El gobierno de Lugo, en manos de una díscola
2026-02-02 - 09:25
La mano de la ex del PSOE María Reigosa levantada al mismo tiempo que la de los 12 concejales del PP, mientras los ediles de su grupo y los del BNG la mantenían bajada, sirvió el pasado jueves para escenificar la delicada situación en la que se encuentra el gobierno municipal de Lugo. Un ejecutivo debilitado por el baile de caras a lo largo del mandato y la crisis en las filas socialistas, que ahora queda al albur de una díscola que cuando solicitó la baja del PSOE, hace un par de semanas, avanzó que empezaría a votar en conciencia. Ingeniera de formación y funcionaria de Costas de profesión, Reigosa entró como concejala del PSOE a finales de octubre del año pasado, tras el segundo desgraciado fallecimiento en la corporación municipal lucense en lo que llevamos de mandato: el del edil de Medio Rural Pablo Permuy. Entonces el alcalde le encomendó a la nueva concejala esa área, denominada formalmente como de Cohesión Territorial, a la que ella renunció poco más de un mes después al no sentirse cómoda en esa tarea y mantener diversos desencuentros con el regidor que se la asignó. Fuentes del gobierno municipal desmienten que esta fuese la verdadera razón detrás de la decisión de Reigosa de apartarse del gobierno municipal. Aseguran que intentó compatibilizar su labor de gestión en el ejecutivo lucense con su «exigente» trabajo como funcionaria de Costas, pero le fue imposible y por eso optó por renunciar a lo primero. Desde entonces, la concejala mantuvo perfil bajo hasta que a mediados de enero hizo patente su falta de sintonía con el alcalde y con sus compañeros del grupo socialista al responder en público a una publicación de Facebook de la portavoz del PP, Elena Candia, con fotos de la popular reunida con sus colegas de grupo acompañadas por el texto «Coordinación, trabajo en equipo y definiendo las acciones de la semana». El comentario de Reigosa a la publicación de Candia evidenciaba su descontento: «Cosas que no hace el PSOE, ni una reunión de grupo». Días después, la hasta aquel momento militante socialista anunciaba que se daba de baja del partido. El alcalde salía entonces al paso para asegurar que Reigosa seguiría formando parte del grupo municipal socialista como independiente pero «con normalidad y a todos los efectos». «Para tranquilidad de todos, seguimos trabajando como hasta ahora, con normalidad y centrados en los temas importantes de la ciudad», quiso zanjar Fernández. Esa idea de «normalidad» es la que insisten en defender estos días desde el ejecutivo municipal. Incluso después de que la concejala se saltase por primera vez la disciplina de voto en el pleno del pasado jueves al apoyar una iniciativa del PP para arreglar una calle. Desde el gobierno dicen respetar su postura, pero aclaran que ya existe un proyecto para actuar en la misma zona y que por eso la propuesta de los populares no vendría a cuento. Al desmarque definitivo de Reigosa se unió en los últimos días la decisión de otro concejal, el segundo teniente de alcalde, Mauricio Repetto, de renunciar a su dedicación exclusiva. La razón oficial es que quiere compatibilizar su tarea en el Ayuntamiento con su profesión de psicólogo. En el entorno municipal hay quien corrobora esto y asegura que su trabajo seguirá siendo «fundamental» y mantendrá un «peso importante», pero también hay quien apunta al malestar del concejal que se vendría forjando desde que no fue el elegido para sustituir al frente de la alcaldía a Paula Alvarellos, fallecida en marzo de 2025. Tras su muerte, Repetto cogió una baja médica de seis meses. Más recientemente, también le habría sentado mal no haber formado parte, en su condición de concejal de Dinamización Económica, de la delegación municipal que fue a Fitur. El caso es que en los algo más de dos años y medio que llevamos de mandato desde las últimas elecciones municipales, quien no haya seguido la actualidad del Ayuntamiento de Lugo de manera asidua ha podido perderse fácilmente. Especialmente, en lo que se refiere al grupo municipal socialista; y empezando por quien ostenta el bastón de mando, que ha pasado ya por tres manos diferentes. Las últimas, las del actual alcalde, sucesor de la fallecida Alvarellos, que, a su vez, había tomado el relevo de Lara Méndez, que dejó la alcaldía a comienzos de 2024 para ser la número dos de José Ramón Gómez Besteiro en las últimas autonómicas. Así las cosas, al regidor lucense le van quedando cada vez menos concejales a tiempo completo en su gobierno y con carné del PSOE en el grupo socialista, donde de un total de ocho ediles hay ya dos independientes: María Reigosa y Waldir Sinisterra, que se presentó en esa condición a las elecciones. Los cinco del BNG, según revelan fuentes ya citadas, actúan como si se tratase de un gobierno paralelo, hasta el punto de convocar actos institucionales diferenciados en los que nacionalistas y socialistas no se mezclan. En declaraciones a los medios, la popular Elena Candia describió el pasado viernes a un ejecutivo «sin rumbo», falto de «liderazgo y gestión», y a un alcalde que desprecia a sus concejales «con una total falta de empatía y más cerca de la dictadura que de la democracia». Con todo, tanto el PP como Reigosa descartan una moción de censura. Y mientras en la capital lucense el problema es que cada vez hay menos ediles con carné del PSOE, en la segunda ciudad más poblada de la provincia –Monforte de Lemos– la controversia es la contraria: José Tomé, apartado del partido y de la presidencia de la Diputación de Lugo tras ser señalado por acoso sexual, sigue sosteniéndose como alcalde no adscrito con el apoyo de nueve concejales que conservan la militancia socialista. A Besteiro, que intentó esta semana esquivar ambas polémicas bajo el pretexto de darle tiempo al tiempo, se lo está poniendo cada vez más difícil su provincia de origen. A poco más de un año de las próximas elecciones locales, además de esforzarse por sacudirse el 'caso Tomé', tendrá que gestionar la debilidad de su partido en la capital. Las cosas se le complican en dos municipios fundamentales para mantener en 2027 el gran bastión socialista que supone la Diputación de Lugo. El PP, mientras tanto, se frota las manos.