El Gobierno se abre a participar en la misión de Macron en Ormuz empujado por Europa y aprueba 1.300 millones más para Defensa
2026-03-11 - 05:04
La escalada bélica en Oriente Medio y la movilización de los países europeos empiezan a tensionar el discurso del 'No a la guerra' que defiende el Gobierno de Pedro Sánchez. Aunque el Ejecutivo insiste en que España no participará en ninguna operación vinculada a la guerra entre Estados Unidos e Israel con Irán, los hechos apuntan a una implicación creciente: ya envió un buque de guerra a Chipre tras los ataques con drones por parte de Irán. Ahora, con la propuesta del presidente francés, Emmanuel Macron, de organizar una misión con más socios europeos para reabrir el Estrecho de Ormuz —bloqueado por el conflicto—, el Gobierno tampoco cierra la puerta a una eventual participación española, lo que vuelve a poner en cuestión una posición que el Ejecutivo de Sánchez sigue defendiendo a capa y espada. Además, el Gobierno aprobó este martes una transferencia de crédito de más de 1.300 millones de euros al Ministerio de Defensa "con la finalidad de atender necesidades ineludibles". Moncloa no dio más detalles sobre esta partida, que recibió luz verde mientras el Ejecutivo deshoja la margarita sobre su participación en la operación liderada por Francia para reabrir Ormuz y restablecer el flujo petrolero. El Gobierno francés asegura que esta misión es puramente defensiva y pacífica, pero también "esencial" para las economías europeas y para la mundial. Aunque el despliegue aún no se ha puesto en marcha, Emmanuel Macron ya avanzó su intención de enviar ocho fragatas, dos portahelicópteros anfibios y un portaviones, con la expectativa de que otros socios se sumen a la iniciativa. Precisamente ese portaviones es el que la fragata española escolta actualmente en Chipre, lo que incrementa aún más la presión sobre el Gobierno de Sánchez. A ello se añade que Reino Unido, Italia y Alemania ya han movido ficha y han acordado colaborar en los próximos días frente a las amenazas iraníes, especialmente en lo relativo al Estrecho de Ormuz. Ante los movimientos estos países y la creciente preocupación mundial por el bloqueo de un estrecho por el que circula el 20% del petróleo mundial, España ya no descarta su participación. Entre sus compromisos como país aliado de la OTAN y la UE no está la obligación de acudir a este tipo de misiones, si bien los llamamientos de los países aliados se suelen atender. Por eso, fuentes de Moncloa aseguran que "estudiarán" enviar tropas españolas cuando se materialice la propuesta del presidente francés. "Cuando exista, lo estudiaremos; no lo descartamos", reconocen desde el Ejecutivo. De momento, Macron solo ha dicho que efectuará el envío de sus tropas cuando la guerra baje de intensidad, puesto que en estos momentos la tensión en Ormuz es máxima, de hecho, ya ha habido varios ataques iraníes a petroleros comerciales. En este sentido, se deduce que Macron esperará a que baje esa peligrosidad para reducir el riesgo de que alguna embarcación europea sea atacada. De momento, el Ejecutivo se ampara en esto, en que no hay concreciones al planteamiento oficial, aunque dejando la puerta abierta a "estudiar" su participación "si es una misión defensiva y de disuasión". En todo caso, el Gobierno se guarda mucho de no dejar esa puerta tan abierta en sus intervenciones públicas. Este martes, el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, no dio a entender que España se abriese a participar, sino que hizo énfasis en que su posición es que no participará "en ningún tipo de acción que suponga el apoyo a la guerra en Oriente Medio". "El Gobierno solo participa en operaciones que puedan garantizar la paz y la seguridad de la Unión Europea, y esos son los parámetros en los que estamos", aseveró en tono firme desde la mesa del Consejo de Ministros, aunque sin precisar que estos parámetros son, precisamente, los que de momento plantea Macron. Choque entre Von der Leyen y Sánchez Aunque el Gobierno toma estas decisiones para no salirse de la mínima línea de influencia a nivel europeo, insiste en mensajes que remarcan su eslogan de 'No a la guerra'. En este sentido, el Gobierno de Sánchez quiso desmarcarse con rapidez del posicionamiento de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, sobre Irán y su cuestionamiento del actual orden internacional. Aunque siempre ha mantenido buena sintonía con Sánchez, parece que ese entendimiento se está resquebrajando a causa de los mensajes del líder socialista, cuyo discurso es, a ojos de la presidenta de la Comisión, un obstáculo por su forma de entender y defender el actual sistema. Ante ello, el ministro Albares quiso posicionarse claramente del lado del presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, y de la vicepresidenta de la Comisión, Teresa Ribera, para defender que, a su juicio, la única manera de defender los intereses europeos es a través del actual orden. Con ello, remarcó de nuevo ese posicionamiento a favor de la diplomacia, el multilateralismo y el 'No a la guerra'. Esto sitúa a Pedro Sánchez en una posición discursiva distinta a la de Ursula von der Leyen, más alineada con el eje marcado por Estados Unidos y Israel en este conflicto. Sin embargo, el contraste retórico no oculta una realidad más incómoda: este choque puede terminar debilitando el peso de España en el tablero europeo. Además, la distancia política que intenta proyectar Moncloa convive con hechos como que un buque de guerra español con cerca de 200 militares ya se encuentre desplegado en Chipre, y que no se descarta que se sumen nuevas embarcaciones o contingentes si finalmente prospera la misión planteada por Emmanuel Macron. En otras palabras, la discrepancia en el discurso no impide que España siga formando parte, de facto, del mismo engranaje operativo que sus socios europeos.