TheSpaineTime

El final de esta película es tan bonito que no lo supero: ahora vuelve a los cines tras diez años enamorando a todo el que la ve

2026-03-19 - 16:30

No sabría decir cuándo fue la primera vez que vi Your Name (2016) ni por qué. Algo me dice que fue mi hermana quién la descubrió, o quizá fue mi madre que, sabiendo que nos gustaban El viaje de Chihiro y El castillo ambulante, asumió que esto debía ser algo parecido y nos la puso una tarde de sábado para que estuviésemos entretenidas. Tampoco recordaba de qué iba o qué pasaba hasta que la volví a ver hace poco y, aún así, llevo recomendándosela a todo el mundo desde su estreno hace ya 10 años. La memoria a corto plazo es un problema grave cuando te dedicas al cine y tienes a gente constantemente preguntándote qué película ver. Pero, aunque las tramas se olviden, lo que sí se recuerda es aquello que una película te hace sentir. "¿Y qué recomendación hay más segura que aquella que nace de un sentimiento genuino?", me autoconvenzo a mí misma cada vez que soy incapaz de argumentar el porqué de mi entusiasmo porque alguien vea una película. Lo que quiero decir con todo ello es que ni el nombre de Makoto Shinkai quería decir nada para nosotras por aquel entonces, ni que tampoco éramos dadas, a nuestra tierna edad de 10 años, a fijarnos excesivamente en la calidad de las imágenes o en la complejidad que supone el desarrollo de la trama. De pequeña una película te gusta o no te gusta. Y esta nos gustaba. Y mucho. Así de simple. El problema, por otro lado y siendo sinceras, es que de lo que tampoco te puedes fiar es del criterio de una niña de 10 años. De aquello nos dimos cuenta por las malas cuando de mayores decidimos ver Manuelita y descubrimos que, tal y como nuestro padre siempre nos había dicho, aquella no era una película entretenida, sino un tostón del que no aguantamos ni cinco minutos (con triste razón él la odiaba tanto). Así pues, tampoco se puede culpar a aquellos que no hicieron caso cuando les decía que una película era digna de ver porque "de pequeña me gustaba mucho". Por ello, en situaciones como esta, no queda otra que retomar esa historia en cuestión para confirmar si teníamos razón al tenerla tan alta en nuestra lista de mejores películas. Y esta vez era verdad: el caso de Your Name no es el mismo que el de aquella tortuga que se fue de Pehuajó. Unas escaleras en Tokio Existen unas escaleras en Tokio, por el barrio de Shinjuku, en una calle pequeña y estrecha frente a un templo, en la que los taxis se paran para que se bajen sus clientes, en la que los transeúntes que necesitan cruzarlas lo hacen corriendo y con unas cuantas miradas puestas en ellos y en la que muchas de las chicas que la visitan visten un lazo rojo en el pelo. Es difícil encontrarse con ellas por casualidad, pero a aquellos que lo hagan, al ver el panorama, seguramente se les pase por la mente que "esto debe de salir en alguna peli". Por supuesto, llevan toda la razón, aunque aquí no comienza el argumento de Your Name. Es más, hablar más de este escenario que aparece en la película, junto con todas las calles de alrededor por las que pasan sus personajes, supondría destripar uno de los finales más bonitos del cine. Así que rebobinamos al principio, cuando una chica de pueblo se despierta en su casa sin saber qué hace allí o cuál es su pupitre en el colegio mientras un chico de ciudad olvida dónde trabaja o quiénes son sus compañeros. La trama de Your Name es, como todas las de su director, una llena de fantasía, en la que dos jóvenes que no se han visto nunca descubren que, en días aleatorios y sin poder controlarlo, se están intercambiando sus cuerpos. Y aunque la historia de dos personas que se entrelazan por accidente y así llegan a conocerse daría para escribir más de dos y tres páginas, es mejor dejar de teclear: como pasa con todas las películas que merecen la pena, contar más supondría destriparla. Pero, si tuviésemos que seguir escribiendo, digamos que para convencer al lector más escéptico, hablaríamos entonces de sus escenarios, tan rigurosamente recreados que sus caminos pueden ser paseados por Tokio con cada farola, cada cruce y cada señal de ceda al paso; del mimo que se adivina en sus fotogramas, que podrían convertirse en cuadros paisajísticos de museo para admirar su luz como admiramos la de Sorolla; y de dos personajes tan adorables y cabezotas que es imposible no sonreír frente a sus defectos. Y, si tuviésemos que seguir rellenando caracteres, digamos que tan solo por el propio afán de hacerlo, entonces mencionaríamos el mensaje entre líneas sobre el deseo de ver mundo, de querer ser otra persona, de huir de la rutina, de la conexión inesperada con alguien, del amor que nace de ella, de en la próxima vida querer reencarnarse "en un chico guapo de Tokio", y de conseguir vivir esa repentina desesperación sin preocuparse por su explicación. Si no fuese por la imposibilidad de explayarse en su historia, lo del intercambio de cuerpos tan manido en el mundo del cine sería solo una excusa para hablar del resto de la historia. Y cuando la fantasía es lo de menos, eso siempre es algo bueno. También el enamorarse tanto de los protagonistas como para querer visitar unas escaleras. Por cierto, sus nombres son Taki y Mitsuha.

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