El filósofo que pasa consulta: «Si apagas el sufrimiento con pastillas no conocerás el mensaje de tu malestar emocional»
2026-03-17 - 03:53
Omar Linares es doctor en Filosofía por la Universidad de Granada, en la que defendió la tesis 'Filosofía como terapia', distinguida cum laude. Lleva más de una década acompañando a personas de todo el mundo en procesos de autoconocimiento a través de su consulta Thelos , un espacio pionero de orientación filosófica que combina el pensamiento clásico con herramientas contemporáneas del crecimiento personal. Acaba de publicar el libro 'La consulta del filósofo', y asegura a ABC que esta disciplina ayuda «sin lugar a dudas» a que las personas se conozcan mejor a sí mismas. -¿Quién debe ir a la consulta de un filósofo? -Quien quiera mejorar la relación consigo mismo y con la vida. Nuestro día a día pone de relieve el impacto que cuestiones filosóficas como el sentido de la vida, la muerte, el sufrimiento... tienen en nuestra vida. En el momento en el que reconocemos su presencia, tenemos la oportunidad de que dejen de ser un obstáculo para nuestra serenidad y sean en un trampolín hacia ella. -¿Es un complemento a la terapia psicológica? -Puede serlo. La diferencia radica en el enfoque, ya que la psicoterapia suele moverse en el ámbito más cognitivo o conductual, mientras que la terapia filosófica lo hace desde un plano filosófico o existencial. -¿Podría poner un ejemplo? -Si alguien se enfrenta a la pérdida de un ser querido puede que necesite a un psicólogo experto en duelo, que le explique las diferentes fases y le acompañe a través de ellas. Sin embargo, cuando esa experiencia le lleva a cuestionar su propia mortalidad y el peso de la finitud en su vida, puede que prefiera trabajar con un filósofo para comprender lo que rodea su miedo a la muerte y transformar ese bloqueo en un motor de cambio. La labor de los profesionales de la salud mental es hoy más necesaria que nunca. Sin embargo, la complejidad humana es demasiado amplia como para esperar que pueda ser abarcada por una única disciplina. -¿Cómo puede esta disciplina favorecer la gestión de emociones y evitar soluciones rápidas como tomar antidepresivos? -La filosofía nos recuerda que el malestar emocional tiene un significado que conviene comprender. Si apagamos ese dolor con medicación, nos negamos la posibilidad de comprender su mensaje. Vivir implica dolor, pero ese dolor también alerta de lo que debe cambiar en nuestra vida. Nos da las claves para hacerlo. -¿Qué enseñanzas de los clásicos son útiles para afrontar el estrés actual? -Hay muchísimas. Por ejemplo, la distinción del estoicismo entre lo que depende de mí y lo que no, que me permite reconocer qué puedo cambiar y qué no (que voy a morir, por ejemplo), pero también me ayuda a identificar ámbitos en los que sí que puedo intervenir, para focalizarme en ellos. Ocuparnos de lo que no está en nuestra mano cambiar produce sufrimiento, pero ignorar lo que sí podemos hacer es aún peor. -¿Por qué hay tantas personas con ansiedad? -Porque ni el éxito ni la comodidad aportan sentido a la vida. Si experimentamos falta de sentido es porque estamos llamados –y preparados- para una experiencia más profunda de la vida. El vacío aparece para denunciar aquello que falla, que falta, y nos muestra el camino a seguir. El éxito existencial tiene que ver con saber quiénes somos y con el compromiso de vivir una vida que nos devuelva nuestro propio reflejo. La buena noticia es que tenemos lo necesario para cultivar este tipo de sabiduría. -¿Qué malestar se repite con más frecuencia en su consulta? Me llegan personas muy comprometidas con su crecimiento personal, pero esclavizadas por exigencias desmedidas y listas de tareas eternas. También vienen por frustración laboral, conflictos familiares, de pareja, dilemas personales, falta de orientación vital o dudas existenciales. -Plantea que las crisis existenciales también pueden ser saludables: ¿cómo podemos vivirlas como oportunidades? -Tradicionalmente se las ha entendido como la antesala de la depresión; creíamos que nos llevaba a plantear preguntas irresolubles, o de peligrosa respuesta. Sin embargo, no sólo no son patológicas, son enormemente constructivas. Aparecen cuando estamos preparados para afrontarlas, y sucede así porque nuestra forma de comprender la vida se nos ha quedado pequeña y es momento de optar a una mayor, más profunda y compleja, capaz de abordar todo lo que hoy nos daña y convertirlo en una fuente de plenitud. -¿Qué papel juega el autoconocimiento en la construcción de una vida con sentido? -Es fundamental. Necesitamos saber quiénes somos para comprender qué necesitamos. Podemos conformarnos con recetas generales, tan a nivel físico, mental o espiritual, pero tardaremos poco en sentirnos vacíos. Dedicamos nuestros días a evitar el dolor, cuando atravesarlo es el camino más corto hacia una vida plena, en la que sabemos quiénes somos y en la que no necesitamos mucho más. -En 'La consulta del filósofo' incluye ejercicios de introspección: ¿cómo pueden integrarse en la rutina diaria? -Son muchos, ya que ofrezco pautas para comprender el diálogo interno, practicar la escucha emocional, identificar las lógicas del pensamiento, reconocer los valores que nos impulsan... Sin embargo, en una época en la que estamos enganchados a la gratificación inmediata que nos ofrece nuestro smartphone, aconsejaría un pequeño ejercicio a los lectores: cuando sientas impulso de coger el teléfono, párate y date cuenta de que no hay razón de peso para hacerlo. Toma conciencia de qué es lo que te ha hecho mirar la pantalla. Puede que un leve pinchazo de ansiedad, una sensación de vacío o el simple silencio. No es algo de lo que huir, ¿verdad? En ese caso, suelta el teléfono y permítete conectar con ese malestar. A ver qué quiere decirte. -Tiene 13,6 mil seguidores en Instagram, ¿está la filosofía de moda y es más necesaria hoy? -La filosofía está de moda. Es muy bueno en la medida en la que nos conecta con la reflexión y el pensamiento, transmite el valor del pensamiento crítico, lucha contra la ortodoxia mental o los discursos vacíos y, por supuesto, nos invita a una vida más sabia y lúcida, como es mi especialidad. El problema es que a veces, cuando algo se divulga sin mesura, acaba por vulgarizarse. Es fácil encontrar a 'influencers', que claramente no han leído un texto de filosofía antigua en su vida, y explican a otros cómo vivir de forma estoica, reduciéndolo a estar musculados, comer sano o despreciar a los débiles. Una auténtica pena. Sin embargo, quienes nos dedicamos a acercar su sabiduría a otros, siempre estaremos disponibles para llevar el pensamiento al lugar que le pertenece: nuestra propia vida.