El faro del mundo
2026-03-06 - 05:23
Fue un alivio. La intervención de Marco Rubio en la Conferencia de Seguridad de Múnich fue interpretada por los jefes de Estado y de gobierno allí reunidos como una rebaja en el tono de agresividad antes exhibido por el vicepresidente J. D. Vance acusando a los europeos de falta de democracia con la ultraderecha. Aquel provocador discurso desató en la UE una corriente en favor de la independencia comunitaria, sobre todo en materia de defensa. Lo manifestado por Rubio en Múnich mostró una diferencia en las formas que revelaba cierto reconocimiento de los excesos en el trato dispensado a quienes fueron sus aliados. Rubio habló de una nueva era en las relaciones entre Europa y los EEUU y de tender puentes priorizando recomponer el orden mundial bajo la hegemonía y conveniencia del emperador. Marco Rubio llegó a decir que el viejo mundo ya no existe y cargó contra las políticas migratorias, sociales y climáticas europeas como si fueran anacronismos decadentes. Mano de hierro en guante de seda para advertir que el interés de los Estados Unidos ha de ser el eje obligado de la relación trasatlántica. El auditorio de Múnich agradeció el tono del secretario de Estado pero los representantes europeos no dejarían pasar el trasfondo de su mensaje imperialista. La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, criticó abiertamente la "moda" de la Casa Blanca de insultar y denigrar al bloque comunitario. Kallas dijo que Europa ni es decadente ni woke, abogando por la necesaria emancipación con respecto a su aliado trasatlántico, y en parecidos términos se expresaría la presidenta del BCE, Christine Lagarde, quien manifestó que "la patada en el culo que recibimos de Donald Trump ha unido a los europeos". De esta deriva antitrumpista creciente en Europa escapan las formaciones de extrema derecha impulsadas desde la Casa Blanca. Mientras la italiana Giorgia Meloni trata de mantenerse en medio, cuidando su hasta ahora buena relación con Trump, los llamados "patriotas" se entregan a la eurofobia que Washington alimenta. Su máximo exponente en España, Santiago Abascal, esquiva como puede cualquier mención a los crímenes de la policía racista en Mineápolis, al obsceno enriquecimiento del clan presidencial o a su descarado interés por el petróleo venezolano. A esa posición se apuntó Isabel Díaz Ayuso, quien sorprendió a su propio partido concediendo a Estados Unidos la Medalla Internacional de Madrid y participando online junto a Milei en un acto montado en la Casa Club de Trump. Fue allí donde la presidenta madrileña se declaró fan de los Estados Unidos por ser, dijo, "el principal faro del mundo libre". Un faro que ilumina la detención arbitraria de hispanos, incluida la del "niño conejo", o viola el derecho internacional e inicia guerras ilegales sin la preceptiva autorización del Congreso. El mismo faro que le permite imponer la ley de la jungla y amenazar e insultar a España por no bailarle el agua a sus excesos. Halagar al político más detestado del planeta junto a Putin y Netanyahu no sale gratis. El creciente rechazo a la figura de Trump alcanza ya el 70% en EEUU, el ataque a Irán ha abierto un cisma en el movimiento MAGA, su principal base electoral, por incumplir el compromiso de no meter al país en guerras. Ahora todo apunta a una debacle republicana en las elecciones de medio mandato de noviembre. El Supremo anuló la mayoría de sus aranceles masivos y los papeles de Epstein amenazan con revelar chanchullos económicos además de los escándalos sexuales. Si el "faro" de Trump se apaga, quienes tanto le adulan caminarán entre tinieblas.