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El gesto canino que casi todos los tutores confunden con juego y puede terminar en conflicto

2026-02-06 - 06:25

En parques, zonas caninas y paseos cotidianos muchas veces vemos como los perros interactúan. De hecho, es muy habitual ver como se acercan, uno de ellos se agacha como haciendo una reverencia y, casi de forma automática, los humanos alrededor concluyen que "quiere jugar". Sin embargo, esta interpretación tan extendida no siempre es correcta y, de hecho, puede ser el origen de tensiones innecesarias entre canes. Según explican Víctor Padilla y Alba Fernández, educadores caninos de la escuela Olfateando el mundo, no todo lo que tiene forma de juego cumple esa función. En muchos casos, lo que observamos es lo que la etología denomina assessment play bow, una postura similar a la clásica reverencia de juego, pero con una intención muy distinta. "Es una señal de metacomunicación, no una invitación clara al juego", aclaran los expertos. "Tiene postura de tal, pero puede significar otras muchas cosas, de ahí la importancia del contexto". Este gesto sirve al perro para evaluar al otro individuo antes de tomar una decisión. A través de esa postura, el animal tantea cómo se mueve el otro, qué energía transmite y qué tipo de interacción puede darse. Es, en cierto modo, una pregunta abierta más que una propuesta cerrada. El perro aún no ha decidido si quiere jugar, mantener la distancia o marcharse. El problema aparece cuando los humanos interpretan automáticamente esa señal como un juego en marcha. En esos momentos, se suele forzar la interacción o, por el contrario, no se interviene pensando que todo va bien, cuando en realidad uno o ambos perros siguen evaluando la situación. Esta lectura simplificada ignora que la postura, por sí sola, no define la intención real del animal. Un perro puede adoptar esta posición para reducir tensión, marcar límites suaves o simplemente ganar tiempo para decidir Padilla y Fernández subrayan que "un perro puede adoptar esta posición para reducir tensión, marcar límites suaves o simplemente ganar tiempo para decidir cómo actuar". El contexto, el resto del lenguaje corporal y la respuesta del otro perro son los elementos que permiten entender qué está ocurriendo realmente en esa interacción concreta. Aprender a distinguir estas señales no es un detalle menor, ya que cambia de forma profunda la manera en que acompañamos a nuestros perros en sus encuentros sociales y nos permite intervenir (o no hacerlo) con mayor criterio. Además, entender que no todo es juego ayuda a respetar los tiempos, las dudas y las decisiones de los perros, favoreciendo relaciones más seguras y equilibradas, según afirman Padilla y Fernández en uno de sus vídeos de Instagram. Para los tutores caninos, afinar la mirada y abandonar interpretaciones automáticas se convierte en una herramienta clave para el bienestar animal. Porque, como recuerdan desde Olfateando el mundo, la comunicación canina es mucho más rica y matizada de lo que parece a simple vista.

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