de 2025 hasta el 4% en septiembre, según los últimos datos disponibles. Es un nivel inferior al promedio histórico previo a la pandemia. Al mismo tiempo, el volumen total de deuda de los hogares alcanzó aproximadamente 18,6 billones de dólares en 2025, con incrementos en hipotecas, préstamos estudiantiles y tarjetas de crédito. Por otro lado, el rendimiento del bono a diez años volvió a situarse por encima del 4% en febrero. Ese nivel encarece la financiación hipotecaria y corporativa en un contexto de déficit público superior al 6% del PIB. La combinación de tipos elevados, crecimiento más moderado y tensiones comerciales activas deja a la economía en un punto de equilibrio más estrecho que el de hace un año. Habrá que ver cómo le afecta ahora la guerra en Oriente Próximo.