El feminismo toma las calles en un 8-M marcado por el "no a la guerra" y la alerta de "volver al pasado"
2026-03-08 - 18:13
Una ola morada volvió a inundar las calles de la capital madrileña este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, para reivindicar la igualdad y el fin de las violencias machistas. Con jerséis, lazos, abrigos y pañuelos morados, miles de feministas de todas las edades salieron a denunciar a gritos y con sus pancartas todas las violencias que sufren las mujeres por el hecho de serlo, en una jornada de protestas que estuvo especialmente marcada por el auge de la extrema derecha y los conflictos internacionales. Un año más, el movimiento marchó dividido en dos movilizaciones paralelas que arrancaron a la vez, pero con rutas distintas, y que en total habrían sumado unas 35.000 personas, según datos oficiales. Pasaban las 12 del mediodía cuando un estruendo de tambores, pitidos y aullidos anunciaba el inicio de la manifestación convocada por la Comisión 8M que, bajo el lema Feministas Antifascistas. Somos más. En todas partes, este año hizo su ruta desde Atocha hasta Alcalá. "¡Qué tiemble esta ciudad! ¡Buenos días Madrid, qué buen día se ha quedado para plantar cara al fascismo!", coreó al micrófono una de las portavoces de la organización, alentando a la marea violeta que había invadido ya todo el Paseo del Prado y dando inicio así a la movilización de este 2026. Unas 24.000 personas habrían asistido a esta convocatoria, según cifras de la Delegación del Gobierno, que las convocantes elevaron a 160.000. Aunque con distintos enfoques y luchas, el mensaje que han transmitido las manifestantes este domingo tenía un fondo común: las mujeres siempre son las mayores damnificadas en cualquier conflicto. "Bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados", advertía el cartel de una asistente a la manifestación mayoritaria. Las mujeres sometidas por los talibanes en Afganistán, el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, la guerra en Gaza, la invasión rusa en Ucrania, Donald Trump o los archivos de Jeffrey Epstein fueron apareciendo en insignias y proclamas. El feminismo ha recuperado el "No a la guerra" que España ya reivindicó masivamente en 2003 contra la invasión a Irak, y se ha presentado como "la alternativa a la ultraderecha y al militarismo". "Tenemos que ponernos en el lugar de nuestras abuelas, nuestras madres y todas las mujeres que lucharon durante tanto tiempo y que los derechos que hemos conquistado no vengan a arrebatárnoslos", reivindicó a 20minutos Ana, de 33 años. Un testimonio común entre casi todas las manifestantes con las que habló este periódico, que defendieron la necesidad de mostrar resistencia ante cualquier indicio de retroceso y denunciaron las violencias que siguen sufriendo las mujeres y que demuestran las cifras de violencia de género, que deja solo en lo que llevamos de año 10 mujeres y dos menores asesinados. A la manifestación de Madrid acudieron casi todas las ministras del Gobierno, tanto las socialistas como las de Sumar, menos la titular de Igualdad, Ana Redondo, que como ya hizo el año pasado, prefirió movilizarse en Valladolid, su ciudad natal. Allí advirtió también del riesgo de perder los derechos logrados y alegó al pacifismo, en defensa a las mujeres que en Irán "están suferiendo la violencia de la guerra". Un punto de encuentro Como una metáfora de lo que realmente está ocurriendo con el movimiento, las manifestantes de ambas movilizaciones coincidieron en la Plaza de Cibeles, punto en el que partía la otra marcha del Movimiento Feminista de Madrid, que desde hace cinco años se manifiesta en paralelo por diferencias en torno a asuntos como la prostitución o la ley trans. Pero durante un tiempo cohabitaron las pancartas de unas y otras feministas que, en el fondo, reivindicaban lo mismo: el fin de todas las violencias que sufren las mujeres. Las sexuales, las laborales, las económicas, las institucionales, las judiciales, las obstétricas y sanitarias. Por el aborto, por la igualdad, contra la brecha salarial, por la conciliación y la corresponsabilidad, por la seguridad, por la libertad sexual. Familias enteras, grupos de amigas, ancianas, niñas y también jóvenes, que han salido a desafiar los datos que apuntan a una desmovilización feminista entre las nuevas generaciones. Ellos también temen que su futuro implique una "vuelta al pasado". Esta otra convocatoria tuvo una menor movilización (de 11.000 asistentes según datos oficiales, y de 20.000 según la organización) y recorrió la Gran Vía madrileña hasta Plaza de España con la proclama Feminismo internacionalista: ¡Ni veladas! ¡Ni explotadas! ¡Ni prostituidas! Feminismo internacionalista: ninguna mujer queda atrás. También ellas incidieron en la geopolítica actual y aludieron a mujeres de otros países que están atravesando situaciones de violencia. Los mensajes fueron, en esta movilización, más concretos y dirigidos a las dos causas principales de esta organización: la abolición de la prostitución y la derogación de la ley trans. "Ninguna mujer nace para ser prostituida" y "ser mujer no es un sentimiento", fueron dos de las insignias más coreadas por las asistentas a esta marcha, que terminó antes que la mayoritaria y que contó con la presencia de la delegación del PP, encabezada por su vicesecretario de Educación e Igualdad, Jaime de los Santos. El mismo ambiente había en el resto de ciudades del país, donde también miles de mujeres han salido a reivindicar sus derechos a lo largo de este domingo. El movimiento ha marchado igualmente dividido en las más grandes, como Sevilla, donde aunque había dos convocatorias paralelas se ha hecho mucho incapié en los discursos reaccionarios contra el feminismo. Valencia, por su parte, ha aprovechado uno de sus símbolos, la mascletà, para teñir de morado la plaza del Ayuntamiento.