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El expríncipe Andrés y su extraña pasión por los osos de peluche: "Tardaba media hora en colocar los 72"

2026-02-23 - 14:13

Una imagen que ha dado la vuelta al mundo. Una, al fin y al cabo, que ha acabado siendo colgada en el Museo del Louvre de París por activistas del grupo británico antimillonarios Everyone Hates Elon (Todo el mundo odia a Elon). En la fotografía, tomada por un fotógrafo de la agencia Reuters, Andrés Mountbatten-Windsor, el hermano pequeño del rey Carlos III de Inglaterra e hijo favorito de su madre, la reina Isabel II, salía en el asiento trasero de un coche tras terminar el interrogatorio al que fue sometido el pasado jueves tras un arresto histórico por el delito, que puede conllevar cadena perpetua, de "mala conducta en un cargo público". Es la última gota de un vaso ya muy colmado: el de la paciencia del pueblo británico para con el expríncipe. Incluso la de su familia, que no ha tenido reparos, desde el propio soberano a su sobrino, el príncipe heredero Guillermo de Inglaterra y su esposa, Kate Middleton, a la hora de seguir acudiendo a diferentes actos importantes que ya tenían agendados —verbigarcia, los premios BAFTA—, como si la vida y obra de quien era conocido en su etapa militar como "Andresito el cachondo" ["Randy Andy" en versión original] no formara parte de la monarquía de Buckingham Palace. A sus 65 años, las desgracias para el exmarido de Sarah Ferguson, quien por su parte ha preferido poner tierra de por medio y huir a la clínica más cara del mundo en mitad de todos los escándalos, no cesan. Y a perro flaco todo son pulgas. De ahí que a su amistad con el magnate y pedófilo Jeffrey Epstein, a su expulsión y mudanza de Royal Lodge, la que ha sido su casa los últimos 30 años, a relación más que tensada con otros Windsor, desde su hermano hasta sus hijas, Eugenia y Beatriz, haya que sumar cualquier noticia que sale sobre él, aunque sea de su pasado. Y eso es excatamente donde entra Charlotte Briggs. Ella, extrabajadora del palacio de Buckigham, ha traído al presente aprovechando la coyuntura, tal y como explican desde el periódico británico The Sun, una de sus más curiosas y quizá elocuentes excentricidades, pues Andrés Mountbatten-Windsor ha tenido siempre una asombrosa obsesión por un objeto en particular que, habida cuenta de su antiguo juicio contra Virginia Giuffre, que acabaría suicidándose al no haber superado los abusos de los que afirmó haber sido víctima siendo menor por parte del royal en la isla de los horrores de Epstein, no da sino aún más desagrado al pensarlo: los osos de peluche. Según ha explicado Briggs, desde el mismo momento en que entró a trabajar a palacio le hicieron una advertencia para que entendiese que, a pesar de lo que pudiera parecer, no podía tratarlo como una nimiedad: los peluches del entonces duque de York eran algo sagrado. "Me informaron acerca de ellos en cuanto me dieron el trabajo, dejando bastante claro qué era lo que debía hacer con ellos. Es que le llegaron a dedicar todo un día a entrenarme, para que cada uno de ellos estuviera colocado como él quería. Todo tenía que estar perfecto. Era algo muy extraño", ha explicado la extrabajadora. Acerca de la propia ordenación, Charlotte ha revelado que los osos de peluche habían de colocarse perfectamente ordenados por tamaño, una manía cuya responsabilidad estaba delegada en los empleados de la casa real. Y, en aquel momento, recayó sobre ella, que no ha dudado en tildar ese trabajo como el más raro que ha ejercido en toda su vida. "Eran ositos muy antiguos, de la marca Steiff, y casi todos iban vestidos con uniformes y sombreros de marineros. Tardaba media hora en colocarlos todos, y es el trabajo más raro por el que me han pagado nunca", ha afirmado Briggs para el medio, que cifra en 72 el número de dichos juguetes. No es la primera vez que sale a la luz la curiosa afición del expríncipe Andrés. "Siempre he coleccionado ositos de peluche, porque allá donde fuera con la Marina, solía comprar uno, así que tengo una colección de peluches de todo el mundo", llegó a decir él mismo. En un documental sobre la relación entre Andrés y Jeffrey Epstein que realizó y emitió la cadena británica ITV, Paul Page, quien fue mimebro de su equipo de seguridad, contó cómo en la habitación del hijo de la reina había incluso u diagrama que mostraba al los trabajadores en qué posición debía estar cada muñeco. Amén de un texto que, según él rezaba: "Cuando el duque de York se quede a dormir, coloca un osito de peluche pequeño y un cojín sobre la cama. Al hacer la cama, ve colocándolos junto al osito del lado izquierdo". Es más, según Page, si Andrés descubría que "los osos de peluche no estaban bien colocados", se ponía inmediatamente "a gritar". Fue el experto en casa real británica Tom Quinn quien, en su libro Sí, alteza. A su servicio: Los secretos de los royals británicos revelados por sus criados, explicó que Andrés "podía ser muy leal y comprensivo si le agradaba un miembro de su personal", pero aun así "no podía resistirse a ser autoritario, mandón y tener mal carácter si algo salía mal o no se hacía exactamente como a él le gustaba".

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